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Deseo

Posted by La mujer Quijote in ,

¿Será este el año?
El jueves la solución.
Descarto a Thiong'o por estar muy cercano el de Gurnah y ya se sabe cómo va esto. 
 
Actualizado 05/10/23. Pues no, no lo fue.

Deseo insatisfecho

Posted by La mujer Quijote in ,

Maalouf se impone a Alice Munro.
El politiqueo del buen rollito para con lo exótico intercultural se impone a la Gran Literatura.
El Rayo Vallecano se impone al Barça.
Sin comentarios.

Mango Street - "El retorno"

Posted by La mujer Quijote in

Después de unas semanas en las que el blog ha estado en hibernación (por no decir más muerto que vivo) debido a graves problemas técnicos, ha vuelto.
En el camino se han quedado todos los comentarios (para cuatro que había).
Empieza la segunda etapa, aunque la segunda será como la primera, más de lo mismo: si no te interesaba este blog, seguirá sin interesarte.

Humor literario

Posted by Arabella in , ,

Tras la mala leche generada por la entrada anterior, un poco de humor. SunsetBoulevard me mandó un mensaje en el que me hablaba de "El garrofer", un periódico humorístico.
En él se publica un interesantísimo artículo en el que se cuenta la aventura de un escritor que pretendía ser autor maldito. A continuación reproduzco el articulo y os aconsejo que visitéis la web del periodico, os reiréis.
Se pasa doce años escribiendo una novela de 900 páginas para luego borrarla
Paulino Singleton – Estocolmo
EMPEZÓ A ESCRIBIR SU NOVELA en 1997 y desde el principio tenía pensado borrarla del ordenador nada más acabar. Tal era el plan ahora llevado a cabo por Stephan Okjsgord, un vecino de Estocolmo que tenía previsto entrar de esta manera por la puerta grande de la literatura maldita.
Sin embargo su gesto no ha tenido la repercusión que esperaba y a día de hoy está buscando trabajo en un bar.
“No me han llamado del New Yorker ni del Babelia”, se lamentó Okjsgord. En realidad, no le han llamado de ningún sitio porque tan solo un puñado de amigos suyos, a quienes no les interesa la literatura, sabían de su proyecto.
La novela de Stephan Okjsgord tenía 900 páginas y se titulaba “El babuino”. Al parecer trataba sobre un primate de esa especie. Pero nunca nadie sabrá el argumento ni los detalles porque su autor ha borrado el archivo donde escribía el texto y luego ha roto su ordenador con una maza.
“Mi idea era generar algo llamativo en relación con mi libro, crear una gran expectativa y luego que sucediera algo trágico”, confesó a El Garrofer. Lo que no había calculado es que para ello, lo mínimo es poder leer algo del autor en cuestión.
Al parecer Okjsgord era admirador de escritores raros como J.D. Salinger o Thomas Pynchon y él también quería hacer algo insólito que le convirtiera en “maldito” de la noche a la mañana.
Okjsgord también explicó que hace unos años, cuando vió el fenómeno en que se convertía la trilogía Millenium tras la muerte de Stieg Larsson, vio reforzada su ilusión. Entonces llevaba 700 páginas de “El Babuino” y “se puso las pilas” para rematarla con 200 más.
“Nos dijo que iba a ser como ese escritor”, explicó un amigo suyo. “Pero no se daba cuenta que en ese caso el escritor se había muerto dejando atrás tres libros superventas. Stephan quería lo contrario: hacerse maldito sin morirse y sin enseñar nada de lo que había escrito”.
Qué pena que muchos autores reales, todos esos juntaletras sin tanlento pero con potente departamento comercial detrás, no emulen a Okjsgord y destruyan sus obras antes de publicarlas.
Gracias SunsetBoulevard.

