Julio Camba - "Un admirador", "Literatura patológica"
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Escritor y periodista gallego. Junto a Wenceslao Fernández Flórez y a Ramón Gómez de la Serna, se le considera uno de los pioneros en la modernización del humor español, uno de esos autores de los que aprendieron los que luego harían esa revolución modernizadora, "la otra generación del 27". Irónico, satírico, cínico muchas veces, siempre mordaz y polémico.
Los dos artículos pertenecen a "La rana viajera" publicado en 1920 (casi un siglo después parece que nada hubiera cambiado).
UN ADMIRADOR
Parece que hay escritores a quienes el público anima dirigiéndoles, con más o menos frecuencia, cartas de aprobación. Conmigo, sin embargo, este caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusión de ser leído por alguien, es, tan sólo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en cuando me envían misivas insultantes a propósito de mis artículos. Yo enseño estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi posición y mi prestigio.
— No dirán ustedes —exclamo— que mis trabajos pasan inadvertidos o que no hacen mella. Aquí hay un señor que me llama animal, y otro que me anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el éxito no admite dudas…
Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador, en la provincia de Guadalajara. «Soy —me viene a decir este hombre magnífico — uno de sus lectores más asiduos y más inteligentes, y me he suscrito a El Sol con el único objeto de ver los artículos de usted…»
Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma e inmediatamente me digo:
— ¿Le gustará este tema al señor de Guadalajara?
Yo tengo la sensación de que escribo únicamente para este señor, y no quisiera defraudarle. Este señor vive en un pequeño pueblo de la provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en absoluto la ideología local, y esto pone en mi trabajo dificultades enormes. De buena gana me pasaría varias noches en claro leyendo, con unas gafas muy gordas, unos volúmenes muy grandes, si a esta costa pudiera llegar a conocer las opiniones políticas, estéticas y religiosas que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal párrafo que acabo de escribir creo que le parecerá vulgar, y lo borro. Pongo en tensión todos mis nervios hasta que se me ocurre una cosa más fina, y entonces me asalta un pensamiento terrible.
— ¿Entenderá esto mi admirador? —me pregunto—. ¿No resultarán estas consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos?
Verdaderamente, el señor de la provincia de Guadalajara ha tenido una idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo por qué tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores. Con dos admiradores más, yo me volveré completamente idiota.
LITERATURA PATOLÓGICA
Desgraciadamente, en la literatura española no hay más que genios. Ese tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores pertenecen a la categoría genial. Yo mismo, en mi pequeñísima escala, ¿qué duda cabe de que también soy un genio? Y esta literatura de genios en chico viene a ser algo así como un grupo de tullidos que, a la puerta de una iglesia, le pidiesen dinero al público mostrándole sus diversas monstruosidades.
Cuando, en algún escaparate, yo veo un libro mío entre los libros de otros autores españoles, tengo la sensación de encontrarme en una sala de hospital esperando, con mis compañeros de dolor, la visita de alguna señora vieja que no sepa en qué matar el tiempo. La literatura española, en efecto, no es más que una serie de enfermedades, debidas, generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutrición. El uno está enfermo del hígado. Al otro se le forman ácidos en el estómago. Este se encuentra amagado de parálisis general progresiva y tiene delirio de grandezas. Aquél padece del bazo… Hay escritor que perdería todo su interés en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de algún producto más o menos alemán, o en cuanto se le sometiese a un buen régimen alimenticio. Y, en realidad, este último caso ya se ha dado varias veces. ¿Cuántos muchachos que comenzaron haciendo cosas interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llamó a un buen periódico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fácil de comprender: esos muchachos nunca habían tenido talento. Lo que habían tenido era hambre. Con el estómago normalizado, quedaban al nivel del más vulgar empleado de Hacienda…
¡Cosa terrible esta de ser un pequeño monstruo y de darse cuenta de ello! ¡Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse médicamente como un flemón o como una enfermedad de los riñones!… Pero hay algo peor aún en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos, se creen atacados de genialidad…
El documental pertenece a "La mitad invisible", un programa cultural de RTVE que conducía Juan Carlos Ortega. Fue emitidio en octubre de 2012.
Maalouf se impone a Alice Munro.
El politiqueo del buen rollito para con lo exótico intercultural se impone a la Gran Literatura.
El Rayo Vallecano se impone al Barça.
Sin comentarios.
Tras la mala leche generada por la entrada anterior, un poco de humor. SunsetBoulevard me mandó un mensaje en el que me hablaba de "El garrofer", un periódico humorístico.Se pasa doce años escribiendo una novela de 900 páginas para luego borrarla
En él se publica un interesantísimo artículo en el que se cuenta la aventura de un escritor que pretendía ser autor maldito. A continuación reproduzco el articulo y os aconsejo que visitéis la web del periodico, os reiréis.
Paulino Singleton – Estocolmo
EMPEZÓ A ESCRIBIR SU NOVELA en 1997 y desde el principio tenía pensado borrarla del ordenador nada más acabar. Tal era el plan ahora llevado a cabo por Stephan Okjsgord, un vecino de Estocolmo que tenía previsto entrar de esta manera por la puerta grande de la literatura maldita.
Sin embargo su gesto no ha tenido la repercusión que esperaba y a día de hoy está buscando trabajo en un bar.
“No me han llamado del New Yorker ni del Babelia”, se lamentó Okjsgord. En realidad, no le han llamado de ningún sitio porque tan solo un puñado de amigos suyos, a quienes no les interesa la literatura, sabían de su proyecto.
La novela de Stephan Okjsgord tenía 900 páginas y se titulaba “El babuino”. Al parecer trataba sobre un primate de esa especie. Pero nunca nadie sabrá el argumento ni los detalles porque su autor ha borrado el archivo donde escribía el texto y luego ha roto su ordenador con una maza.
