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Richard Matheson - "Nacido de hombre y mujer"

Posted by La mujer Quijote in ,

Matheson es un clásico moderno de la literatura fantástica, de terror y de ciencia ficción. Su obra más conocida es "Soy leyenda", el referente contemporáneo de las historias de vampiros. Sin embargo yo lo conocí por otra faceta, la de guionista de cine. Ha sido el guionista de dos películas indispensables, "El increíble hombre menguante" y "El diablo sobre ruedas". En ambos casos, los guiones son adaptaciones de obras propias.
Este cuento es el primero que llegó a publicar.


X - Hoy cuando apareció la luz mamá me llamó monstruo. Eres un monstruo me dijo. Vi en los ojos de mamá que estaba enojada. ¿Qué quiere decir monstruo?
Hoy cayó agua de arriba. Cayó por todas partes. Yo la vi. Vi la tierra por la ventanita. La tierra se chupó el agua como una boca que tiene sed. Bebió demasiado y se enfermó y se puso oscura. No me gustó.
Mamá es bonita yo sé. Donde yo duermo con todas las paredes frías alrededor tengo un papel detrás de la estufa. Ahí dice “Estrellas de cine”. En las figuras veo caras como las de mamá y papá. Papá dice que son bonitas. Una vez lo dijo.
Y también mamá dijo. Mamá tan bonita y yo bastante bien. Mírate dijo papá y no tenía una cara buena. Le toqué el brazo y dije está bien papá. Papá se sacudió y se fue donde yo no podía alcanzarlo.
Hoy mamá me sacó la cadena un rato así que pude mirar por la ventanita. Vi el agua que caía de arriba.

XX - Hoy está amarillo arriba. Sé que lo miro y los ojos duelen. Después de mirar el sótano es rojo.
Me parece que eso es la iglesia. Se van de arriba. La máquina grande los traga y camina y ya no está. En la parte de atrás está la mamita. Es mucho más chica que yo. Yo soy grande. Es un secreto pero saqué la cadena de la pared. Puedo ver por la ventanita todo lo que quiero.
Hoy cuando estuvo oscuro me comí la comida y unos bichos. Oí risas arriba. Me gusta saber por qué hay risas. Saqué la cadena de la pared y me la envolví en el cuerpo.
Fui despacio a las escaleras. Gritan cuando yo las piso. Las piernas me resbalan porque por las escaleras no camino. Los pies se me pegan a la madera.
Subí y abrí una puerta. Era un lugar blanco. Blanco como la luz blanca que viene de arriba a veces. Entré y me quedé quieto. Oí otra vez risas. Caminé hasta el sonido y abrí un poco una puerta y miré la gente. Era mucha gente. Pensé reír con ellos.
Mamá vino y empujó la puerta. Me golpeó y dolió. Caí para atrás en el piso liso y la cadena hizo ruido. Lloré. Mamá silbó dentro de ella y se puso la mano en la boca. Tenía los ojos grandes.
Me miró. Oí que papá llamaba. Qué cayó dijo. Mamá dijo la tabla de planchar. Ven a ayudarme dijo. Papá vino y dijo bueno es tan pesada qué necesitas. Me vio y se puso grande. Los ojos de papá se enojaron. Me golpeó. El líquido me salió de un brazo. El piso quedó verde y feo.
Papá me dijo que fuera al sótano. Tuve que ir. La luz me dolía ahora en los ojos. No era como en el sótano abajo.
Papá me ató los brazos y las piernas. Me puso en la cama. Arriba oí risas mientras yo estaba quieto y miraba una araña negra que bajaba a donde estaba yo. Pensé lo que dijo papá. Oh dios dijo. Y no tiene más que ocho.

XXX - Hoy papá puso otra vez la cadena en la pared antes de aparecer la luz. Tengo que sacarla otra vez. Papá dijo que yo era malo si iba arriba. Me dijo que no lo haga otra vez o me pegará fuerte. Eso duele.
Me duele.
Dormí de día y puse la cabeza en la pared. Pensé en el lugar blanco de arriba.

XXXX - Saqué la cadena de la pared. Mamá estaba arriba. Escuché risitas muy altas.
Miré por la ventanita. Vi toda gente chiquita como mamita y también papitos. Son hermosos.
Estaban haciendo bonitos ruidos y saltaban por la tierra. Movían mucho las piernas. Son como mamá y papá. Mamá dice que toda la gente normal es así.
Uno de los papás pequeños me vio. Señaló la ventana. Yo me fui resbalando por la pared hasta abajo en lo oscuro. Me apreté para que no me vieran. Oí las voces junto a la ventana y pies que corrían. Arriba una puerta hizo ruido. Oí a la mamita que llamaba arriba. Oí pies pesados y corrí al lugar de la cama. Puse la cadena en la pared y me acosté mirando para abajo.
Oí a mamá que venía. Estuviste en la ventana me dijo. Escuché que estaba enojada.
No te acerques a la ventana me dijo. Sacaste otra vez la cadena.
Mamá tomó el palo y me golpeó. No lloré. No puedo hacer eso. Pero mi líquido corrió por toda la cama. Mamá lo vio y se fue para atrás haciendo un ruido. Oh dios mío dios mío dijo por qué me hiciste esto. Oí que el palo caía en el piso. Mamá corrió y subió.
Dormí de día.

