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Cristina de Pizán - Pioneras (VII)

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También escrito como Christine de Pizan, Christine de Pisan, Cristina de Pisa o Cristina Pizzano (1364 en Venecia - hacia 1430 en el monasterio de Poissy) fue una poetisa y feminista medieval francesa. Fue pionera, además de por su feminismo (hablamos de los siglos XIV y XV) por ser la primera intelectual profesional.
Nacida en Venecia, con cuatro años abandona su ciudad natal ya que su padre, Tommaso da Pizzano, se traslada a la corte parisina de Carlos V de Valois en calidad de médico y astrólogo del rey. A partir de este momento Cristina disfrutará de una vida cortesana colmada de lujos. Recibe una completa educación debido al empeño de su padre, en contraste con la actitud de su madre que se opone duramente a la instrucción de su hija en materias que no sean otras que las relacionadas con las tareas domésticas. Con quince años contrae matrimonio con Estienne du Castel, notario del rey. Diez años después enviuda debido a la peste. Con veinticinco años y tres hijos tendrá que enfrentarse a una difícil situación económica. Para solventar su precaria situación y mientras pleitea para recuperar parte del patrimonio perdido, se dedicará profesionalmente a la escritura. Comienza escribiendo baladas de lamentación por la muerte del amado, pero posteriormente se dedicará a temas relacionados con la historia, la política, la condición de la mujer, etc. Este cambio en la temática de sus obras se debe principalmente a una renovación en el ámbito cultural, a un incipiente Humanismo, que despertará el interés de los intelectuales del momento por las disciplinas relacionadas con todo aquello que rodea al ser humano. La mujer y su condición será un argumento tratado ampliamente por la autora italiana en varias de sus obras. Cristina será la iniciadora de lo que se conocerá durante el Renacimiento como la Querelle des Femmes (Querella de las mujeres), movimiento de defensa de la mujer llevado a cabo por diversas intelectuales del momento y que surge a raíz de su obra Cartas de la Querella del Roman de la Rose (1398-1402) contra la segunda parte de esta obra escrita por Jean de Meun, donde el autor ataca duramente a las mujeres. En 1407 estalla la guerra civil en París y en 1411 Cristina huye de la capital para refugiarse en el convento de Poissy con su hija. Muere en 1430 en su retiro de Poissy, a los sesenta y seis años.

No sólo fue la primera escritora feminista sino que, para muchos estudiosos, también fue "la primera escritora profesional.
Para la medievalista Blanca Garí, Pizán es la primera escritora feminista porque, frente al discurso de los doctos de la época, la autora escribió a partir de su experiencia, de la experiencia que tenía de su cuerpo de mujer.
"Es la primera que afirma que todo lo que se dice sobre la maldad de las mujeres no se debe a ninguna característica intrínseca, sino a las circunstancias, que no es natural, sino social. Y que repasa lo que los hombres han dicho de las mujeres y lo rebate desde su propia experiencia"
Su obra abarca una treintena de trabajos. Además de cultivar diversos géneros literarios, Cristina abordó temas muy diversos, como la biografía política, el amor cortés, los manuales de conducta o la mitología. Todos ellos, temas bien asentados en el humanismo, el movimiento que irradiado desde Italia, impregnaba ya la vida de muchas cortes europeas. Ese movimiento cultural de carácter laico, desarrolló un proyecto educativo específico para las mujeres. El proyecto educativo humanista preveyó que algunas mujeres laicas de las clases dominantes se instruyeran en los saberes que desde la época clásica, se dividían en las siete disciplinas de las artes liberales: el trivium (que comprendía la gramática, la dialéctica y la retórica, las así nombradas artes del lenguaje) y el quadrivium (que comprendía la geometría, la astronomía, la aritmética y la música). Para el humanismo, la retórica era una materia central en su teoría de la educación, ya que se estudiaba para alcanzar competencia en la elocuencia pública, lo que para este movimiento cultural era objetivo básico de una trayectoria educativa ideal. Los ideólogos humanistas, sin embargo, insistieron en que el currículum formativo de las niñas debía diferir del de los niños en un punto fundamental: no debían estudiar retórica, ya que para ellas era una enseñanza innecesaria. La educación de las niñas debía ser funcional a un modelo de género femenino que condenaba a las mujeres al silencio público. Un silencio que Cristina rompió, ya que tempranamente en su carrera literaria, intervino en ese duro ámbito público, para que la experiencia femenina tuviera allí su voz. Fue hacia 1399 cuando Cristina empezó a escribir abiertamente en defensa de las mujeres. Su primera obra en defensa de las mujeres fue la "Epístola del dios del Amor", un largo poema de más de ochocientos versos con el que se lanzó exponiéndose a la vida literaria. Cristina contesta los desprecios, ofensas y engaños que damas y doncellas reciben de quienes dicen amarlas.
En los círculos políticos e intelectuales más elevados de Francia que Cristina frecuentaba, se estaba produciendo un importante debate social que acabó por afectar también a la mayor parte de países del occidente europeo, y que tomó por nombre Querella de las mujeres. Querella es una palabra que indica tensión, combate, lucha; de las mujeres, porque lo que se discutía eran las capacidades de las mujeres y su valía. El debate, de hecho, duró siglos (la querella tendría entre sus participantes a Margarita de Navarra, con su "Heptameron", o a sor Isabel de Villena, con su libro contra "L'espill" de Jaume Roig, quien acusaba a las mujeres hasta de haber provocado el diluvio), pero el episodio más conocido fue el que tuvo lugar a finales del siglo XIV y principios del siglo XV. Se discutía entonces sobre la naturaleza femenina, rebatiendo o apoyando una antigua tradición misógina que repoblaba entonces la Europa culta y letrada. Una tradición misógina que despreciaba la fisiología femenina y negaba las capacidades morales e intelectuales de las mujeres. El cuerpo femenino era descrito como fuente de malignidad y de impureza; las mujeres, como seres engañosos e incapaces de acciones benefactoras para la sociedad.
Cristina intervino en el debate de diversas maneras; escribiendo obras en defensa de las mujeres y también promoviendo la recopilación de los textos que defendían y atacaban a las mujeres, llevándolos de ese modo a la arena pública, especialmente los generados por el debate entorno al "Libro de la rosa", un largo poema que influyó notablemente la lírica misógina europea.
Se trataba pues de un debate en gran medida erudito, que se dirimía en textos filosóficos, religiosos y científicos. Y fue, además, de gran alcance puesto que en él participaron personajes de alto nivel e influencia. La intervención de Cristina, primera mujer cuya voz sonó con fuerza en ese debate, aportó elementos nuevos e inéditos en la historia del pensamiento político:
"Si las mujeres hubiesen escrito esos libros los habrían hecho distintos, porque ellas saben que se las acusa en falso."
En "La ciudad de las damas" (su obra más conocida y que aún se edita hoy en día) y, en general, en toda su obra, Cristina pone en juego en primer lugar, su ser mujer. Se trata de un cambio fundamental en el punto de vista, en el lugar de enunciación de quien elabora y emite un discurso, un cambio de perspectiva que convierte el cuerpo sexuado en fuente legítima de conocimiento. “La ciudad de las damas” es un retablo de reconocidas mujeres ejemplares, reales o míticas, cuyas virtudes no habían sido superadas por ningún varón. Un texto que, rompiendo con los tabúes de la época, toma por primera vez la palabra en nombre de todas las mujeres para defenderlas de las continuas invectivas que los hombres les dedicaban. Las acusaban de escasa capacidad intelectual, debilidad, avaricia o infidelidad; de causarles placer la violación y de hacer insoportable el matrimonio con su amargura y rencor, les impedían estudiar alegando que el conocimiento corrompería sus costumbres, y los predicadores llegaban a decir que si Dios se había aparecido a una mujer era porque sabía que no podría callarse y antes se conocería la noticia de su resurrección. Del mismo modo, prohibían el púlpito a las abadesas porque sus labios "llevan el estigma de Eva, cuyas palabras han sellado el destino del hombre".
En "La ciudad de las damas", la autora recurre a tres figuras alegóricas que se le aparecen en su estudio, Razón, Derechura y Justicia -tres virtudes laicas frente a las teologales Fe, Esperanza y Caridad-, para rehabilitar a las mujeres construyendo una ciudad cuyos cimientos, piedras y acabados son los ejemplos de mujeres virtuosas y cuya argamasa es la tinta.
"La ciudad de las damas", con las heroicas y benefactoras acciones de sus protagonistas, realiza una gran hazaña: la de construir a las mujeres como sujeto político. No se trata de un lugar para esconderse del mundo ni desde el que luchar en su contra. Se trata de un espacio simbólico que resguarde la presencia viva y significante de la autoridad femenina en el mundo. Sus murallas quieren proteger y asegurar el reconocimiento de lo que las mujeres han hecho y hacen en él. La ciudad que Cristina construyó simboliza el espacio público, recuperando para la política su sentido originario. Pero en ese espacio las mujeres estamos con, y por, nuestra historia propia, con señorío, no como invitadas ajenas a su definición y a su diseño.



