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David Foster Wallace - "Todo es verde"

Posted by La mujer Quijote in ,

Ella dice “me da igual que me creas o no, es la verdad, puedes creer lo que quieras”. Por tanto, está claro que está mintiendo. Cuando dice la verdad se vuelve loca intentando que la creas. Por tanto creo que la he pillado.
Enciende un cigarrillo y aparta su mirada de mí, tiene un aspecto perverso con el cigarrillo encendido y mirando por la ventana mojada, y no sé muy bien qué decir.
Le digo “Mayfly, no sé muy bien qué hacer ni qué decir y ya no me creo nada de ti”. Pero hay cosas que sí sé. Sé que soy mayor y tú no. Y te doy todo lo que tengo que darte, con las manos y con el corazón. Todo lo que tengo dentro te lo he dado. He estado aguantando y trabajando duro todos los días. Te he convertido en la razón por la cual hago todo lo que hago. He intentado construir una casa para dártela, para que vivas en ella, y he intentado que sea un sitio agradable.
Enciendo otro cigarrillo y tiro la cerilla en el fregadero junto con otras cerillas, platos sucios, una esponja, y cosas de esas.
Le digo “Mayfly, mi corazón la ha pasado mal por ti, pero ya tengo cuarenta y ocho años”. Ya es hora de que no me deje arrastrar por las cosas. Tengo que tomarme una parte del tiempo que me queda para intentar sentirme bien conmigo mismo. Tengo que intentar sentirme como debería. Dentro de mí tengo necesidades que tú ya ni siquiera puedes ver, porque tú tienes demasiadas necesidades que te las tapan.
Ella no dice nada y yo miro por su ventana y noto que ella sabe que yo sé la verdad, y cambia de postura en mi sofá de jardín. Lleva unos pantalones cortos y se sienta encima de las piernas.
Le digo “no importa en realidad lo que he visto o lo que he creído ver”. Esa ya no es la cuestión. Sé que soy mayor y tú no. Pero ahora me siento como si yo te lo diera todo y tú ya no me dieras nada.
Tiene el pelo recogido con un pasador y varias horquillas y la barbilla apoyada en la mano, es muy temprano, parece que ella está fantaseando con salir afuera, a la luz brillante que hay al otro lado de la ventana mojada, junto a mi sofá de jardín.
“Todo es verde” dice ella. Mira que verde es todo Mitch. Como puedes decir que sientes todo eso cuando fuera todo es tan verde.
La ventana que hay junto a mi cocina se ha limpiado gracias a las lluvias torrenciales de anoche y muestra una mañana soleada, todavía es temprano y fuera todo está muy verde. Los árboles son verdes y la hierba más allá de los badenes es verde y está empapada. Pero no todo es verde. Las demás caravanas no son verdes, y mi mesa de camping que está ahí fuera toda llena de agua y de latas de cerveza y de colillas flotando en los ceniceros no es verde, ni tampoco mi camioneta, ni la gravilla del aparcamiento, ni ese juguete de ruedas enormes tirado de lado bajo una cuerda de tender vacía de ropa junto a la caravana de al lado, en donde vive un tipo con unos niños.
Todo es verde dice ella. Lo dice con un susurro y yo sé que ese susurro ya no es para mí.
Tiro mi cigarrillo y le doy la espalda a la mañana con el regusto en la boca de algo que es del todo cierto. Me giro y la miro sentada bajo la luz en mi sofá de jardín.
Ella está mirando fuera, sentada en el sofá, y yo la miro a ella, y hay algo en mi que no consigue cicatrizar cuando la miro. Mayfly tiene un cuerpo hermoso. Y ella es mi mañana. Digo su nombre.

David Foster Wallace - "Encarnación de una generación quemada"

Posted by La mujer Quijote in ,

Wallace, pese a lo cortedad de su obra, dos novelas, algunas colecciones de relatos y varios ensayos, se convirtió en una de las figuras más importantes de la literatura estadounidense de los últimos cuarenta años. Su mirada sobre la sociedad en la que vive es una mirada triste, mirada que comparte con otros autores de su generación como Lorrie Moore o Amy Homes.