XXXXX - Hoy había agua otra vez. Cuando mamá estaba arriba oí a la mamita que bajaba los escalones. Me escondí en la carbonera porque mamá se enoja si la mamita me ve.
Mamita tenía una cosa pequeña viva. Caminaba en los brazos de ella y tenía las orejas en punta. La mamita le hablaba.
Todo estaba bien pero la cosa viva me olió. Corrió a la carbonera y me miró con el pelo todo duro. Hacía un ruido enojado en la garganta. Yo silbé pero la cosa saltó sobre mí.
Yo no quería lastimarla. Tuve miedo porque me mordió más fuerte que la rata. Yo la agarré y la mamita gritó. Apreté fuerte la cosa viva. Hacía ruidos que yo nunca había oído.
La apreté más. Estaba toda aplastada y roja sobre el carbón negro.
Me escondí ahí cuando mamá llamó. Yo tenía miedo del palo. Mamá se fue. Subí por el carbón con la cosa. La escondí debajo de la almohada y me acosté encima. Puse la cadena en la pared otra vez.

X - Hoy es otro día. Papá puso la cadena apretada. Me duele porque me golpeó. Esta vez le saqué el palo de la mano y después hice ruido. Papá se fue y tenía la cara blanca.
Salió corriendo de mi lugar y cerró la puerta con llave.
No estoy tan contento. Todo el día hace frío aquí. La cadena tarda mucho en salir de la pared. Y estoy muy enojado con mamá y papá. Les mostraré. Haré lo mismo que otro día.
Primero gritaré y me reiré fuerte. Correré por las paredes. Después me colgaré cabeza para abajo de todas mis piernas y me reiré y echaré verde por todas partes hasta que ellos estén tristes porque no fueron buenos conmigo.
Y si quieren golpearme otra vez los lastimaré. Sí los lastimaré.

Richard Matheson - "La futura difunta"

Posted by Arabella in ,

El hombrecillo abrió la puerta y entró; fuera quedó la deslumbradora luz del sol. Aquel hombrecillo larguirucho, de aspecto simple y ralo cabello gris, rondaría los cincuenta años o poco más. Cerró la puerta sin hacer ruido y se quedó en el lóbrego vestíbulo, en espera de que los ojos se le acostumbraran al cambio de luz. Vestía un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su pálido rostro aparecía sin transpiración a pesar del calor. Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la penumbra, se quitó el sombrero panamá y avanzó por el pasillo hasta el despacho: sus zapatos negros no hicieron ruido alguno al pisar sobre la alfombra. El empleado de la funeraria levantó la vista de su escritorio para saludarle.
- Buenas tardes.
- Buenas tardes –repuso el hombrecillo, que tenía una voz suave.
- ¿Puedo ayudarle en algo?
- Sí –respondió el hombrecillo.
Con un ademán, el empleado de la funeraria le indicó la butaca que había del otro lado de su escritorio y le dijo:
– Por favor.
El hombrecillo se sentó en el borde de la butaca y dejó el panamá sobre su regazo. Observó que el empleado de la funeraria abría un cajón y sacaba un impreso. Después, retiró una estilográfica negra de su base de ónice, y preguntó:
– ¿Quién es el difunto?
– Mi esposa –dijo el hombrecillo.
El empleado de la funeraria emitió un cloqueo de condolencia.
– Lo siento.
–Ya –replicó el hombrecillo con una mirada inexpresiva.
– ¿Cómo se llamaba?
Marie Arnoid –respondió el hombrecillo en voz baja.
El de la funeraria escribió el nombre.
– ¿Dirección?
El hombrecillo se la dio.
– ¿Está ella allí ahora?
– Si, está allí –respondió el hombrecillo.
El otro asintió.
– Quiero que todo sea perfecto –dijo el hombrecillo–. Quiero lo mejor que haya.
– Claro, claro, por supuesto.
– No me importa lo que cueste –insistió el hombrecillo. Su garganta osciló cuando tragó saliva.
– Ahora ya no me importa nada. Salvo esto.
– Lo comprendo –dijo el de la funeraria.
– Quiero lo mejor que tenga –volvió a insistir el hombrecillo–. Ella es preciosa. Debe tener lo mejor.
– Lo comprendo.
– Siempre tenía lo mejor. Yo me encargaba de ello.
– Claro, claro.
– Asistirá mucha gente –comentó el hombrecillo–. Todo el mundo la quería. Es tan hermosa..., tan joven...
Tiene que darle lo mejor. ¿Me comprende?
– A la perfección –le aseguró el de la funeraria–. Le garantizo que quedará más que satisfecho.
– Es tan hermosa –repitió el hombrecillo–. Tan joven.
– No lo dudo –asintió el de la funeraria.
El hombrecillo permaneció sentado, sin moverse, mientras el empleado de la funeraria le formulaba unas preguntas. El tono de voz del hombrecillo no varió mientras hablaba. Sus ojos parpadeaban tan de vez en cuando que el empleado no los vio moverse ni una sola vez. El hombrecillo firmó el impreso ya rellenado y se incorporó. El de la funeraria hizo lo propio y rodeó el escritorio.
– Le garantizo que quedará usted satisfecho –dijo al tiempo que le tendía la mano.
El hombrecillo se la estrechó. La palma de su mano estaba seca y fría.
– Dentro de una hora iremos a su casa –le indicó el agente funerario.
– Perfecto –repuso el hombrecillo.
El empleado avanzó por el pasillo, al lado del cliente.
– Para ella quiero que todo sea perfecto –dijo el hombrecillo–. Sólo lo mejor.
– Todo saldrá tal como usted desea.
- Se merece lo mejor. –El hombrecillo miró al frente con fijeza–. Es tan hermosa. Todo el mundo la quería.
Todo el mundo. Es tan joven, y tan hermosa...
– ¿Cuándo ha muerto? –preguntó entonces el de la funeraria.
El hombrecillo no pareció haberle oído. Abrió la puerta, salió a la luz del sol y se puso el panamá. Había recorrido ya la mitad de la distancia que lo separaba de su coche cuando, con una leve sonrisa en los labios, contestó:
– En cuanto llegue a casa.