“Mi idea era generar algo llamativo en relación con mi libro, crear una gran expectativa y luego que sucediera algo trágico”, confesó a El Garrofer. Lo que no había calculado es que para ello, lo mínimo es poder leer algo del autor en cuestión.
Al parecer Okjsgord era admirador de escritores raros como J.D. Salinger o Thomas Pynchon y él también quería hacer algo insólito que le convirtiera en “maldito” de la noche a la mañana.
Okjsgord también explicó que hace unos años, cuando vió el fenómeno en que se convertía la trilogía Millenium tras la muerte de Stieg Larsson, vio reforzada su ilusión. Entonces llevaba 700 páginas de “El Babuino” y “se puso las pilas” para rematarla con 200 más.
“Nos dijo que iba a ser como ese escritor”, explicó un amigo suyo. “Pero no se daba cuenta que en ese caso el escritor se había muerto dejando atrás tres libros superventas. Stephan quería lo contrario: hacerse maldito sin morirse y sin enseñar nada de lo que había escrito”.
Qué pena que muchos autores reales, todos esos juntaletras sin tanlento pero con potente departamento comercial detrás, no emulen a Okjsgord y destruyan sus obras antes de publicarlas.
Gracias SunsetBoulevard.
Antes que nada tengo que agradecer a Ade la bibliografía aportada para que esta historia pudiera ser escrita. Si resulta aburrida, embarullada, incompleta o inconexa es sólo culpa mía.
Hay un sitio en el que la lectura en voz alta se conserva (conventos aparte, claro), empezó antes de la existencia de la radio y se ha mantenido después. Además, es una lectura que no sólo ha buscado el entretenimiento del oyente sino también su formación. Ese sitio es la tabaquería cubana.
“... en ese cafetal tuve ocasión, más que en ninguna otra parte de la isla , de lamentar el estado de completa ignorancia en que se tiene al esclavo. (…)…entonces se me ocurrió que nada más fácil habría que emplear aquellas horas en ventaja de la educación moral de aquellos infelices seres. El mismo que sin cesar los vigila podría leer en voz alta algún libro compuesto al efecto y al mismo tiempo que templase el fastidio de aquellos desgraciados, les instruiría de alguna cosa que aliviase su miseria (…)".Por otro lado, el intelectual y político cubano Nicolás Azcárate se inspiró en
las lecturas que se les realizaban a los presos en dos galeras del Arsenal de La Habana, donde un lector leía media hora, todas las tardes, algún libro cívico. La mayoría de los reclusos eran cigarreros que seguían en ese oficio y recibían a cambio una determinada suma de dinero. Parte de esae dinero era retenido por el jefe de departamento y era devuelto al preso cuando obtenía la libertad; les entregaba semanalmente el resto, y de éste se separaban algunas monedas para remunerar la labor del lector y adquirir las obras que habían de leerse. Nicolás Azcárate propuso insertar esta actividad en la producción tabaquera. La idea fue materializada por un joven asturiano, Saturnino Martínez, trabajador de la Fábrica "Partagás". Saturnino colaboró en la fundación de “La Aurora” una publicación semanal que alternaba temas literarios con otros en que se difundía la lucha a favor de la clase trabajadora.A los fundadores de La Aurora se debe el mérito de la implantación de la
lectura, estrenada en la tabaquería "El Fígaro", en La Habana, el 21 de diciembre de 1865. Para incorporar la lectura al proceso productivo convinieron en que un trabajador desempeñaría las funciones de lector. Cada operario contribuiría con su correspondiente cuota, con el fin de resarcir el jornal que el lector dejaba de recibir durante el tiempo que leía en voz alta.En sus inicios, la lectura se realizaba por trabajadores que se turnaban cada cierto tiempo. Pero pronto la lectura por turnos se terminó y el cargo de lector pasó a ocuparlo una persona que debía de ganarse la plaza. Se hacía una votación puesto por puesto y se adjudicaba por mayoría. Generalmente era una persona instruida y educada y se le dispensaban grandes atenciones.
El lector debía poseer las aptitudes necesarias: tener voz clara y pronunciación correcta, ser lo suficientemente culto para poder interpretar cuando leía o, en muchas ocasiones, aclarar las dudas o servir de árbitro en discusiones sobre materias históricas, literarias y hasta científicas. Para probar sus aptitudes, el nuevo lector, por lo regular, antes de las votaciones, debía de pronunciar un discurso que ocupara la atención y la voluntad de los obreros.
Según las opiniones de varios autores, el torcedor de entonces era alguien que discutía de manera perpetua, tenía un amplio espectro de materias de las que deseaba saber y, según progresaba en su aprendizaje, se creía autorizado a disputar sobre todo; frecuentemente hacía uso de esto. Si el lector no podía enfrentarse dignamente con esa disposición y ese afán, estaba perdido. Si por el contrario probaba su capacidad y determinación, se ganaba el cariño y el respeto de todos.
Los jefes de taller observaron que, durante las lecturas, los jornaleros
no abandonaban la tarea sino que se concentraban aún más mientras escuchaban. Así que, a pesar de la resistencia de algunos dueños, el ejemplo fue seguido por otras fábricas y al finalizar el mes de mayo de 1866 las principales tabaquerías de La Habana, y de los pueblos cercanos a la Capital, contaban con su correspondiente lector.A los pocos meses de su entrada en las tabaquerías, la lectura, como medio poderoso de influencia, se convirtió en blanco de los ataques de la prensa conservadora.
Las alusiones que la prensa constantemente hacía a la lectura, tanto para elogiarla, como para censurarla, lograron atraer sobre ella la atención pública. Las tabaquerías donde había lectura eran visitadas por curiosos para admirar semejante novedad. No era raro ver en la parte exterior de las fábricas de tabacos, grupos de personas que junto a las ventanas escuchaban con atención la potente voz del lector en medio de la galera.