La ciudad de las damas
Sentada un día en mi cuarto de estudio (1), rodeada toda mi persona de los libros más dispares, según tengo costumbre, ya que el estudio de las artes liberales es un hábito que rige mi vida, me encontraba con la mente algo cansada, después de haber reflexionado sobre las ideas de varios autores. Levanté la mirada del texto y decidí abandonar los libros difíciles para entretenerme con la lectura de algún poeta. Estando en esa disposición de ánimo, cayó en mis manos cierto extraño opúsculo, que no era mío sino que alguien me lo había prestado. Lo abrí entonces y vi que tenía como título "Las lamentaciones de Mateolo" (2). Me hizo sonreír, porque, pese a no haberlo leído, sabía que ese libro tenía fama de discutir sobre el respeto hacia las mujeres. Pensé que ojear sus páginas podría divertirme un poco, ...
(...)
Si fuera costumbre mandar a las niñas a la escuelas e hiciéranles luego aprender las ciencias, cual se hace con los niños, ellas aprenderían a la perfección y entenderían las sutilezas de todas las artes y ciencias por igual que ellos pues aunque en tanto que mujeres tienen un cuerpo más delicado que los hombres, más débil y menos hábil para hacer algunas cosas, tanto más agudo y libre tienen el entendimiento cuando lo aplican.
Ha llegado el momento de que las severas leyes de los hombres dejen de impedirles a las mujeres el estudio de las ciencias y otras disciplinas. Me parece que aquellas de nosotras que puedan valerse de esta libertad, codiciada durante tanto tiempo, deben estudiar para demostrarles a los hombres lo equivocados que estaban al privarnos de este honor y beneficio. Y si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos, que lo haga y que no desprecie el honor sino más bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos. Estas joyas son nuestras porque las usamos, pero el honor de la educación es completamente nuestro.
(...)


(1) Cristina posee, en el siglo XIV, un cuarto de estudio propio, algo que en el siglo XX, Virginia Woolf, en "Una habitación propia" sigue exigiendo como uno de los elementos indispensables para el desarrollo intelectual de la mujer.

(2) "Las lamentaciones de Mateolo" es la traducción al francés de "Liber Lamentationum Matheoluli", un libro compuesto hacia 1300 y que es un compendio de tópicos misóginos de casi seis mil versos.