El papá estaba al otro lado de la casa instalando una puerta para un inquilino cuando oyó los alaridos del niño y la voz de la mamá que se alzaba entre los gritos. Era una persona que se movía deprisa y, como el porche trasero daba a la cocina, antes de que la puerta mosquitera se hubiera cerrado a sus espaldas con un portazo, el papá abarco con la mirada toda la escena, la olla volcada sobre el suelo de baldosas delante de la cocina, la llama azul del quemador y el charco de agua en el suelo todavía humeante que se extendía en muchos brazos, el pequeñín con su abultado pañal, rígido, con el pelo despidiendo vapor y el pecho y los hombros de color escarlata, los ojos en blanco, la boca abierta y desencajada que de algún modo parecía independiente de los sonidos que emitía, la mamá, una rodilla en tierra, que lo secaba inútilmente con el paño de la cocina y que respondía a los aullidos del nino con sus gritos, histérica, casi paralizada. Una de sus rodillas y los suaves piececitos descalzos estaban aun en el charco humeante, y el primer movimiento del papa fue coger al niño por los sobacos, alzarlo y llevarlo al fregadero, de donde aparto los platos y abrió el grifo al máximo para que subiera el agua fría del pozo y corriese sobre los pies del niño, mientras con la mano ahuecada recogía y derramaba o arrojaba más agua fría sobre la cabeza, los hombros y el pecho, con el deseo, antes de nada, de ver que dejaba de salirle vapor, la mamá, junto a su hombro, siguió invocando a Dios hasta que la mando a por toallas y gasa si la tenían, el papá que se movía con rapidez y precisión, la mente masculina vacía de todo excepto de capacidad de decisión, sin percatarse todavía de con cuanta suavidad se movía o de que había dejado de oír los alaridos porque oírlos le habría paralizado y le habría impedido hacer lo que tenía que hacer para ayudar a su hijo, cuyos gritos eran tan regulares como su respiración y duraban tanto que se habían convertido en otra cosa más de la cocina, algo más que era necesario evitar deprisa. Fuera, la puerta lateral del inquilino montada sólo a medias colgaba de la bisagra superior y se movía ligeramente a causa del viento, y un pájaro posado en el roble al otro lado del camino que llevaba a la casa parecía observar la puerta con la cabeza ladeada mientras del interior seguían saliendo gritos. Las quemaduras más graves parecían ser las del hombro y el brazo derechos; el rojo del pecho y del estomago estaba transformándose en rosa bajo el agua fría y las tiernas plantas de los pies no tenían ampollas que el papá pudiera ver, aunque el pequeñín todavía apretaba los puños y chillaba, pero ya únicamente como reflejo por el miedo que el papá sólo más tarde sabría que creyó posible, la carita hinchada y las venas que sobresalían como cuerdas en las sienes y el papá seguía diciendo que estaba allí, que estaba allí, mientras la adrenalina disminuía y la indignación con la mamá por permitir que sucediera aquello empezaba a acumularse en volutas en el fondo de su espíritu aunque todavía a horas de distancia de que llegara a expresarla. Cuando la mamá regresó no estaba seguro de si convenía envolver al niño con una toalla o no, pero la mojó y lo envolvió apretando y luego alzó al bebé para sacarlo del fregadero y colocarlo en el borde de la mesa de la cocina para calmarlo mientras la mamá trataba de ver el estado de las plantas de los pies, y agitaba una mano en las proximidades de su boca al tiempo que profería palabras sin sentido y el papá se inclinaba hasta que su rostro estaba a la altura de la cara del niño sobre el borde ajedrezado de la mesa, y repetía la obviedad de que estaba allí al tiempo que trataba de calmar los gritos del pequeño, si bien el niño aún chillaba de manera entrecortada, un sonido agudo puro brillante, que podría haberle parado el corazón, y los labios mordisqueados y las encías que ahora parecían teñidas con el azul