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Badr Shakir al-Sayyab (II)

Posted by La mujer Quijote in ,

Los poemas pertenecen al volumen El canto de la lluvia de 1960 (en español se publicó en 1996).
La versión es la de Carolina Fraile Conde.



GARCÍA LORCA
En su corazón hay una hoguera,
su fuego alimenta a los hambrientos,
el agua, por su calor, hierve.
Su diluvio purifica la tierra de maldades,
sus pupilas tejen una vela de llamas
uniendo con los husos de la lluvia
sus hilos, con unos ojos que chispean,
con los pechos de las madres al amamantar,
con cuchillos donde se derrama el sabor del fruto,
con los cuchillos de las matronas al cortar el cordón umbilical,
con los cuchillos de los invasores que muerden los rayos,
su vela húmeda como la luna,
su vela fuerte como las piedras,
su vela rápida cual mirada furtiva,
su vela verde cual primavera,
roja teñida de sangre,
se asemeja al barquito de un niño que al hacer pedazos el libro
llena con barquitos de papel el río.
Se diría que fuese la vela de Colón entre las olas.
Se diría que fuese el Hado.


OSCURECER
Cuando aparta la luz
que arroja la hoguera
de tu cara la tiniebla
y murmura la oscuridad
sus sombríos gemidos
sobre tu cara,
susurran tus ojos
toda la tristeza de los tiempos,
todas sus fiestas,
las alegrías de sus nacimientos,
las algarabías de las ofrendas,
¡sus flores y sus vinos!

Luz y tiniebla:
leyenda grabada sobre las rocas.
Cuántas veces se protegió con el fuego
de un fiero león
y cuántas veces espantó a los tigres
el hombre de aquellas épocas
¡con la luz y el fuego!
¡Apaga nuestra lámpara! ¡Apágala!
Apaguemos el horno
y ocultemos allí el pan
para que no hagan regresar las rocas
una leyenda de fuego que sigue girando
hasta convertirse su principio
en nuestro final. La noche de las tumbas
es su principio.
Quedémonos en la oscuridad
para que no nos vean los tigres
que rondan en las sombras
esperando expulsar a los vivos
de un bosque en el cielo
con las rocas y el fuego
y ¡mancillar las tumbas!


EL RÍO Y LA MUERTE
1
Buwayb...
Buwayb...
Campanas de una torre que se pierde en el fondo del mar.
El agua en las jarras, el ocaso en los árboles,
vierten las jarras campanas de lluvia,
su cristal se funde en un gemido
"Buwayb...Buwayb"
Se oscurece en mi sangre la nostalgia
por ti, ¡oh, Buwayb!
¡Oh, mi río triste como la lluvia!
Desearía correr en las tinieblas,
apretar mis puños que llevan los deseos de un año
en cada dedo como si yo llevara ofrendas
hacia ti de trigo y flor.
Desearía dominar las cimas de las colinas
para ver la luna
cómo penetra entre tus orillas, esparce sombras
y llena los cestos
de agua, peces y flores.

Quisiera adentrarme en ti, perseguir la luna,
oír a los guijarros tintinear a tu paso en la quietud
con el piar de miles de pájaros sobre los árboles.
¿Bosque de lágrimas eres tú o río?
Los peces velan, ¿duermen al alba?
Y estas estrellas, ¿siguen esperando
alimentar con seda a miles de agujas?
Y tú Buwayb...
Quisiera ahogarme en ti, recoger madreperlas
para levantar con ellas una casa
que iluminase junto al verdor de las aguas y los árboles
la luz que derraman las estrellas y la luna,
mientras inmerso en ti voy al alba con la baja mar hacia el mar.
Pues la muerte es un mundo misterioso que seduce a los pequeños,
y su puerta oculta está en ti, Buwayb.

2
¡Buwayb... Buwayb!
Veinte años pasaron, como siglos cada año.
Hoy, cuando envuelven las tinieblas
y reposo en el lecho sin dormir
y agudizo los sentidos: árbol al alba
lleno de ramas, pájaros y frutos alertas,
siento que la sangre y las lágrimas como la lluvia
las derrama el mundo triste:
campanas de muertos en mis venas estremecen al llanto,
se densa en mi sangre la nostalgia
por una bala cuyo hielo repentino atraviesa
las entrañas de mi pecho como si el infierno quemara mis huesos.
Quisiera correr a ayudar a los combatientes,
apretar mis puños, abofetear al destino.
Quisiera ahogarme en mi sangre hasta el abismo
para llevar la carga del mundo junto a la humanidad
y resucitar la vida. ¡Mi muerte es victoria!

Badr Shakir al-Sayyab

Posted by La mujer Quijote in ,

Poeta iraquí considerado el gran renovador de la poesía árabe. Antes que él, los románticos, los neoclásicos y los simbolistas, influenciados por occidente, habían intentado modernizar la estructura tradicional de la poesía árabe, la casida, aunque no llegaron a romper con ella. Al Sayyab, con la introducción del verso libre (como también había hecho Nazik al Malaika) revoluciona tanto la forma como el fondo (resultaba difícil tratar temas actuales manteniendo una estructura arcaica).
Los poemas pertenecen a "El templo sumergido" de 1962.
La versión es la de Carolina Fraile.