Para realizar esta entrada fueron consultadas las siguientes fuentes y autores:
Wikipedia
Justo Barranco
Montserrat Cabré Pairet
Carolina González Perancho

Olympe de Gouges - Pioneras (VI)

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Olympe de Gouges (Montauban, 7 de mayo de 1748 – París, 3 de noviembre de 1793) es el pseudónimo de Marie Gouze, escritora francesa, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791).
Nació en Montauban, en una familia humilde. Aunque algunas fuentes la sitúan como hija de lavandera y carnicero la realidad parece ser otra. Era hija ilegítima de un aristócrata muy influyente, Jean-Jacques Lefranc de Caix de Lisle. Fue reconocida por el esposo de su madre, un carnicero cuyo apellido era Gouze y que ella adopta. Recibe una instrucción modesta, considerada suficiente para una mujer de su rango social; sus deficiencias culturales se verán reflejadas en sus futuros escritos. Se casó muy joven con un hombre mayor quedando al cabo de un tiempo viuda y con un hijo. A partir de este momento, renuncia al apellido de su marido, haciéndose llamar desde entonces Olympe de Gouges. Toma el nombre de Olympe por sus resonancias y modifica ligeramente su apellido y le añade la preposición "de" para elevar su rango, práctica común en aquella época. Olympe conocía perfectamente su bastardía, y es un tema que tratará ampliamente en sus escritos.
Hacia 1768 Olympe abandona su ciudad natal para dirigirse a París. En la capital francesa frecuentará ambientes refinados y tendrá contacto con las más altas esferas de la sociedad.
A partir de 1780 la vida de Olympe da un giro radical; deja su vida de esparcimiento para dedicar todos sus esfuerzos y su patrimonio a la escritura. Su reputación se vio seriamente dañada al ser víctima de la maledicencia de sus colegas de profesión. No obstante, esto no desalentará a la autora, que continuará su labor con aún mayor fervor e insistencia. Redacta obras de teatro cuyos ingresos apenas le permitían mantenerse. Dada su escasa educación, su gramática, ortografía y escritura no brillaron por su calidad. No fue una autora de éxito. Sin embargo desatará la polémica y el escándalo, hasta el punto de granjearse el odio de los miembros de la Comedia Francesa, organismo que elegía las obras que se debían representar en la ciudad y que contaba con el apoyo y la protección del monarca Luís XVI. A partir de 1788, Olympe realiza su incursión definitiva en el ámbito de la escritura abiertamente política.
Olympe es perfectamente consciente de las injusticias sociales, que afectan principalmente a las mujeres, a las minorías y a los desvalidos. La escritora, aunque vehemente en sus formas, había adoptado una posición política moderada, que contemplaba incluso la pervivencia de la monarquía si esta última renunciaba a sus privilegios absolutistas y aprobaba una constitución.
Los acontecimientos de la Revolución Francesa se suceden rápidamente. Olympe exige a Luís XVI en su escrito Séance Royale que abdique y nombre a un regente. Esto la pone en el punto de mira de los republicanos. Finalmente, el monarca aprueba la constitución en 1791. Olympe, pocos días después de la ratificación de Luís XVI, publica la Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne. Para su elaboración utiliza el esquema de la Déclaration des droits de l´homme et du citoyen, redactada en 1789 por Sièyes y Mirabeau y de la que se excluía por completo a la mujer; en ella exige un sistema jurídico basado en la igualdad fundamental entre hombres y mujeres.
En 1792 cae la monarquía y se proclama la República, alzándose en el poder la facción revolucionaria más radical, formada por Robespierre y Marat, entre otros. La autora no dudará en arremeter duramente contra los líderes de la República a través de sus numerosos manifiestos, lo cual no hará más que aumentar la antipatía que éstos ya sentían hacia Olympe por su trayectoria política y reivindicativa. En enero de 1793 Luís XVI es ejecutado. La escritora decide abandonar París debido al giro que están tomando los acontecimientos y refugiarse en la Touraine, en el valle del Loira. Sin embargo, regresa nuevamente a París para publicar su manifiesto Le trois urnes, ou le salut de la Patrie, par un voyageur aérien. En julio de 1793, Olympe es detenida tras ser denunciada por el impresor de su escrito. El 2 de noviembre de ese mismo año es juzgada; tendrá que defenderse a sí misma en el juicio, ya que se le niega el abogado que ella había elegido. Se la acusa de ser girondina y de haber traicionado a la República. Finalmente, es declarada culpable y ejecutada en la guillotina el 3 de noviembre de 1793 como, paradójicamente, había exigido en su declaración de derechos para aquellas mujeres culpables de algún delito grave.
Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre amantes y milita por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio.
Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos al teorizar, en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.
La tragedia de esta intelectual, ilustrada, feminista, revolucionaria (quizá la única y verdadera figura revolucionaria dentro de lo que se denomina Revolución francesa), es a la vez el reverso y el anverso de uno de los fenómenos más influyentes en la historia de las ideas (en sentido general: ideas políticas, sociales, culturales, científicas, etc). Si bien es cierto que a la Revolución se le considera el vademécum de los Derechos Humanos, éstos eran sesgados, inclinados, hacia los Derechos masculinos, olvidándose de los Derechos de la mujer en todas sus condiciones y estamentos sociales. La autora Alicia Puleo llama a este fenómeno: la ilustración olvidada: la mujer fuera de la participación verdadera. Esto se debe a que las mujeres francesas, en 1789, marcaron un hito histórico del feminismo al marchar hacia Versalles con el grito: «libertad, igualdad y fraternidad», con el cual exigían diversos derechos. Estos les fueron negados. Es decir, de Gouges comprueba que los cambios traídos por los hechos revolucionarios, en cuanto a la situación de la mujer, eran apenas de condecoración y agradecimientos a los servicios prestados por éstas a la causa revolucionaria. De hecho, la Revolución francesa se enfrentó al movimiento de las mujeres con dos hechos sintomáticos: la decapitación de Olympe de Gouges y la clausura de los clubes de mujeres.
Los llamados revolucionarios pregonaban: «las mujeres a la cocina o al burdel». Esta era una frase corriente entre los revolucionarios franceses, esos mismos que alzaban la bandera de lucha contra la represión y la desigualdad. Por ello es que Olympe de Gouges fue un ejemplo de esa realidad . Reúne un conjunto de características que la hacen única en la historia.


Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana

"Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta."