¿Qué tipo de lecturas se realizaban? Pues la verdad que resulta curioso. Autores que hoy son considerados por muchos (lectores de pijamas, códigos y demás) como aburridos o demasiado profundos, eran los requeridos por los torcedores, personas con escasa o nula formación cultural: Victor Hugo, Dumas, Chateaubriand, Lamartine, Shakespeare, Pérez Galdós, Cervantes, Newton, D’Annunzio, Kipling (y aquí), Pascal. Se dice que “Los miserables” y “El conde de Montecristo” fueron los mayores éxitos. El mismo Víctor Hugo, al enterarse que sus novelas eran solicitadas con avidez por los tabaqueros, escribió una carta a los obreros de Partagás agradeciéndoles el interés: ¡Qué gran honor le hacia el Olimpo de los novelistas! El escritor español Ramiro de Maeztu fue lector de tabaquería y escribió varias crónicas sobre ello. Escribía Maeztu que sus oyentes eran negros, mulatos, criollos o españoles; que no sabían ni leer siquiera, pero que le asombraron al pedir que les leyera obras del dramaturgo noruego Henrik Ibsen (lo que cambian los tiempos). También se incluían obras de autores cubanos como José María Heredia, José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés “Plácido”, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juan Clemente Zenea, Anselmo Suárez y Romero o Cirilo Villaverde.
Pero con la literatura científica y de entretenimiento también se incluía la literatura política: Kropotkin, Marx, Bakunin, Maquiavelo y otros filósofos políticos, principalmente de Francia o EE.UU., con especial predilección por los escritores anarquistas.
Aunque al principio sólo se leían obras de la índole mencionada, pronto se introdujo la costumbre de leer las noticias que aparecían en la prensa local, diaria o semanal. La lectura en los talleres comenzaba por las noticias internacionales, después las nacionales y a continuación los artículos de fondo o editoriales. Le seguían algunas secciones fijas y, por último, noticias del deporte. Después de quince minutos de descanso, el lector regresaba a la tribuna para el turno de novela.
En los cinco primeros meses del año 1866, la lectura llegó hasta los “chinchalitos”, nombre que desde fines del siglo XVIII se le dio a las pequeñas fábricas de tabacos, en la mayoría de la cuales
se vendía al menudeo el producto que elaboraban, e incluso se llegó a intentar el establecimiento de sesiones públicas de lecturas nocturnas. La influencia de la lectura fue tan arrolladora que algunas de las marcas más famosas de Habanos cubanos creados a partir de esa época fueron nombradas según los títulos o personajes de la literatura que se leía en las fábricas (quién no conoce los famosísimos “Montecristo” o “Romeo y Julieta”).A los empresarios empezó a no gustarles mucho que sus empleados comenzaran a tener conciencia de su situación, así que empezaron a prohibir la lectura “para no distraer a los operarios de las tabaquerías, talleres y establecimientos de todas clases con la lectura de libros y periódicos, ni con discusiones extrañas al trabajo que los mismos operarios desempeñan”. Para justificar semejante prohibición, se tomaron como excusa los altercados entre tabaqueros a la hora de seleccionar una obra, lo cual, a juicio de las autoridades, podría engendrar “odios y enemistades de graves consecuencias”.
Al prohibir la lectura, el Gobierno privaba a los tabaqueros de un poderoso y eficaz medio de cultura, pero al mismo tiempo dejaba entrever el miedo que le inspiraban la divulgación de las ideas independentistas que se podía hacer desde los “púlpitos”.
Los enemigos de la lectura lograron su propósito y en las galeras dejó de oírse la voz de los lectores. Pero no lograron acabar con el interés de la gente por aprender. En un periódico de la época se daba cuenta de que la Biblioteca Pública de la Sociedad Económica de Amigos del País se veía tan concurrida que hacían falta sillas para acomodar a los obreros que allí asistían a escuchar las lecturas públicas, prueba evidente de que la afición a leer había echado raíces entre los trabajadores.
Durante años hubo numerosos tira y afloja entre trabajadores, empresarios y gobernantes y la lectura en las tabaquerías desapareció y se reanudó en varias ocasiones. En el período de 1889 a 1895 se dedicó a la propaganda que, desde las tribunas de los talleres, realizaron los simpatizadores de la causa independentista. En los meses que precedieron al estallido de la guerra, la lectura sirvió para divulgar la labor de los clubes revolucionarios que conspiraban en el extranjero. En las galeras se oían artículos y folletos de tendencias separatistas en los que, según varios periódicos de la época, “se empleaba un lenguaje insultante contra la nación española”. La continuada repetición de estos hechos hizo que se extremara la vigilancia por parte de las autoridades y, aunque en las tabaquerías se había suprimido la lectura de
publicaciones contrarias al régimen, en algunas fábricas, éstas se daban a conocer cuando los capataces y encargados no se hallaban presentes. Todo ello contribuyó a preparar el movimiento que se inició en 1895 y terminó con la consecución de la independencia de Cuba de la corona española.Después de la guerra, solo en una fábrica de tabacos fue prohibida la lectura, por la crítica que en ciertos trabajos periodísticos se hacia de su propietario. Esa prohibición provocó un movimiento de huelga que pronto se solucionó a favor de los tabaqueros.
