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Deseo

Posted by La mujer Quijote in ,

¿Será este el año?
El jueves la solución.
Descarto a Thiong'o por estar muy cercano el de Gurnah y ya se sabe cómo va esto. 
 
Actualizado 05/10/23. Pues no, no lo fue.

Adonis (V)

Posted by La mujer Quijote in ,

Mi candidato al Nobel de dentro de tres días. De mi terna de favoritos, la que forma con Thiong'o y con Farah (mis candidatos clásicos, Achebe y Djebar, se han ido muriendo), me inclino por él por su origen sirio (la política siempre interviene, aunque los méritos poéticos de Adonis sean más que suficientes). De todas formas mi capacidad adivinatoria sólo funcionó el año de Trastömer y porque parecía demasiado evidente.
Los poemas pertenecen a "Epitafio para Nueva York".
La versión es la de Federico Arbós.


VI
Entre Harlem y Lincoln Center
avanzo, negra el alba, cual número perdido en un desierto
lleno de dientes. No había nieve ni viento. Anduve
como quien persigue un espectro (su rostro no es rostro,
sino herida o llanto; su figura no es figura, sino
rosa marchita). Un espectro (¿hombre? ¿mujer? ¿ambas
cosas?) que acecha el firmamento con un arco al
pecho. Pasó una gacela y advirtióla a gritos la tierra.
Llegó un pájaro y le avisó la luna. Y supe que volaba
para atestiguar el renacimiento del Indio Americano
en Palestina y sus pueblos hermanos,
     pero el espacio es una cinta de balas
     y la tierra una pantalla de muertos.




Whitman, cúmplase ya nuestra hora. De mis pensamientos
hago una escalera, con mis pasos tejo una almohada.
Esperaremos. El hombre muere, pero es más duradero
que la tumba. Cúmplase ya nuestra hora. Espero
que corra el Volga entre Manhattan y el Queens. Espero
que desemboque el Huang Ho junto al Hudson.
¿Te sorprende? ¿Acaso no desembocaba el Orontes
en el Tíber? Cúmplase ya nuestra hora. Oigo un estruendo
terrible: Wall Street y Harlem se reúnen: júntense
las hojas y el trueno, el vendaval y el polvo.
Cúmplase ya nuestra hora. Las conchas construyen
sus nidos en la ola del tiempo. El árbol conoce su
nombre. Y hay agujeros en la piel del mundo, un sol
que altera la máscara y el fin y solloza en un ojo
negro. Cúmplase ya nuestra hora. Podemos girar más
aprisa que la rueda, podemos romper el átomo y flotar
en un cerebro electrónico pálido o radiante, vacío
o lleno. Podemos fundar un hogar para los pájaros.
Cúmplase ya nuestra hora. Hay un pequeño libro
rojo que se alza. No la madera que se astilla bajo las
palabras, sino la que se ensancha y crece, la madera
de la locura sabia y la lluvia que cae limpia para ser
heredera del sol. Cúmplase ya nuestra hora. Nueva
York es una roca que baja rodando por la frente del
mundo. Su sonido en tu traje, en el mío: sus chispas
tiznan tus miembros y los míos... Podría ver el final,
pero ¿cómo convencer al tiempo para que me deje
durar hasta entonces? Cúmplase ya, el hacha en alto,
nuestra hora. Y que flote el tiempo en el agua de
esta ecuación:

NUEVA YORK + NUEVA YORK = La tumba o cualquier
cosa que venga de la tumba.
NUEVA YORK – NUEVA YORK = El sol.





WALT WHITMAN,
veo cartas que por las calles de Manhattan van hacia ti volando.
Cada carta es un carro lleno de perros y gatos.
Esta es la era americana: El siglo veintiuno, para los
gatos y los perros; para los hombres, el exterminio.

Adonis (IV)

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Los poemas pertenecen al poemario "El teatro y los espejos" de 1988.
La versión es la de María Luisa Prieto.