I.
La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

II. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

IV. La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V. Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

VI. La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

VII. Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

VIII. La Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

IX. Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X. Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

XII. La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

XIII. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV. Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

XV. La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI. Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII. Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

Teresa de Cartagena - Pioneras (V)

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Teresa de Cartagena (1425-1478) fue una religiosa y escritora española. Está considerada como la primera escritora mística en español y el último de sus libros está considerado por algunos autores como el primer texto feminista escrito por una mujer española.
Teresa de Cartagena y Saravia nació en Burgos hacia el año 1425 en el seno de una culta familia de judíos conversos. Su abuelo paterno fue Selomó Ha-Leví, prestigioso rabino burgalés convertido al cristianismo por el año 1390 y desde entonces apellidado Pablo de Santa María. Don Pablo ocupó el obispado de Cartagena, antes de ser nombrado obispo de Burgos y de ahí tomó esta familia el apellido “Cartagena” con el que aparece en los documentos.
Teresa fue hija de Pedro de Cartagena, tercero de los hijos varones de don Pablo. Los otros fueron don Gonzalo, obispo de Sigüenza, y don Alonso, esclarecido obispo de Burgos. Tío abuelo de la escritora fue don Alvar García de Santa María, cronista de Juan II. Con esos antecedentes y criándose en ese ambiente parecen normales las inquietudes intelectuales y literarias de Teresa.
Habiendo quedado huérfana cuando frisaba los 15 años de edad, fue pronto enviada a estudiar a Salamanca, donde nos dice que estudió “pocos años” en ámbitos universitarios no oficiales, donde vivió como una joven ambiciosa y relajada (“pecadora”, dice ella). Parece ser que muy pronto le acometió una grave enfermedad de la que quedó sorda, ingresando después en una orden religiosa, que no especifica, pero que según sus comentarios pudo haber sido la Orden de San Francisco.
"La Arboleda de los enfermos", su primer libro, es un análisis en primera persona del dolor y del rechazo de sí misma provocados por la enfermedad, hasta dar a esa experiencia terrible un sentido que le permite seguir amando su persona y seguir viviendo su vida en plenitud.
La difusión pública de "La Arboleda...", que Teresa de Cartagena dedicó a una “virtuosa señora” que era doña Juana de Mendoza, esposa de Gómez Manrique, corregidor de Toledo, provocó reacciones hostiles entre los intelectuales castellanos de la época, incapaces de admitir la competencia de las mujeres para escribir y hacer ciencia. Para rebatirles, Teresa de Cartagena escribió otro tratado, "Admiraçión Operum Dey" (Admiración de las Obras de Dios), a petición de la misma doña Juana.
En él la autora identifica la causa de esas críticas con su condición de mujer, y dice:

“... como vemos por experiençia quando alguna otra persona de synple e rudo entendimiento dize alguna palabra que nos paresca algund tanto sentida, maravillámonos dello, no porque su dicho sea digno de admiraçión, más porque el mismo ser de aquella persona es asy reprobado e baxo e tenido en tal estima que no esperamos della cosa que sea buena”.
Al mostrarse públicamente como autora original, Teresa de Cartagena tocó la fibra sensible de la cultura de su tiempo de tal forma que algunos de sus contemporáneos la acusaron de plagio(“anse maravillado que mujer haga tractados” –reconocía Teresa-). Ella sostuvo que la gracia divina la podían recibir indistintamente hombres y mujeres, ricas y pobres, y que su concesión era individual, es decir, indiferente al sexo, clase social, etc.
Los tratados de Teresa de Cartagena no pertenecen a la más alta categoría de la creación literaria. En cambio son un importante reflejo del pensamiento y una buena muestra de la prosa del siglo XV en Castilla. También adquieren cierto valor los tratados por pertenecer a una de las pocas escritoras de entonces. Al escribir su "Admiraçión Operum Dey", fue Teresa la primera mujer en la historia de la Península Ibérica que escribiera en defensa del derecho de la mujer a ser literata. Con un lenguaje teológico, en definitiva, plantea temas de actualidad como la capacidad “natural” que se supone a los hombres para escribir y realizar trabajos científicos e intelectuales y, en referencia a ella, de cómo se asombran, no de lo escrito y del contenido de sus obras, sino del hecho que sea una mujer la autora de esas composiciones. Teresa mantiene que los hombres y las mujeres no son iguales en todas las capacidades, sino que los papeles masculinos y femeninos se complementan por sus diferencias y rechaza la común idea medieval que la mujer era el sexo débil, previsto por Dios exclusivamente para los propósitos de ser pasiva y reproducir. Éste es el modo que utiliza Teresa para expresar su proceso de autoconciencia como escritora y de autoafirmación como mujer.

Admiraçión Operum Dey
Muchas veces me es hecho entender, virtuosa señora, que algunos de los prudentes varones y así mismo hembras discretas se maravillan o han maravillado de un tratado que, la gracia divina administrando mi flaco mujeril entendimiento, mi mano escribió. Y como sea una obra pequeña, de poca sustancia, estoy maravillada. Y no se crea que los prudentes varones se inclinan a quererse maravillar de tan poca cosa, pero si su maravillar es cierto, bien parece que mi denuesto no es dudoso, porque manifiesto no se hace esta admiración por meritoria de la escritura, mas por defecto de la autora o componedora de ella, como vemos por experiencia cuando alguna persona de simple y rudo entendimiento dice alguna palabra que nos parezca algún tanto sentida: maravillámonos de ellos, no porque su dicho sea digno de admiración más porque el mismo ser de aquella persona es así reprobado y bajo y tenido en tal estima que no esperamos de ella cosa que buena sea. Y por esto cuando acaece por la misericordia de Dios que tales personas simples y rudas dicen o hacen algunas cosas, aunque no sea del todo buena, y si no comunal, maravillámonos mucho por el respeto ya dicho. Y por el mismo respeto creo ciertamente que se hayan maravillado los prudentes varones del tratado que yo hice, y no porque en el se contenga cosa muy buena ni digna de admiración, más porque mi propio ser y justo merecimiento con la adversa fortuna y acrecentadas pasiones dan voces contra mi y llaman a todos que se maravillen dicieno: “¿Cómo en persona en que tantos males asientan puede haber algún bien?” Y de aquí se ha seguido que la obra mujeril y de poca sustancia que digna es de reprehensión entre los hombres comunes, y con mucha razón seria digna de admiración en el acatamiento de los singulares y grandes hombres, porque no sin causa se maravilla el prudente cuando ve que el necio sabe hablar.