suave de una llama baja pensó el papa, mientras el niño gritaba de dolor como si aún estuviera bajo la olla volcada. Un minuto o dos como aquellos, que parecieron mucho mas largos, con la mamá al lado del papá hablando con voz cantarina ante el rostro del niño y la alondra en la rama y con la cabeza ladeada y la bisagra que comenzaba a mostrar una grieta blanca por el peso de la puerta inclinada hasta que la primera voluta de vapor salio, perezosa, por debajo del borde de la toalla que envolvía al niño y los ojos de los padres se encontraron, desorbitados: el pañal, que cuando retiraron la toalla y recostaron al pequeñín sobre el hule ajedrezado y despegaron los belcros reblandecidos y trataron de quitárselo, se resistió levemente con acompañamiento de nuevos alaridos; el pañal estaba caliente, el pañal de su bebé les quemaba las manos y vieron entonces donde había caído la mayor cantidad de agua y donde se había acumulado y había estado quemando al pequeñín todo aquel tiempo mientras aullaba para que le ayudaran y no lo habían hecho, no lo habían pensado y cuando se lo retiraron y vieron el estado de lo que estaba allí, la mamá pronunció el nombre de su Dios y se agarró a la mesa para mantenerse en pie mientras el padre se volvía y lanzaba un directo al aire de la cocina y se maldecía a sí mismo y al mundo, aunque no por última vez, mientras su hijo podría haber estado dormido ahora si no fuera por el ritmo de la respiración y los minúsculos movimientos convulsos de sus manos en el aire por encima de donde estaba tumbado, las manos del tamaño del pulgar de un adulto que habían agarrado el pulgar del papá en la cuna mientras miraba el movimiento de la boca del papá al cantar, la cabeza de lado y dando la sensación de ver algo mucho mas allá, con una mirada que causó al papá un extraño sentimiento de desamparo. Si no has llorado nunca y quieres hacerlo, ten un hijo. Te romperá el corazón dentro del pecho, eso es lo que hará un hijo, es la gangosa canción que el papá oye de nuevo como si la dama del country estuviera allí con él contemplando lo que habían hecho, aunque horas mas tarde lo que el papá menos se perdonaba era lo mucho que deseaba un cigarrillo, precisamente entonces, cuando le pusieron un pañal como mejor sabían, hecho de gasa y dos toallas pequeñas cruzadas y el papá lo alzó como un recién nacido con la cabeza en la palma de una mano y lo llevó corriendo hasta la furgoneta recalentada y quemó los neumáticos todo el camino hasta la ciudad y la sala de urgencias de la clínica, con la puerta del inquilino colgando abierta todo el día hasta que cedió el gozne, pero para entonces era demasiado tarde, cuando la cosa no cesaba y ellos no lograban detenerla y el niño había aprendido a abandonarse y contemplar todo lo que quedaba por suceder desde un lugar mas alto, y lo que se hubiera perdido carecía ya de importancia desde entonces, y el cuerpo del bebé se expandió y anduvo de aquí para allá y recibió mensualidades y vivió su vida sin que nadie lo habitara, una cosa más entre las cosas, su alma suspendida en lo alto como una nube de vapor, cayendo como lluvia y luego alzándose, el sol arriba y abajo como un yoyó.

Queen - Wallace & Gromit - "Bohemian Rhapsody"

Posted by Arabella in , , , ,

No es que sea fan suyo pero no hay duda de que Queen tendrá siempre un lugar destacado en la historia del Rock. F. Mercury fue poseedor de una voz y una técnica de canto que se ve poco en el mundo de la música popular.
Wallace y Gromit son dos personajes de animación. Wallace es un inventor con ideas un tanto descabelladas, a quien le fascina el queso (especialmente de la variedad Wensleydale) y propietario del perro Gromit, el cual suele ser más inteligente que su amo. Sus aventuras son para no perdérselas.
Hasta ahora, mis vídeos eran, siempre que era posible, temas interpretados por sus autores o interpretes originales. En este caso hay un pequeño cambio.