ROSTRO DE MUJER
Vivo en el rostro de una mujer
que habita en una ola
a la que la marea empuja hacia una playa
cuyo puerto se pierde en sus conchas.
Vivo en el rostro de una mujer
que me hace morir, que quiere ser
faro apagado
en mi sangre que navega
a los confines del delirio.


LA MUERTE
Cuando vi a la muerte en mi camino,
vi mis pensamientos
y vi mi cara,
locomotora de niebla desplegada,
esculpido en el suelo,
busqué refugio en el relámpago.


EL SUEÑO
¿Te ocultas? ¿Te desvaneces?
Sé que eres, viajero,
chispa, perla y ola de extravío
que se aleja y regresa con las estaciones.
He visto tu fuego en el campo,
tus ojos como alas y tu rostro alto como el horizonte
que aprieta los soles y lava la afligida tierra.
¿Te ocultas? ¿Te desvaneces?
He visto tu rostro en el campo,
agua que viaja por las raíces
hacia sus extrañas ciudades
en la hierba,
en el río de las estaciones.


ESPEJO DE UN SUEÑO
El héroe, en vela cual ola
duerme.
Nuestra tierra es una niña que duerme
sin cabeza y sin almohada
y el rojo pensamiento depredador
es un cadáver dormido.
¡Oh, ceniza de los miembros!
¡Oh, vías de los humores
de mi cuerpo, del cuerpo del arabismo!
¿Desde cuándo y cómo despertaré a los durmientes?

Adonis (III)

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Los poemas pertenecen al volumen "Singulares" de 1977. La versión es la de Trino Cruz y Khalid Raissouni.




Página de una historia secreta de la muerte —>
Propágate oh vapor, oh sangre mía y acompaña mis
prolongaciones
allí hay olas que llegan desde orillas invisibles
y que dicen ser mis prolongaciones
allí hay una arcilla que encubre su nombre
una letra desterrada de su voz
un horizonte al borde de otro horizonte
que dice ser mis prolongaciones
y entre un músculo y otro músculo deshabitado
que dicen ser mis prolongaciones.

Y tú, flor de los dolores, dótame de otras posibilidades
que seas maternidad              flor con tus miles de estambres y
pistilos,
de cúpulas y corolas oh dótame — acuérdate de mi rostro
sobre el que te inclinabas cada vez que el agua o el aire
nos reunía para descifrar la muerte
nuestros olores se mezclaban
y nuestros miembros crecían gemelos.

Entonces yo te decía: «Te vas a morir prendida por
el agua.»
tú me decías: «Te vas a morir prendido por el sol.»
Pero,
en el momento en el que tú entre mis ojos te marchitas  —>
nada nos separa más que una llama, una llama
y los dédalos del domingo, del sábado, del viernes, del
jueves.
Asocio en ti el deseo con el sabor a tierra,
y la alegría con el aroma de la muerte
y aquí está mi cuerpo
tatuado con manchas amargas
que trepan entre mis palabras
se espesan las malezas del insomnio
se elevan ante mí las montañas
duermen los árboles
y cada piedra tiene dos orejas con las que me oye.

Yo me figuraba que la mano fue una mano
que el rostro fue el rostro
y era aquello una pura complicidad con la arena.



5
La tierra no era una herida
sino un cuerpo
¿cómo seria posible entonces el viaje
entre la herida y el cuerpo
y cómo asentarse allí?

Pero la herida empieza a convertirse en palabras
y el cuerpo se convierte en pregunta —>
Se quebró una brizna de hierba, de su tallo salió una
mariposa
y de su cabeza un brote del color del deseo.
Yo uní un elemento con otro
mezclé el follaje con el tronco
los ramajes con la arcilla
y dije: «Es precisamente de allí que vendrá el futuro.»

Así crecen los árboles con semblanza humana
humanos con semblanza de nubes
y dije: «A mí me pertenece el trono de Sannin
y a Sannin el poder de las nubes.»
Y empezó a redoblar como una campana
con el sol detrás suya como si fuera una cabra extraviada.