María de Zayas - Pioneras (IV)

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Lo prometido es deuda. Una entrada para la mujer que se adelantó cincuenta años a la visión de la sociedad de Aphra Behn.
María de Zayas y Sotomayor (Madrid, 12 de noviembre de 1590 - ¿1661?) fue una novelista española del Siglo de Oro, la más importante junto con Mateo Alemán y Miguel de Cervantes, y una temprana feminista junto a su contemporánea Sor Juana Inés de la Cruz.
No se sabe mucho de su vida. Las fuentes sobre ella son sus propias obras y lo que sus coetáneos dijeron de ella.
Parece que fue hija del capitán de infantería Fernando de Zayas y Sotomayor que sirvió en el virreinato de Nápoles, lo que permitió a María familiarizarse con la lengua y la novelística italianas que luego serían de gran importancia en su obra. Sobre 1616 fijó su residencia en Madrid y se cree que perteneció a alguna academia literaria en la que coincidiría con su gran amiga y poetisa Ana Caro de Mellén.
Vivió algún tiempo en Zaragoza. Se cree que pudo residir también en Sevilla o Granada. Durante su estancia en Zaragoza publicó la primera parte de sus Novelas amorosas y ejemplares (también conocida como el Decamerón español), un grupo de diez novelas cortesanas que analiza los estratos sociales superiores de su época y en la que se percibe influjo de Miguel de Cervantes. Del Decamerón de Boccaccio toma la fórmula de una reunión por culpa de una enfermedad (en vez de la peste, unas cuartanas de Lisis, personaje que es su alter ego) a lo largo de cinco noches. En cada una de ellas se narran dos novelas de gran crudeza. Al contrario que otros novelistas contemporáneos suyos, no pretende exhibir un ingenio cortesano complicando el estilo ni hacerse pasar por moralista sermoneadora, sino que le interesan la amenidad narrativa, la psicología de los personajes y los ambientes en que se mueven. Además, en sus denuncias de las injusticias refleja una gran independencia y un recio orgullo femenino, sin mostrarse pacata en las escenas escabrosas. La segunda serie está compuesta por Novelas y saraos y Parte segunda del Sarao y entretenimientos honestos, reeditados luego como Desengaños amorosos. Este segundo grupo de novelas intensifica los argumentos truculentos y escabrosos. Se conservan además algunas poesías suyas en diversas antologías aunque de altura inferior a su prosa.
Fue una novelista muy conocida por el público y apreciada por sus contemporáneos. Tanto Pérez de Montalbán, como Lope de Vega o Castillo de Solórzano le dedican elogios en alguna de sus propias obras.
Pese a ello ha sido durante largo tiempo oscurecida por la crítica. Emilia Pardo Bazán reivindicó su obra y la definió como "picaresca de la alta sociedad".
Como narradora la caracteriza una gran fuerza. Tiene de su época el gusto por la violencia, la crueldad, la magia y los encantamientos. La moral en ella no es moraleja sino escarmiento. No ahorra episodios picarescos cuya crudeza no desmerece la del Buscón, ni se queda atrás en el cultivo de la novela bizantina a lo Cervantes. Pero quizás lo que más sorprende en ella es la desenvoltura con que se comportan los personajes femeninos en el aspecto sexual y amatorio. Desde la que persigue a un hombre que ve por el balcón hasta la que guarda un amante negro en el establo para devorarlo sexualmente, «antes de infinitos adulterios». En el XVIII, la Inquisición prohibió reeditar sus novelas. Invariablemente, hay mujeres que acaban mal por la liberalidad con que se entregan; pero no son todas. Es también notable lo poco que se preocupan por el decoro personal o familiar cuando siguen a sus impulsos, que es casi siempre. María de Zayas critica, con la misma libertad que muestran sus personajes, las idea de la época acerca de la honra y la virtud, que, en su opinión, tanto perjudicaban a las mujeres.
No solo quiso “una igualdad de derechos”. La mujer debía colocarse a la par del hombre puesto que "las almas no son hombres ni mujeres". Su obra puede considerarse como una réplica a la corriente misógina que desde la publicación de Disciplina clericalis, tantos adictos había encontrado en nuestra literatura.
María de Zayas, la primera novelista española (al menos la primera novelista de éxito).

"Estragos que causa el vicio" (de Desengaños amorosos)
...
Y digo que ni es caballero, ni noble, ni honrado el que dice mal de las mujeres, aunque sean malas, pues las tales se pueden librar en virtud de las buenas. Y en forma de desafío, digo que el que dijere mal de ellas no cumple con su obligación. Y como he tomado la pluma, habiendo tantos años que la tenía arrimada, en su defensa, tomaré la espada para lo mismo, que los agravios sacan fuerzas donde no las hay; no por mí, que no me toca, pues me conocéis por lo escrito, mas no por la vista, sino por todas, por la piedad y lástima que me causa su mala opinión.
Y vosotras, hermosas damas, de toda suerte de calidad y estado, ¿qué más desengaños aguardáis que el desdoro de vuestra fama en boca de los hombres? ¿Cuándo os desengañaréis de que no procuran más de derribaros y destruiros, y luego decir aún más de lo que con vosotras les sucede? ¿Es posible que, con tantas cosas como habéis visto y oído, no reconoceréis que en los hombres no dura más la voluntad que mientras dura el apetito, y en acabándose, se acabó? Si no, conocedlo en el que más dice que ama una mujer: hállela en una niñería, a ver si la perdonará, como Dios, porque nos ama tanto, nos perdona cada momento tantas ofensas como le hacemos.
¿Pensáis ser más dichosas que las referidas en estos desengaños? Ése es vuestro mayor engaño; porque cada día, como el mundo se va acercando al fin, va todo de mal en peor. ¿Por qué queréis, por veleta tan mudable como la voluntad de un hombre, aventurar la opinión y la vida en las crueles manos de los hombres? Y es la mayor desdicha que quizá las no culpadas mueren, y las culpadas viven; pues no he de ser yo así, que en mí no ha de faltar el conocimiento que en todas.
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Aphra Behn - Pioneras (III)