Lectura de tabaquería

Posted by Arabella in , , ,

Antes que nada tengo que agradecer a Ade la bibliografía aportada para que esta historia pudiera ser escrita. Si resulta aburrida, embarullada, incompleta o inconexa es sólo culpa mía.
Es bastante habitual la disculpa de “no tengo tiempo” para justificarse cuando se reconoce que no se es lector (con lo fácil que es decir “no me gusta”). En otras ocasiones, una deficiente formación escolar está en el origen de no ser lector. Sin embargo la historia nos enseña que ni la falta de tiempo ni la formación deficiente son disculpas válidas.
Desde el medievo hasta no hace tanto (en muchos sitios aún hoy), la inmensa mayoría de la población carecía de los rudimentos educativos necesarios, no les hacían falta para su hacer cotidiano y subsistir era prioritario. Pese a ello, estas carencias venían a compensarlas la lectura en voz alta, una modalidad normalmente colectiva, habitual en hogares, mesones, plazas, iglesias, conventos y monasterios, barcos, durante el descanso de los campesinos y en otras diversas situaciones. Tal vez hoy podríamos colocar a la radio como esa voz que nos cuenta.
Hay un sitio en el que la lectura en voz alta se conserva (conventos aparte, claro), empezó antes de la existencia de la radio y se ha mantenido después. Además, es una lectura que no sólo ha buscado el entretenimiento del oyente sino también su formación. Ese sitio es la tabaquería cubana.
Parece que, en Cuba, la idea de acompañar el trabajo con la lectura pertenece a un viajero español ajeno a la industria del tabaco, Jacinto de Salas y Quiroga. A principios del siglo XIX Quiroga llega a Cuba y meses después publica un libro donde relata sus impresiones del viaje. Refiriéndose a lo que observa allí dice:
“... en ese cafetal tuve ocasión, más que en ninguna otra parte de la isla , de lamentar el estado de completa ignorancia en que se tiene al esclavo. (…)…entonces se me ocurrió que nada más fácil habría que emplear aquellas horas en ventaja de la educación moral de aquellos infelices seres. El mismo que sin cesar los vigila podría leer en voz alta algún libro compuesto al efecto y al mismo tiempo que templase el fastidio de aquellos desgraciados, les instruiría de alguna cosa que aliviase su miseria (…)".
Por otro lado, el intelectual y político cubano Nicolás Azcárate se inspiró en las lecturas que se les realizaban a los presos en dos galeras del Arsenal de La Habana, donde un lector leía media hora, todas las tardes, algún libro cívico. La mayoría de los reclusos eran cigarreros que seguían en ese oficio y recibían a cambio una determinada suma de dinero. Parte de esae dinero era retenido por el jefe de departamento y era devuelto al preso cuando obtenía la libertad; les entregaba semanalmente el resto, y de éste se separaban algunas monedas para remunerar la labor del lector y adquirir las obras que habían de leerse. Nicolás Azcárate propuso insertar esta actividad en la producción tabaquera. La idea fue materializada por un joven asturiano, Saturnino Martínez, trabajador de la Fábrica "Partagás". Saturnino colaboró en la fundación de “La Aurora” una publicación semanal que alternaba temas literarios con otros en que se difundía la lucha a favor de la clase trabajadora.
A los fundadores de La Aurora se debe el mérito de la implantación de la lectura, estrenada en la tabaquería "El Fígaro", en La Habana, el 21 de diciembre de 1865. Para incorporar la lectura al proceso productivo convinieron en que un trabajador desempeñaría las funciones de lector. Cada operario contribuiría con su correspondiente cuota, con el fin de resarcir el jornal que el lector dejaba de recibir durante el tiempo que leía en voz alta.
En sus inicios, la lectura se realizaba por trabajadores que se turnaban cada cierto tiempo. Pero pronto la lectura por turnos se terminó y el cargo de lector pasó a ocuparlo una persona que debía de ganarse la plaza. Se hacía una votación puesto por puesto y se adjudicaba por mayoría. Generalmente era una persona instruida y educada y se le dispensaban grandes atenciones.