Poco a poco el sol me llevaba hacia la ruina y un agua
en él me enloquecía
me dije: «Desciendo entre las ramas en la música de
las manzanas
y de las cerezas.»
Cuando del lado de las cerezas vino una voz
y la cima del Sannin llegó desnuda
         (Sannin: un cuerpo vestido solo de nubes       que el
viento desnuda)

«Poned las tablas
para que se acerque este hombre erguido.»
Me senté para ver
luego me levanté, anduve descalzo bajo una lluvia que
se reía
y el aire era una quejumbrosa flauta
nombré pie al espacio y me dirigí hacia el camino.
«¿Cuándo alcanzará el umbral?», oí el viento
preguntándole al viento
«¿Cuándo pondrán las tablas?», oí a la piedra
preguntándole a la piedra
¿Cuándo saldrá del día
éste que se eleva como un número y cuyos nombres
son el fuego?

¿Por qué palideces en sus ojos, oh mundo?
¿es su rostro el que confunde y ciega?
Córtate en dos
hiéndete, oh mundo, derrúmbate
tú eres la hoja, él es la chispa
y la locura dinamita sus entrañas.

Él cantó, como antaño cantaron sus amigos los
poetas-bandoleros
entre Damasco y la Meca
tu mano no es tuya para cogerlo
ni siquiera tus ojos son tuyos para verle
él habita un lugar invisible:
la libertad
y tú, encarcelas la ilusión
mientras que él
poco a poco
encarcela al tiempo
y lo arroja en la fuente de sus palabras.

¿Acaso envejece el viento?
¿puede el horizonte forcejear en una tela de araña?

Sannin oía y veía,
pero no hablaba:
los que sí hablaban eran sus objetos.
Cuando oí el saludo de las piedras
huí y empecé a tropezar con las piedras
cuando me incliné para recogerlo
oí su canto bajo mi palma
oí la melancolía de un árbol
cuyo tronco ante mí temblaba como un estanque.

El árbol me dijo: Acércate. Mis pies me dijeron: No te
apresures. Vi el Sannin dormir en una nube
y se despertó rápidamente
y entre sus ojos tenía un sueño que se parecía
a mis propios sueños —>

Adonis (II)

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Los poemas pertenecen a "Celebración del claroscuro" publicado en 1988. La traducción directa del árabe es de María Luisa Prieto.

Celebración de la soledad
Soledad: jardín
con un solo árbol.

Sé ausencia
para permanecer como pregunta.

El arco iris juró
vagar eternamente
porque perdió su primera casa.

Ayer, al despertarme,
vi al sol frotarse los ojos
en el cristal de mi ventana.

Las palabras que conozco se han tornado
bosque de tristeza.

¿Por qué aquella noche sentí
que el cielo era la guitarra de la noche
y las estrellas sus cuerdas rotas?
¿Será porque dormí solo?

Ahora sé por qué
alaban, a veces, a las tinieblas
los que no sueñan más que con la luz.

Puedes protegerte contra todo
menos contra el tiempo.


Celebración de la realidad
Por alto y radiante que sea el deseo
no puede tocar el cuello del sol.

La realidad es la flor más marchita
en el jardín de las palabras.

Realidad: sueño que no visita
ni hace amistad
más que con los párpados durmientes.

A veces el cuerpo parece un árbol
cuyo más bello fruto, el sueño,
no se puede recoger.

No hay diálogo entre el fuego y el agua:
un abrazo
hasta extinguirse.

La realidad
en la que se han convertido los caminos de la derrota
es la única
que conduce a los caminos de la libertad.

El olvido tiene una guitarra
en la que el recuerdo toca
sus calladas tristezas.


Celebración del claroscuro
La vida es el elixir de la muerte,
por eso la muerte no envejece jamás.

El mar no sabe bailar
ni dormir
más que desnudo.

Amor: eternidad que dura un solo instante.
Odio: instante que dura como si fuera eterno.

La playa usa el tiempo
para permanecer sentada.
Las olas usan el tiempo
para permanecer en movimiento.