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Hoy 27 de marzo se celebra el “Día Mundial del Teatro” creado en 1961 por el Instituto Internacional del Teatro (IIT). Qué mejor día para dedicar una entrada a otra pionera que además fue autora teatral.
Aphra Behn está considerada por muchos como la primera escritora profesional de lengua inglesa (en esto España se había adelantado unos 50 años con la obra de María de Zayas que será objeto de otra entrada). Esta consideración corresponde a Virginia Woolf y ha sido aceptada por muchos estudiosos. Realmente no fue la primera escritora "profesional". Antes que ella Sarah Jinner se había ganado la vida escribiendo almanaques y Hannah Wolley escribiendo libros de cocina, pero esto no era literatura propiamente dicha. Antes que Aphra hubo escritoras que sí hacían literatura, principalmente de poesía aunque también de teatro, como Katherine Sutton o Mary Herbert, pero estas no escribían sus obras con el fin de verlas representadas y mucho menos como medio de subsistencia. Así que Aphra fue la primera "profesional" inglesa de la literatura.
Nació cerca de Canterbury, Inglaterra, en julio de 1640, con el apellido Johnson. Cuando todavía era una niña fue llevada a Surinam donde conoció a un esclavo de nombre Oroonoko, que inspiraría una de sus futuras novelas. Regresó a Inglaterra, entre 1658 y 1663, donde contrajo matrimonio con un comerciante holandés apellidado Behn. Enviudó tres años después.
Tras diversos avatares, se dice que trabajó como espía y pasó una temporada en la cárcel por deudas, aprovechó sus conocimientos de idiomas y literatura, para dedicarse a la escritura de poemas, novelas y obras de teatro para ganarse la vida.
Escribió para el teatro "El Matrimonio Forzoso", una comedia audaz y dinámica, "Las Cortesanas Fingidas" y "El Vagabundo". En su farsa "El Emperador de la Luna" utiliza como fuente el estilo de improvisación italiano conocido como la Commedia dell'Arte; la adaptación realizada por Aphra Behn fue un avance de la pantomima moderna. Aphra Behn se convertiría en la dramaturga inglesa con el mayor número de obras escenificadas en la época (con la única excepción de John Dryden ).
En 1688 escribió la novela "Oroonoko o el Esclavo Real", en la que subvierte las ideas de su tiempo sobre los pueblos "no civilizados" y en la que muchos ven la primera novela filosófica (antecesora del "Emilio" de Jean Jacques Rousseau) en lengua inglesa, además de ser claramente antiesclavista. En ella se anticipa el realismo de Daniel Defoe, por ello se considera a Aphra, además, la madre de la novela inglesa. Se dedicó profesionalmente a hacer traducciones literarias del francés y el latín al inglés.
También es interesante la primera parte de Love Letters Between a Nobleman and His Sister (1683), una novela epistolar en clave que es la primera en la literatura inglesa.
Aphra estuvo siempre fascinada por la relación entre el sexo y el poder. Llegó a ser muy conocida en su sociedad, tanto por sus obras como por ser independiente, sin estar sujeta a la autoridad de un marido. Estas ideas se consideraban inapropiadas para una mujer y por esta razón se encontró con frecuencia con el rechazo de las autoridades literarias y políticas. Mientras era aclamada unánimemente por su público, era denostada, salvo excepciones relevantes, por intelectuales de la época que consideraron su vocación literaria una injerencia en un mundo básicamente masculino. Su cinismo y actitud desinhibida en cuestiones sexuales y su exaltación de la pasión y el placer la hicieron por extremo popular. En sus obras trata preferentemente la relación entre el sexo y el poder, tanto en lo personal como en lo político. El marqués de Halifax llegó incluso a afirmar que "la injustificable libertad de algunas mujeres condena al resto a ser reducidas". Intensamente involucrada en la política de su tiempo, sería pionera también en plasmar su particular visión de un mundo colonial, que experimentó de primera mano, con un punto de vista femenino.
Aphra Behn falleció el 16 de abril de 1689, y fue sepultada en la Abadía de Westminster.
Es recordada tanto por sus obras literarias como por sus esfuerzos para lograr que la voz femenina fuera escuchada en la sociedad. Hoy se la reconoce como una pionera de la independencia femenina y una figura literaria fundamental.
Virginia Woolf reivindicó su memoria en "Una habitación propia": "Todas las mujeres deberían depositar flores en la tumba de Aphra Behn, pues fue ella quien ganó para ellas el derecho de expresar sus ideas".

The Willing Mistress
Amyntas led me to a Grove,
Where all the Trees did shade us ;
The Sun itself, though it had Strove,
It could not have betray'd us:

The place secur'd from humane Eyes,
No other fear allows,
But when the Winds that gently rise,
Doe Kiss the yielding Boughs.

Down there we satt upon the Moss,
And did begin to play
A Thousand Amorous Tricks, to pass
The heat of all the day.

A many Kisses he did give:
And I return'd the same
Which made me willing to receive
That which I dare not name.

His Charming Eyes no Aid requir'd
To tell their softning Tale;
On her that was already fir'd,
'Twas Easy to prevaile.

He did but Kiss and Clasp me round,
Whilst those his thoughts Exprest :
And lay'd me gently on the Ground;
Ah who can guess the rest ?

Desde hace tiempo tenía una entrada preparada para cada una de las protagonistas, pero al decidir incluirlas en la serie "Pioneras" he rehecho la entrada ya que las dos tienen algo en común, una fracasó y la otra lo consiguió.