Al implantarse la República en 1902, no se consideraron los enormes aportes del tabaquero al movimiento de independencia. Subsistían aún los basamentos coloniales hispánicos discriminantes para el nativo en los sectores más retribuidos. Solo era accesible al cubano el aprendizaje del oficio de tabaquero y a la mujer el de despalilladora. Los demás departamentos se nutrían con españoles emigrados que enseñaban a rezagadores, escogedores, fileteadores, etc., y que después de algunos años llegaban a capataces y encargados. Nada había cambiado el nuevo régimen para los criollos operarios del tabaco. Bueno, sí, ahora los propietarios de las fábricas ya no eran españoles, eran multinacionales estadounidenses.
Hasta el decenio de los años 40 del siglo XX los lectores de tabaquería fueron fuertes pilares en las organizaciones, propagandas y acciones de los tabaqueros en contra de los gobiernos títeres de turno. Tuvieron que librar su propia lucha contra la radio, lucha que se inició cuando los primeros aparatos llegaron a La Habana (el primero de ellos fue instalado en la fábrica de Cabañas y Carvajal para trasmitir la Liga Nacional de Béisbol de 1923). Pero lector y radio lograron convivir, la lectura prosiguió con la novedad que, con el transcurrir de los años, se le adicionó el micrófono y el amplificador. Los t
abaqueros escuchaban noticias y música que llegaban a ellos por la radio, pero cuando surgían acontecimientos de importancia y era imprescindible reclamar de ellos su calor y su esfuerzo, ocupaba la tribuna un trabajador.Llegada la década de los años 50 los lectores mantenían su condición de trabajadores de los tabaqueros. Según el prestigio de la fábrica, representado por su marca, lo que a su vez incidía en los salarios de los trabajadores, estos donaban desde 5 hasta 25 centavos de su salario semanal para pagarle al lector. Para entonces se utilizaba el micrófono para ayudar al lector, aunque la lectura sólo llegaba a la galera y el despalillo y no incluía el resto de los departamentos que conforman una tabaquería.
La lectura era sugerida por los propios tabaqueros quienes, al entrar el lector para comenzar la lectura, ponían encima de la tribuna lo que deseaban que se leyera ese día. Siguiendo la tradición de sus inicios, el Presidente de Lectura hacía sonar una campanita llamando a la disciplina y el silencio. La actividad, con una duración de 180 minutos diarios, se dividía en cuatro turnos de 45 minutos cada uno, dos en la mañana y dos en la tarde. En los turnos matutinos se leía la prensa, revistas y los materiales de propaganda política. En los turnos vespertinos se leían novelas, clásicos de la literatura y, sobre todo, libros con fuerte contenido referente a las luchas sociales y los movimientos obreros.
El triunfo de la Revolución fue abrazado por los tabaqueros que salieron de sus fábricas a celebrar su conquista. Los lectores de tabaquería, como parte de la revolución que triunfó, pudieron extender su radio de acción a las escogidas y despalillos. Dejaron de ser pagados por los tabaqueros para cobrar como un operario más de la fábrica.
Un cambio significativo que se produjo fue la irrupción de la mujer como lectora.
Tradicionalmente, la lectura en las tabaquerías fue una labor reservada a los hombres; en la historia, la presencia de la mujer se registraba en aislados casos. Pero con la creciente incorporación de ésta al trabajo y su integración a todas las tareas, se inició la lectura con voces femeninas, cambio que fue bien recibido por los tabaqueros. Por otro lado, el bajo salario inicial de la profesión hizo que los lectores ocuparan plazas de más remuneración; así se adentraron las mujeres en la lectura de las tabaquerías (lo de siempre, con revoluciones o sin ellas, la mujer entra ocupando los puestos peor remunerados) y hoy representan la mayoría en el oficio.Si en períodos anteriores eran los propios tabaqueros los que elegían sus lecturas y a su lector, tras el triunfo de la Revolución, en cada tabaquería, despalillo o escogida existe o debe existir una comisión de lectura integrada por un presidente, un vicepresidente, un representante sindical, un administrativo, el lector y dos vocales. De acuerdo con su reglamento, esta estructura es la encargada de seleccionar y aprobar al lector del centro, facilitarle la documentación y valorar los géneros que se abordan en las lecturas. El objetivo principal de la lectura será “enseñar y cultivar intelectualmente a los trabajadores, dignificar su condición de clase obrera, continuar y fomentar los valores revolucionarios, motivar al trabajo y a las tareas de la Revolución”.
La lectura consiguió que los trabajadores pensaran por sí mismos y se convirtieran en revolucionarios. Pero a la Revolución (a las revoluciones en general) no le gusta que el individuo piense por sí mismo, el trabajador ya no sabe lo que quiere y necesita que una comisión valore lo que puede escuchar y lo que no. Una actividad que surgió con el fin de hacer llegar la cultura a quien no tenía acceso a ella y con ello desarrollar un pensamiento más libre, ha dado paso al adoctrinamiento.
Enorme poder el de la lectura.
Bibliografía
“La lectura en las tabaquerías en Cuba” , Rivera Z.; Roig Albet, Kim Men Fong Delgado.
“Lectores y lectoras de tabaquería, una tradición centenaria”, Sergio R. San Pedro.
“El bello Habano (Biografía íntima del tabaco)”, Reynaldo González.
“El lector de tabaquería: historia de una tradición cubana “, Araceli Tinajero.
Olympe de Gouges (Montauban, 7 de mayo de 1748 – París, 3 de noviembre de 1793) es el pseudónimo de Marie Gouze, escritora francesa, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791).
Nació en Montauban, en una familia humilde. Aunque algunas fuentes la sitúan como hija de lavandera y carnicero la realidad parece ser otra. Era hija ilegítima de un aristócrata muy influyente, Jean-Jacques Lefranc de Caix de Lisle. Fue reconocida por el esposo de su madre, un carnicero cuyo apellido era Gouze y que ella adopta. Recibe una instrucción modesta, considerada suficiente para una mujer de su rango social; sus deficiencias culturales se verán reflejadas en sus futuros escritos. Se casó muy joven con un hombre mayor quedando al cabo de un tiempo viuda y con un hijo. A partir de este momento, renuncia al apellido de su marido, haciéndose llamar desde entonces Olympe de Gouges. Toma el nombre de Olympe por sus resonancias y modifica ligeramente su apellido y le añade la preposición "de" para elevar su rango, práctica común en aquella época. Olympe conocía perfectamente su bastardía, y es un tema que tratará ampliamente en sus escritos.