El lector debía poseer las aptitudes necesarias: tener voz clara y pronunciación correcta, ser lo suficientemente culto para poder interpretar cuando leía o, en muchas ocasiones, aclarar las dudas o servir de árbitro en discusiones sobre materias históricas, literarias y hasta científicas. Para probar sus aptitudes, el nuevo lector, por lo regular, antes de las votaciones, debía de pronunciar un discurso que ocupara la atención y la voluntad de los obreros.
Según las opiniones de varios autores, el torcedor de entonces era alguien que discutía de manera perpetua, tenía un amplio espectro de materias de las que deseaba saber y, según progresaba en su aprendizaje, se creía autorizado a disputar sobre todo; frecuentemente hacía uso de esto. Si el lector no podía enfrentarse dignamente con esa disposición y ese afán, estaba perdido. Si por el contrario probaba su capacidad y determinación, se ganaba el cariño y el respeto de todos.
Los jefes de taller observaron que, durante las lecturas, los jornaleros no abandonaban la tarea sino que se concentraban aún más mientras escuchaban. Así que, a pesar de la resistencia de algunos dueños, el ejemplo fue seguido por otras fábricas y al finalizar el mes de mayo de 1866 las principales tabaquerías de La Habana, y de los pueblos cercanos a la Capital, contaban con su correspondiente lector.
A los pocos meses de su entrada en las tabaquerías, la lectura, como medio poderoso de influencia, se convirtió en blanco de los ataques de la prensa conservadora.
Las alusiones que la prensa constantemente hacía a la lectura, tanto para elogiarla, como para censurarla, lograron atraer sobre ella la atención pública. Las tabaquerías donde había lectura eran visitadas por curiosos para admirar semejante novedad. No era raro ver en la parte exterior de las fábricas de tabacos, grupos de personas que junto a las ventanas escuchaban con atención la potente voz del lector en medio de la galera.
¿Qué tipo de lecturas se realizaban? Pues la verdad que resulta curioso. Autores que hoy son considerados por muchos (lectores de pijamas, códigos y demás) como aburridos o demasiado profundos, eran los requeridos por los torcedores, personas con escasa o nula formación cultural: Victor Hugo, Dumas, Chateaubriand, Lamartine, Shakespeare, Pérez Galdós, Cervantes, Newton, D’Annunzio, Kipling (y aquí), Pascal. Se dice que “Los miserables” y “El conde de Montecristo” fueron los mayores éxitos. El mismo Víctor Hugo, al enterarse que sus novelas eran solicitadas con avidez por los tabaqueros, escribió una carta a los obreros de Partagás agradeciéndoles el interés: ¡Qué gran honor le hacia el Olimpo de los novelistas! El escritor español Ramiro de Maeztu fue lector de tabaquería y escribió varias crónicas sobre ello. Escribía Maeztu que sus oyentes eran negros, mulatos, criollos o españoles; que no sabían ni leer siquiera, pero que le asombraron al pedir que les leyera obras del dramaturgo noruego Henrik Ibsen (lo que cambian los tiempos). También se incluían obras de autores cubanos como José María Heredia, José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés “Plácido”, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juan Clemente Zenea, Anselmo Suárez y Romero o Cirilo Villaverde.
Pero con la literatura científica y de entretenimiento también se incluía la literatura política: Kropotkin, Marx, Bakunin, Maquiavelo y otros filósofos políticos, principalmente de Francia o EE.UU., con especial predilección por los escritores anarquistas.
Aunque al principio sólo se leían obras de la índole mencionada, pronto se introdujo la costumbre de leer las noticias que aparecían en la prensa local, diaria o semanal. La lectura en los talleres comenzaba por las noticias internacionales, después las nacionales y a continuación los artículos de fondo o editoriales. Le seguían algunas secciones fijas y, por último, noticias del deporte. Después de quince minutos de descanso, el lector regresaba a la tribuna para el turno de novela.