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Nació en la antigua Santa María de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, Cuba, el 23 de marzo de 1814 y falleció en Madrid el 1 de febrero de 1873. Fue una de las más importantes poetas y novelistas del romanticismo español (también escribió teatro).
Avellaneda llega a España con poco más de veinte años en un momento en el que las niñas, las jóvenes, eran educadas en sus casas o en conventos. No sería hasta 1857 con la Ley de Moyano cuando se impuso la creación de escuelas mixtas, pero para entonces Gertrudis ya era una mujer de cuarenta y tres años.
Creció mimada por todos y leyendo en "el cuarto de los libros", pero también pensando en el teatro, interpretando y escribiendo teatro:
"Mi gran placer y única afición por aquella época era representar tragedias con otras muchachas de mi edad... Mi familia llegó a concebir temores, y mi madre me prohibió terminantemente volver a tomar en mis manos ninguna obra dramática. Pero ¿de qué serviría aquella privación? No habiendo tragedias que leer, yo comencé a crearlas"
Durante toda su vida cultivó todos los géneros, escribió un total de diecinueve obras de teatro que se estrenaron la mayoría en Madrid y tuvieron bastante éxito; nueve novelas y reedita dos veces sus poesías para sus "Obras completas". Publica poemas sueltos y numerosos artículos en la prensa.
Sus personales circunstancias biográficas, su apasionado carácter, su generosidad y su marcada rebeldía frente a los convencionalismos sociales, que la llevó a vivir de acuerdo con sus propias convicciones, la apartan de la mayoría de las escritoras de su época, convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España.
El motivo por el que figura como pionera es que fue la primera mujer que aspiró a ingresar en la "Real Academia Española" allá por 1854. Fracasó en el intento, la Academia era cosa sólo para hombres.

Mi mal
En vano ansiosa tu amistad procura
adivinar el mal que me atormenta;
en vano, amigo, conmovida intenta
revelarlo mi voz a tu ternura.

Puede explicarse el ansia, la locura
con que el amor sus fuegos alimenta...
Puede el dolor, la saña más violenta,
exhalar por el labio su amargura..

Mas de decir mi malestar profundo,
no halla mi voz, mi pensamiento, medio,
y al indagar su origen me confundo:

pero es un mal terrible, sin remedio,
que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
que seca el corazón...¡En fin, es tedio!


Significado de la palabra YO AMÉ
Con yo amé dice cualquiera
Esta verdad desolante:
-Todo en el mundo es quimera,
No hay ventura verdadera
Ni sentimiento constante.
Yo amé significa: -Nada
le basta al hombre jamás:
La pasión más delicada,
La promesa más sagrada,
Son humo y viento... ¡y no más!



Carmen Conde
Carmen Conde Abellán (Cartagena, 15 de agosto de 1907 - Madrid, 8 de enero de 1996) fue maestra, poeta y narradora.
A los 15 años comenzó a publicar artículos en la prensa. En 1929 publicó su primer libro de poemas "Brocal", al que siguieron "Júbilos" y "Empezando la vida". La Guerra Civil le inspiró obras de angustia y dolor, como "Mientras los hombres mueren" y "El Arcángel" (1939). Ganó el premio Elisenda de Moncada con "Las oscuras raíces", el premio Simón Bolívar con "Vivientes de los siglos", y el premio Doncel de teatro con "A la estrella por la cometa". En 1967 obtiene el premio Nacional de Literatura por su libro "Obra Poética", que recoge una gran parte de su producción. Es también, junto con Antonio Oliver Belmás, la fundadora de la primera Universidad Popular de Cartagena en 1931.
La trayectoria lírica de Carmen Conde es toda una lección de humanidad. Inseparable de su trayectoria vital, tiene como centros de interés el amor, la muerte, la guerra, su rebeldía ante la fragilidad que supone el mundo moderno para la persona. Fue una mujer que luchó por demostrar sus capacidades intelectuales, a pesar de la incomprensión de la época y la persecución política, hasta lograr situarse en el primer plano de la actividad académica nacional.
Fue la primera académica de número de la Real Academia Española; pronunció su discurso (Poesía ante el tiempo y la inmortalidad) de ingreso el 28 de enro de 1979.

Tras el primer intenteto de la Avellaneda, tuvieron que transcurrir 125 años para que una mujer lograra el ingeso como miembro de la Academia.

INDESCRIPTIBLE
Esperar es peor que nacer,
porque solamente espera el que se muere
de esperar sin hacerse con la vida
otra cosa que esperar. El esperarte.

Y atada a esa tu espera que me gasta
y que gasta tu vida sin traerte,
aquí me estoy muriendo de ansiedades
porque cabe, tremenda, esta esperanza.

Cada día, ¡oh tú que te retrasas!
sin saber que nos vamos alejando,
es menor la distancia irreparable
de pensar, de esperar, que nos aleje.

Y aquí sigo esperando, nada intento
por huir al tormento de tu espera.
Ya no sé si allá fuera de mi vida
quedan otros o no, queda quien ande!

solamente por ti, por cuando llegues,
a solas esperándote te espero.


AUNQUE TE DIGA NO, EMPÉÑATE EN SÍ...
Aunque te diga No, empéñate en Sí,
y si te empujo, procura tú vencerme.
Así que te rechace de mi vida
azotará mi espíritu el perderte.
¡Intuyo que una hoguera tan perfecta
nunca nadie podría ya encenderme...!
Y es duro y es cruel que yo batalle
quitándote de mí. Resueltamente
cortándome de ti, para librarme
de este sordo luchar en que me vences.

Sólo pienso en ti. Repito tu presencia
en un continuado nacer de tus palabras.
Imágenes que son imágenes ya fijas
de tanto recordarlas me turban y enloquecen.
Te veo como un día que fuiste una brevísima
criatura sorprendida por labios repentinos.
Te veo en alta noche, temiendo que tus ojos
mintieran por amor que era yo la que buscabas.

Oh, cómo te contemplo, oh, cómo te persigo;
das vueltas en el aire en rueda que no para!
Yo sólo pienso en ti. Te odio. Te deseo.
Libértame de verte en todo lo que miro;
auséntame de ti, martirizante imagen,
¡que te ven en mis ojos anhelantes, los ciegos!