La alegría tiene alas
pero no tiene cuerpo.
La tristeza tiene cuerpo
pero no tiene alas.

La rosa es la estación del ojo,
su perfume, la estación del corazón.

Ola: guitarra
cuyas cuerdas son las playas.

El desierto se fue lejos por amor al sol.
Así se quemó.
La ceniza tiene siempre mirada de despedida.
El fuego tiene siempre mirada de encuentro.

Jardín: mujer
cuyo cuerpo es la tierra
y la hierba el vestido.

Rosa: barco que navega por el aire
con un solo pasajero: el perfume.

¿Es pecado el deseo?
Tal vez, a veces.
Pero el placer
es siempre casto.

Adonis

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Adonis es el seudónimo de Ali Ahmad Said Esber, poeta y ensayista sirio aunque nacionalizado libanés. Está considerado como el máximo exponente de la poesía árabe contemporánea. Su obra suele tener un fuerte tono social y político. Es una poesía que pretende conectar oriente con occidente ("¿Quieren conocer Occidente? Entonces aprendan a conocer el Oriente") relacionando mitos occidentales (Ulises u Orfeo) con la mística islámica o confrontando las cosmovisiones árabe y europea.
Ha sido un candidato habitual al Nobel, aunque me temo que dada su edad y que no toca un poeta hasta dentro de cuatro o cinco años (predicción mía sin más fundamento que la intuición, antes de volver a un poeta habrá de recaer el premio en un exótico -este puede ser el año de Thiong'o o Achebe-, un dramaturgo, un autor importante pero no superventas y un autor importante superventas), la poesía árabe se va a quedar sin premio.

Los dos poetas
Entre el eco y la voz
hay dos poetas,
uno elocuente cual luna rota
y el otro silencioso cual niño
que duerme cada noche
en los brazos de un volcán.

Versión de María Luisa Prieto


Celebración de la realidad
Por alto y radiante que sea el deseo
no puede tocar el cuello del sol.

La realidad es la flor más marchita
en el jardín de las palabras.

Realidad: sueño que no visita
ni hace amistad
más que con los párpados durmientes.

A veces el cuerpo parece un árbol
cuyo más bello fruto, el sueño,
no se puede recoger.

No hay diálogo entre el fuego y el agua:
un abrazo
hasta extinguirse.

La realidad
en la que se han convertido los caminos de la derrota
es la única
que conduce a los caminos de la libertad.

El olvido tiene una guitarra
en la que el recuerdo toca
sus calladas tristezas.

Versión de María Luisa Prieto


El viajero
He dejado
-viajero.
mi rostro sobre el vidrio de mi lámpara.
Mi mapa es una tierra sin creador.
La negación de todo, mi evangelio.

Versión de Pedro Martínez Montávez


En la sombra de las cosas
Yo prefiero quedar en la penumbra;
quedarme en el secreto de las cosas.

Me gusta introducirme en las criaturas.
Errar como una idea.
Extraño como el arte.
Anónimo,
incierto
y olvidado.

Naciendo, nuevamente,
en cada día.

Versión de Pedro Martínez Montávez


La perdición
La perdición, la perdición...
La perdición nos salva y guía nuestros pasos.
La perdición es resplandor,
y el resto, máscara.

La perdición nos unifica con nuestros semejantes.
La perdición cuelga de nuestras visiones
el rostro de los mares.
La perdición es esperar.

Versión de Pedro Martínez Montávez


Las cosas
Si atravesara la herida hasta el crimen.
Si camuflara la locura y las banderas,
tendría un sombrero para ocultarme;
tanto en la victoria como en la derrota
violaría el soñar sobre los párpados.
Estaría y no estaría en la tierra.

Pero he vinculado a las cosas
mi rostro, mis honduras y dios.
Acepté de buen grado el vivir sin amuleto,
a dibujar la vida
con la muerte, el espejismo
y las cosas.

Acepté de buen grado el vivir con las cosas.

Versión de Pedro Martínez Montávez