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Emily Dickinson (II)

Posted by La mujer Quijote in ,

Hay una soledad de espacio
Una soledad de mar
Una soledad de muerte, pero éstas
Serán compañía
Comparadas con ese paraje más profundo
Esa privacidad extrema
de un alma en su sola compañía -
Finita infinitud.

******

Moría por la Belleza - pero me sentía rara
Encajada en la Tumba
Cuando Uno que murió por la verdad, yacía
En una Habitación contigua -

Me preguntó en voz baja "¿Por qué había fallecido?"
"Por la Belleza", le comenté -
"Y yo - por la verdad - Ambas la misma cosa -
Hermanos somos", dijo -

Y así, como Parientes, que se encuentran en una Noche -
Hablamos de una Habitación a otra -
Hasta que el Musgo nos alcanzó los labios -
Y cubrió - nuestros nombres -

******

Dicen que "el Tiempo alivia" -
El Tiempo nunca ha aliviado -
Un sufrimiento real se endurece
Como los Tendones, con la vejez -

El Tiempo es la Prueba del Dolor -
Pero no un Remedio -
Y si tal cosa prueba, prueba también
Que no hubo Mal -

******

Uno no se atreve a nombrar la Soledad -
Se la podría más bien imaginar
Como la Plomada que desciende a su Tumba
Para medir el Tamaño -

La peor alarma de la Soledad
Es que viera por ella misma -
Y pereciera frente a ella misma
Por tan sólo un escrutinio -

El Horror de no estar vigilado -
Sino marginado en la Oscuridad -
Con la Conciencia suspendida -
Y el Ser bajo Llave -

Temo que esto - es Soledad -
La Hacedora del Alma
Sus Cavernas y sus Corredores
Que iluminan - o sellan -
 


Versión de Manuel Villar Raso

Emily Dickinson

Posted by La mujer Quijote in ,

Soy nadie. ¿Tú quién eres?
Soy nadie. ¿Tú quién eres?
¿Eres tú también nadie?
Ya somos dos entonces. No lo digas:
lo contarían, sabes.

Qué tristeza ser alguien,
qué público: como una rana
decir el propio nombre junio entero
para una charca admiradora.


Podría estar más sola
Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.


Tan lejos de la piedad como la queja
Tan lejos de la piedad, como la queja-
tan frío a la palabra -como la piedra-
inconmovible a la revelación
como si mi oficio fuera de hueso-

tan lejos del tiempo -como la historia-
tan cerca de uno mismo -hoy-
como niños, a las bufandas del arco iris-
a la puesta de sol a su juego amarillo

a los párpados en el sepulcro-
¡cuán mudo yace el danzarín-
cuando las revelaciones del color se rompen-
y resplandecen -las mariposas!