Tus ojos son las fuentes donde beben los tigres,
que cuando tienen sed no respetan las selvas;
y arrancan, mientras rugen, esas flores sencillas
que entre el romero mueven su poderoso olor.

A tus ojos se vuelcan las entrañas del monte,
y por nacer en ellas, oh, líquido delgado,
consienten que las lenguas vellosas de las fieras,
lamiéndolos con furia, sequen ríos de ojos.

Tanto como el romero florido, cuyo aceite
persistirá en la piel de los fieros sedientos,
huelen cortas raíces y esbeltos anticipos
de las flores oscuras del secreto deseo...

La luna se deshoja como un ave en tu agua.
A los tigres con celo esa luz los persigue
como loco fantasma de una caza suprema
que en el río, tus ojos, es posible alcanzar.

Tengo frío ante ti. Porque fuentes tan frías
no se encienden sin ángel que su calor otorgue.
Y ese ángel que a ti, a tus charcas bajara,
no lo oigo cantar ni lo siento fluir.

¡Ah, tus tigres con sed! Déjalos que nos beban,
y cuando ya mi boca reseca se deshaga,
suéltalos sobre mí, no detengas su ataque:
¡para tus fieras tengo una cierva en mi cuerpo!

Dejarte perder me duele, porque duele en la tierra
que una raíz se seque sin romperse en el tallo
y alumbrar en la flor, para que el aire sepa
lo que la tierra sabe, porque tuvo raíces.

Resignarme a que fluyas por otros cauces, me duele;
porque yo soy un cauce del grueso de tu fuente.
Y para correr en otros tendrás que derramarlos
o que volcarte hondo, rompiéndolos por dentro.

Es que soy tu medida, es que ninguna tierra
será capaz de darte lo que yo te daría,
si en lugar de negarme a que germines, corras,
yo te hiciera mi agua, calentara tu grano.

¡Qué delirio de fuerza que se opone a tu empuje;
qué frenética para que no quiere cedérsete!

Amelia Earhart - Pioneras (I)

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Amelia Mary Earhart (Atchinson, Kansas, 27 de julio de 1897- Fallecida en algún lugar del Océano Pacífico, 2 de julio de 1937) fue una aviadora estadounidense, célebre por sus marcas de vuelo y por intentar el primer viaje aéreo alrededor del mundo siguiendo la línea del ecuador.
Amelia pasó buena parte de su infancia con sus abuelos maternos, quienes le proporcionaron un estilo de vida lleno de comodidades. Dio muestras de una personalidad inquieta y audaz, pues se involucraba en actividades propias de los chicos. También tenía como pasatiempo reunir recortes de periódicos de mujeres famosas que sobresalían en actividades tradicionales de los hombres.
Fue en 1908 cuando vio su primer aeroplano y en sus memorias escribió acerca de ese primer encuentro con un avión: era una cosa hecha de cables oxidados y madera, nada interesante.
En 1920 asistió a un espectáculo aéreo y quedó prendada de los aviones. Consiguió que la llevaran a bordo de un biplano en el que voló unos 10 minutos sobre Los Ángeles. Sus palabras acerca de esta experiencia fueron:

Tan pronto como despegamos yo sabía que tendría que volar de ahora en adelante.
Sus primeras clases de aviación las obtuvo de la instructora Anita Neta Snook, otra piloto pionera. Su instructora no le daba mucha credibilidad como piloto, una opinión que no la abandonaría durante su carrera. Sin embargo, en octubre de 1922 consiguió su primer récord de altitud al volar a 14.000 pies de altura.
En 1925 se unió a la Asociación Aeronáutica Nacional. Se dedicó a invertir dinero para construir una pista de aterrizaje, vendió aviones y promovió la aviación, especialmente entre las mujeres.
El Boston Globe la reconocía como una de las mejores pilotos de los Estados Unidos.
El 3 de junio de 1928, con Wilmer Stultz como piloto y Louis Gordon como mecánico, partió en un trimotor Fokker F.VIII, al que llamarón Friendship para cruzar el Océano Atlántico. Amelia fue sólo en calidad de pasajera. Amelia reconoció que todo el trabajo lo hicieron los pilotos, pero al arribar los reporteros los ignoraron y la abordaron a ella.
Ella continuó impulsando la aviación entre las mujeres, tanto que organizó una carrera aérea para féminas a través del país en 1929, de Los Ángeles a Cleveland, que fue llamada The powder-puff derby. Fundó la organización "Las noventa y nueve" con otras pilotos, pues incluía a 99 miembros. Fue su primera presidenta. Su carrera como aviadora no fue interrumpida, pues quebró récords de velocidad para mujeres.
El 20 de mayo de 1932, exactamente 5 años después de la primera travesía como acompañante, realizó el viaje que le daría varias marcas: primera mujer en hacer un vuelo solitario en el Atlántico, primera persona en hacerlo dos veces, la distancia más larga volada por una mujer sin parar y récord por cruzarlo en el menor tiempo.
En 1934 realizó el primer vuelo a través del Pacífico. Diez pilotos lo habían intentado antes y habían fallecido.
En 1935 comenzó a planear hacer un viaje alrededor del mundo. De realizarlo marcaría dos hitos: la primera mujer en hacerlo y la mayor distancia posible circunnavegando el globo en su ecuador. Según ella era el vuelo que le quedaba por realizar.
El vuelo se inició en 1937. Iba acompañada de Frederick Noonan. El 2 de julio comunicó por última vez por radio, el combustible se agotaba.
En una carta a su marido escribió en una ocasión:
Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallaron sus intentos deben ser un reto para otros.
En Estados Unidos es un mito que ya ha entrado a formar parte de la cultura popular.
Como dice el estribillo de la primera canción:
"Adios, primera dama del aire"


Red River Dave - "Amelia Earhart's last flight"
Yo conocía esta canción pero en versión bluegrass.


The Handsome Family - "Amelia Earhart"


Nosoträsh - "Voy a aterrizar"
Ésta no la conocía y fue recomendada por Punk Rock City