Hacia 1768 Olympe abandona su ciudad natal para dirigirse a París. En la capital francesa frecuentará ambientes refinados y tendrá contacto con las más altas esferas de la sociedad.
A partir de 1780 la vida de Olympe da un giro radical; deja su vida de esparcimiento para dedicar todos sus esfuerzos y su patrimonio a la escritura. Su reputación se vio seriamente dañada al ser víctima de la maledicencia de sus colegas de profesión. No obstante, esto no desalentará a la autora, que continuará su labor con aún mayor fervor e insistencia. Redacta obras de teatro cuyos ingresos apenas le permitían mantenerse. Dada su escasa educación, su gramática, ortografía y escritura no brillaron por su calidad. No fue una autora de éxito. Sin embargo desatará la polémica y el escándalo, hasta el punto de granjearse el odio de los miembros de la Comedia Francesa, organismo que elegía las obras que se debían representar en la ciudad y que contaba con el apoyo y la protección del monarca Luís XVI. A partir de 1788, Olympe realiza su incursión definitiva en el ámbito de la escritura abiertamente política.
Olympe es perfectamente consciente de las injusticias sociales, que afectan principalmente a las mujeres, a las minorías y a los desvalidos. La escritora, aunque vehemente en sus formas, había adoptado una posición política moderada, que contemplaba incluso la pervivencia de la monarquía si esta última renunciaba a sus privilegios absolutistas y aprobaba una constitución.
Los acontecimientos de la Revolución Francesa se suceden rápidamente. Olympe exige a Luís XVI en su escrito Séance Royale que abdique y nombre a un regente. Esto la pone en el punto de mira de los republicanos. Finalmente, el monarca aprueba la constitución en 1791. Olympe, pocos días después de la ratificación de Luís XVI, publica la Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne. Para su elaboración utiliza el esquema de la Déclaration des droits de l´homme et du citoyen, redactada en 1789 por Sièyes y Mirabeau y de la que se excluía por completo a la mujer; en ella exige un sistema jurídico basado en la igualdad fundamental entre hombres y mujeres.
En 1792 cae la monarquía y se proclama la República, alzándose en el poder la facción revolucionaria más radical, formada por Robespierre y Marat, entre otros. La autora no dudará en arremeter duramente contra los líderes de la República a través de sus numerosos manifiestos, lo cual no hará más que aumentar la antipatía que éstos ya sentían hacia Olympe por su trayectoria política y reivindicativa. En enero de 1793 Luís XVI es ejecutado. La escritora decide abandonar París debido al giro que están tomando los acontecimientos y refugiarse en la Touraine, en el valle del Loira. Sin embargo, regresa nuevamente a París para publicar su manifiesto Le trois urnes, ou le salut de la Patrie, par un voyageur aérien. En julio de 1793, Olympe es detenida tras ser denunciada por el impresor de su escrito. El 2 de noviembre de ese mismo año es juzgada; tendrá que defenderse a sí misma en el juicio, ya que se le niega el abogado que ella había elegido. Se la acusa de ser girondina y de haber traicionado a la República. Finalmente, es declarada culpable y ejecutada en la guillotina el 3 de noviembre de 1793 como, paradójicamente, había exigido en su declaración de derechos para aquellas mujeres culpables de algún delito grave.
Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre amantes y milita por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio.
Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos al teorizar, en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.
La tragedia de esta intelectual, ilustrada, feminista, revolucionaria (quizá la única y verdadera figura revolucionaria dentro de lo que se denomina Revolución francesa), es a la vez el reverso y el anverso de uno de los fenómenos más influyentes en la historia de las ideas (en sentido general: ideas políticas, sociales, culturales, científicas, etc). Si bien es cierto que a la Revolución se le considera el vademécum de los Derechos Humanos, éstos eran sesgados, inclinados, hacia los Derechos masculinos, olvidándose de los Derechos de la mujer en todas sus condiciones y estamentos sociales. La autora Alicia Puleo llama a este fenómeno: la ilustración olvidada: la mujer fuera de la participación verdadera. Esto se debe a que las mujeres francesas, en 1789, marcaron un hito histórico del feminismo al marchar hacia Versalles con el grito: «libertad, igualdad y fraternidad», con el cual exigían diversos derechos. Estos les fueron negados. Es decir, de Gouges comprueba que los cambios traídos por los hechos revolucionarios, en cuanto a la situación de la mujer, eran apenas de condecoración y agradecimientos a los servicios prestados por éstas a la causa revolucionaria. De hecho, la Revolución francesa se enfrentó al movimiento de las mujeres con dos hechos sintomáticos: la decapitación de Olympe de Gouges y la clausura de los clubes de mujeres.
Los llamados revolucionarios pregonaban: «las mujeres a la cocina o al burdel». Esta era una frase corriente entre los revolucionarios franceses, esos mismos que alzaban la bandera de lucha contra la represión y la desigualdad. Por ello es que Olympe de Gouges fue un ejemplo de esa realidad . Reúne un conjunto de características que la hacen única en la historia.
I. La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.
II. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.
III. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.
IV. La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.
V. Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.
VI. La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.
VII. Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.
VIII. La Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.
IX. Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.
X. Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.
XI. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.
XII. La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.
XIII. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.
XIV. Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.
XV. La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.
XVI. Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.