El poeta maldito
"a Charles Baudelaire"

Llevas a la lucha tu espada oxidada,
se agita en una mano que casi abrasa al cielo
por su sangre inflamada e iluminada,
queriendo desgarrar al aire.
Reúnes a las mujeres
en una mujer cuyos labios son sangre sobre hielo
y su cuerpo engañoso y necio
es una víbora caminando, almohada sobre el lecho...
No quieres
abrir los tragaluces para que entre la luz,
para no sentir que es vida.
Oriente alza ante tus ojos los velos,
casi abrazas la belleza junto al trono de Dios,
casi la ves
relucir en una nube de fragancia y luz.
La ves en el pezón de un seno que enciende las estrellas
con su rojez...
La muestras saliendo
de una tumba, la arrastra la nube de humo,
a su sombra pobre fugitiva duerme
un príncipe rodeado de copas y esclavas,
su grandiosa morada en ruinas
es una de las islas del coral,
mar que purifica a Lesbos con salobre.
Tu espíritu lo bebe desde el eco al abismo
cual si Safo te heredara un fuego en las venas,
y tú no abrazaras sino tu eterno sueño
como quien abraza su espectro asomado a un cristal.
¡Fuego de Narciso, Tántalo y los frutos!
Se diría que la indolente y lánguida África
(sus ríos caudaloros, los atabales,
sus espesos bosques de sombras y lluvia,
su húmeda sequía... la luna)
se envolviera en una mujer que perdió el honor,
y mamaras de ella veneno y llamas,
y sobre ella gotearas tu extraña pócima...
Se diría que desde la nube de humo y noche
te alzaras, entre un mundo que tensan los latidos del oro
y un mundo de imaginación y pensamientos,
desde un muro de embriaguez,
tras su sombra te acurrucas sin que te hiera la humanidad.
Entré por tu pecaminoso libro
al huerto de la sangre que arde con las flores,
bebí el néctar de sus letras,
senos de una loba en las estepas,
su leche es furia
y su sombra fecundidad.
Me sumergí, las olas me golpeaban
arrojándome de una orilla a otra vieja orilla.
Llevé desde su abismo la madreperla del castigo
te la llevo a ti.
¡Tiéndeme las manos!
¡Aparta las rocas y la tierra!


Ciudad del espejismo
Crucé Europa hacia Asia
mientras se ocultaba el día.
Se diría que los montes y los mares
fuesen colinas y riberas de la acequia
donde brincaran los niños.
Del alba al ocaso
se abrazan norte y sur,
duermen las praderas en los desiertos.
Tú, mi amante, te asemejas a las estrellas lejanas,
se diría que entre nosotros hubiese un muro de sueños.
Mis manos te abrazan, exprimen un cadáver inerte,
como si abrazase mi sangre sobre piedras
en una casa cuyos ladrones fuesen los vientos, el mediodía, las nubes,
su tarde la quietud y las estrellas,
y su aurora una espera.
Los años se extienden ante nosotros: sangre y fuego,
les tiendo puentes
pero se vuelven un muro.
Y tú sigues en el abismo de tus profundos mares.
Me sumerjo sin tocarlos, me golpean las rocas,
descarnan las venas de mis manos, pido ayuda: "¡Wafiqa!
La criatura más cercana a mí eres tú, compañera
de los gusanos y las sombras".
Durante diez años he caminado hacia ti, amante que duermes
conmigo detrás de su muro, duermes en su mismo lecho,
y no tiene fin mi viaje
hacia ti, ¡ciudad del espejismo, destrucción de su vida!
Crucé Europa hacia Asia
mientras se ocultaba el día,
tú eres mi amante, ciudad alejada,
cerradas están sus puertas, tras ellas me detengo a escuchar.


Te fuiste
Te fuiste. Se alejó tras de ti el día
cual ocaso,
como si de sus hilos sacases oro puro.
Amenazaron los senderos con romperse
como ellos me quebré, en mi sueño se nubló el sur
abrumado por el otoño.
Se desnudaron las vides, los arroyos se extinguieron y el susurro
murió en las copas de las palmeras, los caminos,
en su silencio, esperan.
Alcoholó tus ojos el negro de un fuego que
creció por tu corazón, desde los brotes de los senos,
me grita cuando miras: ¡Tú, encendida
eres un volcán de rosas!
Ojalá hubiera atado tus ojos al día,
a un mañana sediento de mi sangre.
¡Qué cielo incendiaron las estrellas al temblar!
Se densó la oscuridad por el rocío de la lluvia.
Me miraste desde tu quietud igual que las nubes
esconden, cuando engriesen, a las flores.
¡Oh, mirada!, su ardiente viento me arranca
hacia las verdes orillas de un río
donde me ahogo. Ilumíname y apaga la llama.
¡Oh, mirada! Mi corazón tensa una cuerda al cielo,
su amargura le silba la canción de la luna!