XVII. Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.
Enriqueta González Rubín - "Un indianu como hai pocos"
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El texto es un extracto del artículo del título, de tipo costumbrista. Se encuentra recogido, junto a otro artículo ("Una boda por amor") en una edición facsimil que la "Academia de la Llingua Asturiana" publicó en 1992 con el título de "Collaboraciones peridístiques". Los artículos originales datan de 1890. El texto está escrito en la variante "asturiano oriental". Aunque ya Jovellanos, en el siglo XVIII, había hecho trabajos sobre diccionario, gramática y ortografía, la realidad es que cuando Enriqueta escribe su obra, no existe lo que podríamos llamar una "ortografía oficial", así que sus textos están escritos con una ortografía que hoy se considera incorrecta, pero que no lo era en su momento.Serín pocu más de les diez de una mañana del mes de San Xuan, y el sol lluciendo con toos sos rellumbres dexaba caer un calor que fasta a los páxaros–yos quemaba les ales: non se brugaban siquiera les jueyes de los manzanales, nin pa templar el bochornu que jacía. Amiyaba una pinta del aire frescu que vien algunes veces del Pico de Germosu.
En un prau, metá llanu y metá regüetu, segaben dos homes, que parecín padre y jiyu.
El vieyu llámase el Pavu, home que toos conocen, dende Cangues aRibesella, poles truches que piesca, poles madreñes que jaz, y pola joroba que acostina.
Una moza los compañaba que diba esmarañando la erba que ellos dexaben tres de si, y escoyendo el jelechu y los marbiezos y amontonándolo al pie de un manzanal debaxu del cual rumiaba una vaca, que buscando la sombra se había echau allí de pura galvana, y que solmente de vez en cuando solmenaba el rabu pa espantar les mosques que venín emportunala en los formales pensamientos que ternía. Un pocu más alantre estaba el perru del ^IPavu^i, echáu tamién y sacando una cuarta de llengua, sin quitar güeyu de una poriella per la que asemaba el jocicu de les xates que habín dexáu cerrades a l’otra mano: solmentre les que non paraban migaya eran les abeyes, que salín y entraben enos cubos, acarretando los sos manxares, que traían de los romerales cercanos y de les florines que rellucían a la orilla de un regatu que por el prau cruciaba, ruxendo despaciu, dempués de dar güeltes al rodete de un molín, que más arriba se oía, pero que non se vía, porque taba metíu entre un monton de ablanos, alisos y álamos, que alzaben fasta el cielu les quimerites, entre les cuales habín jechu les pegues y los glayos ñeros que solmenaba el vientu sin derribalos.
Pa los que ñon sepian quién é el Pavu, diré–yos que é la vera efixe del aldeanu de Asturies: elli e pescador, e molineru, e carpinteru y llabrador a un tiempu, y el oficiu que más ñumbradía–y dá, é el de jacer madreñes, que les jaz tan repicades y pintades col cuchillu, que en tres llegües a la redonda les moces ñon gasten de otres más que de les suyes. En fin, el Pavu é en isti conceyu una celebridá, pocu menos que los deputaos a cortes, se entiende que éstos pa los del so capote, y el Pavu para los del suyo. Tien un jiyu que pudo llibrar de soldáu, ñon sé por qué, porque sima Dios é un mozu que al dicir de so padre, non hay otru en los siete conceyos.
Ser, é altu como un álamu y trabáu como elli solu, y trátese de xugar á los bolos, de tirar la barra, o de dar una paliza a un compañeru, que, sin mandallo, se entremetió enos sos negocios; digo, que en tou esto non hay, desde la Barca de Unquera hasta Cangues, quién–y lleve el gatu al agua. Suelen tener munches desputes el padre y el jiyu; isti, que yá esta un pocu civilizáu, diz que non se quier casar en todovía, que tiempu tien, y anguna que otra vez suele dicir a so padre que de güena gana se diba pa la Bana, pa ver si salía de miseries y jacía jortuna. Esto é cosa que non puede oír el güen Pavu, pos elli quier que se case cuantu primero, pola mor de que non–y allega la hora de tener quién–y llame “¡guelu! ¡guelu!...” El jiyu mentantu jácese el ronciegu, y acorteja, cuando en una, cuando en otra parte, sin dir arréu a denyuri, y anque Marica la de Anton–y cuece les corbates cada noche que va vela, y Colasa la del Ferreru tien siempre guardada para elli una corexada de ablanes del jornu, elli come les corbates, frañe les ablanes, y ñon adelanta denguna d’ eses razones que dan a les mozes motivu pa dicir; “ve á vete con mio padre”.
(...)
La Selmana de les Lletres Asturianes vien celebrándose dende 1980 na primer selmana del mes de mayu, y dende 1989 solía tar consagrada a un autor o autora importante de la lliteratura asturiana, si bien la XXVI Selmana de les Lletres (2005) ruempe con esta tradición al tar dedicada a la Poesía (Col títulu de Poesía en Movimientu), daqué que se caltuvo tamién nel 2006, añu nel que tuvo dedicada al Teatru (col títulu de Teatru a Escena).
La Selmana de les Lletres carauterízase por ser una fecha señalada pa munches instituciones y estayes estremaes. Asina, los profesores de llingua y lliteratura asturiana acostumen a adaptar les sos clases al autor al que tea dedicada la selmana (o a la manifestación lliteraria nel so casu), y les autoridaes autonómiques implíquense na defensa del idioma. Asina ye que dende los caberos años vienen celebrándose recitales de poesía na Xunta Xeneral o repartos de llibros o DVDs de baldre.
Amás de los munchos recitales de poesía y actos culturales que se celebren per toa Asturies nesta selmana, destaca nella'l Día de les Lletres, que ye'l momentu cimeru de la selmana nel que la presidencia de l'Academia de la Llingua Asturiana da'l so discursu nun actu solemne zarráu pol Himnu d'Asturies nel qu'evalúa la situación xeneral de la llingua y la lliteratura y procédese al nomamientu de los nuevos académicos o académiques. Tamién ye esti día l'escoyíu polos comerciantes llibreros pa facer un 10% de descuentu nos sos llibros, celebrándose n'Uviéu la Feria del Llibru que va dende'l Día del Llibru (23 d'abril) al Día de les Lletres (tamién llamáu Día del Llibru y del Discu n'asturianu). Asinamesmo, la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana suel entamar una manifestación pola oficialidá del asturianu coincidiendo col Día de les Lletres.
Motivos delles celebraciones de la Selmana de les Lletres fasta'l momentu:
* 1980 - 88 Ningunu
* 1989 Xosé Caveda y Nava
* 1990 Teodoro Cuesta
* 1991 Llorienzu Novo Mier
* 1992 Pepín de Pría (José García Peláez)
* 1993 Fernán Coronas (Padre Galo Fernández)
* 1994 Antón el Chiova (Valentín Rodríguez Ochoa)
* 1995 Xuan María Acebal
* 1996 Marcos del Torniello (José Benigno García González)
* 1997 Manuel Fernández de Castro
* 1998 Xosefa Xovellanos
* 1999 Constantino Cabal
* 2000 Antón de Marirreguera
* 2001 Pachín de Melás
* 2002 María Josefa Canellada
* 2003 Antonio García Oliveros
* 2004 Andrés Solar
* 2005 Poesía Asturiana Contemporanea
* 2006 Teatru Asturianu Contemporaneu
* 2007 Narrativa Asturiana Contemporanea
* 2008 Mª Teresa González
* 2009 Enriqueta González Rubín
Teresa de Cartagena (1425-1478) fue una religiosa y escritora española. Está considerada como la primera escritora mística en español y el último de sus libros está considerado por algunos autores como el primer texto feminista escrito por una mujer española.
Teresa de Cartagena y Saravia nació en Burgos hacia el año 1425 en el seno de una culta familia de judíos conversos. Su abuelo paterno fue Selomó Ha-Leví, prestigioso rabino burgalés convertido al cristianismo por el año 1390 y desde entonces apellidado Pablo de Santa María. Don Pablo ocupó el obispado de Cartagena, antes de ser nombrado obispo de Burgos y de ahí tomó esta familia el apellido “Cartagena” con el que aparece en los documentos.
Teresa fue hija de Pedro de Cartagena, tercero de los hijos varones de don Pablo. Los otros fueron don Gonzalo, obispo de Sigüenza, y don Alonso, esclarecido obispo de Burgos. Tío abuelo de la escritora fue don Alvar García de Santa María, cronista de Juan II. Con esos antecedentes y criándose en ese ambiente parecen normales las inquietudes intelectuales y literarias de Teresa.
Habiendo quedado huérfana cuando frisaba los 15 años de edad, fue pronto enviada a estudiar a Salamanca, donde nos dice que estudió “pocos años” en ámbitos universitarios no oficiales, donde vivió como una joven ambiciosa y relajada (“pecadora”, dice ella). Parece ser que muy pronto le acometió una grave enfermedad de la que quedó sorda, ingresando después en una orden religiosa, que no especifica, pero que según sus comentarios pudo haber sido la Orden de San Francisco.
"La Arboleda de los enfermos", su primer libro, es un análisis en primera persona del dolor y del rechazo de sí misma provocados por la enfermedad, hasta dar a esa experiencia terrible un sentido que le permite seguir amando su persona y seguir viviendo su vida en plenitud.
La difusión pública de "La Arboleda...", que Teresa de Cartagena dedicó a una “virtuosa señora” que era doña Juana de Mendoza, esposa de Gómez Manrique, corregidor de Toledo, provocó reacciones hostiles entre los intelectuales castellanos de la época, incapaces de admitir la competencia de las mujeres para escribir y hacer ciencia. Para rebatirles, Teresa de Cartagena escribió otro tratado, "Admiraçión Operum Dey" (Admiración de las Obras de Dios), a petición de la misma doña Juana.
En él la autora identifica la causa de esas críticas con su condición de mujer, y dice:
“... como vemos por experiençia quando alguna otra persona de synple e rudo entendimiento dize alguna palabra que nos paresca algund tanto sentida, maravillámonos dello, no porque su dicho sea digno de admiraçión, más porque el mismo ser de aquella persona es asy reprobado e baxo e tenido en tal estima que no esperamos della cosa que sea buena”.Al mostrarse públicamente como autora original, Teresa de Cartagena tocó la fibra sensible de la cultura de su tiempo de tal forma que algunos de sus contemporáneos la acusaron de plagio(“anse maravillado que mujer haga tractados” –reconocía Teresa-). Ella sostuvo que la gracia divina la podían recibir indistintamente hombres y mujeres, ricas y pobres, y que su concesión era individual, es decir, indiferente al sexo, clase social, etc.
Los tratados de Teresa de Cartagena no pertenecen a la más alta categoría de la creación literaria. En cambio son un importante reflejo del pensamiento y una buena muestra de la prosa del siglo XV en Castilla. También adquieren cierto valor los tratados por pertenecer a una de las pocas escritoras de entonces. Al escribir su "Admiraçión Operum Dey", fue Teresa la primera mujer en la historia de la Península Ibérica que escribiera en defensa del derecho de la mujer a ser literata. Con un lenguaje teológico, en definitiva, plantea temas de actualidad como la capacidad “natural” que se supone a los hombres para escribir y realizar trabajos científicos e intelectuales y, en referencia a ella, de cómo se asombran, no de lo escrito y del contenido de sus obras, sino del hecho que sea una mujer la autora de esas composiciones. Teresa mantiene que los hombres y las mujeres no son iguales en todas las capacidades, sino que los papeles masculinos y femeninos se complementan por sus diferencias y rechaza la común idea medieval que la mujer era el sexo débil, previsto por Dios exclusivamente para los propósitos de ser pasiva y reproducir. Éste es el modo que utiliza Teresa para expresar su proceso de autoconciencia como escritora y de autoafirmación como mujer.
Y como sea una obra pequeña, de poca sustancia, estoy maravillada. Y no se crea que los prudentes varones se inclinan a quererse maravillar de tan poca cosa, pero si su maravillar es cierto, bien parece que mi denuesto no es dudoso, porque manifiesto no se hace esta admiración por meritoria de la escritura, mas por defecto de la autora o componedora de ella, como vemos por experiencia cuando alguna persona de simple y rudo entendimiento dice alguna palabra que nos parezca algún tanto sentida: maravillámonos de ellos, no porque su dicho sea digno de admiración más porque el mismo ser de aquella persona es así reprobado y bajo y tenido en tal estima que no esperamos de ella cosa que buena sea. Y por esto cuando acaece por la misericordia de Dios que tales personas simples y rudas dicen o hacen algunas cosas, aunque no sea del todo buena, y si no comunal, maravillámonos mucho por el respeto ya dicho. Y por el mismo respeto creo ciertamente que se hayan maravillado los prudentes varones del tratado que yo hice, y no porque en el se contenga cosa muy buena ni digna de admiración, más porque mi propio ser y justo merecimiento con la adversa fortuna y acrecentadas pasiones dan voces contra mi y llaman a todos que se maravillen dicieno: “¿Cómo en persona en que tantos males asientan puede haber algún bien?” Y de aquí se ha seguido que la obra mujeril y de poca sustancia que digna es de reprehensión entre los hombres comunes, y con mucha razón seria digna de admiración en el acatamiento de los singulares y grandes hombres, porque no sin causa se maravilla el prudente cuando ve que el necio sabe hablar.
Voy a presentar al mundo
a Aquel que todo lo ha visto,
ha conocido la tierra entera,
penetrado todas las cosas,
y en redor explorado
todo lo que está oculto.
Excelente en sabiduría,
todo lo abarcó con la mirada:
contempló los Secretos,
descubrió los Misterios,
nos ha incluso contado
sobre antes del Diluvio.
De vuelta de su lejano viaje,
agotado pero apaciguado,
grabó sobre una estela
todos sus trabajos.
Para conmemorar el "Día del libro" qué mejor que ir a los orígenes. "La Epopeya de Gilgamesh" constituye, hasta el momento, la primera obra literaria conocida. Fue
escrita en Babilonia hace unos 35 siglos. La Epopeya era un poema que se transmitía de forma oral hasta que el rey de Nínive, Asurbanipal, hizo que se transcribiera a tablillas de arcilla cocida. El idioma en que se transcribió fue el acadio y la escritura la cuneiforme.El texto narra la historia de una gran amistad, la que tuvieron Gilgamesh y Enkidu, que fue origen de grandes proezas sobrehumanas. La muerte de Enkidu fuerza al rey Gilgamesh a la búsqueda de la de la vida eterna. A lo largo de las aventuras de Enkidu y Gilgamesh se muestra mucha de la mitología babilonia, mitología que en parte fue luego asumida por las religiones judeocristianas. Tal vez el más famoso sea el mito del diluvio universal, narrado en esta epopeya muchos siglos antes de que la Biblia fuese escrita.
Como he dicho, con este largo poema comenzó todo.
En los comentarios de la entrada anterior se apuntaba que, tal vez, el humor de Poncela (lo que han llamado algunos, el jardielismo) fuera muy avanzado y que el humor de la época pudiera parecerse a lo que hoy hace un exventrílocuo famoso. Ya comenté que no compartía esa comparación. En la época de Jardiel y en la anterior hubo autores de humor de la talla de Miguel Mihura, Arniches, Muñoz Seca o Wenceslao Fernández Florez (ya quisiera el exventrílocuo parecerse en el color del pelo a cualquiera de estos). Tal vez, de esa época que va de finales del XIX a la primera mitad del XX, el escritor de humor más rompedor de todos fue Ramón Gómez de la Serna (Ramón, como le gustaba que lo llamasen), a caballo entre el absurdo, el surrealismo y creo que, en realidad, fuera de toda etiqueta. Sus "Greguerías" son imprescindibles.
A él debemos citas que son clásicos:
"Amor es despertar a una mujer y que no se indigne"
"Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte"
En la entrada correspondiente de la wikipedia encontré un enlace a youtube en el que aparece un monólogo del propio Ramón. Así que hoy no pongo un texto, que sea el propio Ramón quien nos lo cuente.
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"Prefiero ser un mono transformado que un hijo degenerado de Adán".
Paul Broca (1824-1880), cirujano y antropólogo francés.
“En primer lugar, acabemos con Sócrates, porque ya estoy harto de ese invento de que No Saber Nada es un signo de Sabiduría"
Isaac Asimov
Lo escribo en el papel y entonces el fantasma no duele tanto. Lo escribo y Mango me dice adiós algunas veces. No me retiene en sus brazos. Me pone el libertad.
Un día llenaré mis maletas de libros y papel. Algún día le diré adiós a Mango. Soy demasiado fuerte para que me retenga. Un día me iré.
Amigos y vecinos dirán, ¿qué le pasó a esa Esperanza?, ¿adónde fue con todos esos libros y papel?, ¿por qué se marchó tan lejos?
No sabrán, por ahora, que me he ido para volver, volver por los que se quedaron. Por los que no.
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