En los cinco primeros meses del año 1866, la lectura llegó hasta los “chinchalitos”, nombre que desde fines del siglo XVIII se le dio a las pequeñas fábricas de tabacos, en la mayoría de la cuales se vendía al menudeo el producto que elaboraban, e incluso se llegó a intentar el establecimiento de sesiones públicas de lecturas nocturnas. La influencia de la lectura fue tan arrolladora que algunas de las marcas más famosas de Habanos cubanos creados a partir de esa época fueron nombradas según los títulos o personajes de la literatura que se leía en las fábricas (quién no conoce los famosísimos “Montecristo” o “Romeo y Julieta”).
A los empresarios empezó a no gustarles mucho que sus empleados comenzaran a tener conciencia de su situación, así que empezaron a prohibir la lectura “para no distraer a los operarios de las tabaquerías, talleres y establecimientos de todas clases con la lectura de libros y periódicos, ni con discusiones extrañas al trabajo que los mismos operarios desempeñan”. Para justificar semejante prohibición, se tomaron como excusa los altercados entre tabaqueros a la hora de seleccionar una obra, lo cual, a juicio de las autoridades, podría engendrar “odios y enemistades de graves consecuencias”.
Al prohibir la lectura, el Gobierno privaba a los tabaqueros de un poderoso y eficaz medio de cultura, pero al mismo tiempo dejaba entrever el miedo que le inspiraban la divulgación de las ideas independentistas que se podía hacer desde los “púlpitos”.
Los enemigos de la lectura lograron su propósito y en las galeras dejó de oírse la voz de los lectores. Pero no lograron acabar con el interés de la gente por aprender. En un periódico de la época se daba cuenta de que la Biblioteca Pública de la Sociedad Económica de Amigos del País se veía tan concurrida que hacían falta sillas para acomodar a los obreros que allí asistían a escuchar las lecturas públicas, prueba evidente de que la afición a leer había echado raíces entre los trabajadores.
Durante años hubo numerosos tira y afloja entre trabajadores, empresarios y gobernantes y la lectura en las tabaquerías desapareció y se reanudó en varias ocasiones. En el período de 1889 a 1895 se dedicó a la propaganda que, desde las tribunas de los talleres, realizaron los simpatizadores de la causa independentista. En los meses que precedieron al estallido de la guerra, la lectura sirvió para divulgar la labor de los clubes revolucionarios que conspiraban en el extranjero. En las galeras se oían artículos y folletos de tendencias separatistas en los que, según varios periódicos de la época, “se empleaba un lenguaje insultante contra la nación española”. La continuada repetición de estos hechos hizo que se extremara la vigilancia por parte de las autoridades y, aunque en las tabaquerías se había suprimido la lectura de publicaciones contrarias al régimen, en algunas fábricas, éstas se daban a conocer cuando los capataces y encargados no se hallaban presentes. Todo ello contribuyó a preparar el movimiento que se inició en 1895 y terminó con la consecución de la independencia de Cuba de la corona española.
Después de la guerra, solo en una fábrica de tabacos fue prohibida la lectura, por la crítica que en ciertos trabajos periodísticos se hacia de su propietario. Esa prohibición provocó un movimiento de huelga que pronto se solucionó a favor de los tabaqueros.
Al implantarse la República en 1902, no se consideraron los enormes aportes del tabaquero al movimiento de independencia. Subsistían aún los basamentos coloniales hispánicos discriminantes para el nativo en los sectores más retribuidos. Solo era accesible al cubano el aprendizaje del oficio de tabaquero y a la mujer el de despalilladora. Los demás departamentos se nutrían con españoles emigrados que enseñaban a rezagadores, escogedores, fileteadores, etc., y que después de algunos años llegaban a capataces y encargados. Nada había cambiado el nuevo régimen para los criollos operarios del tabaco. Bueno, sí, ahora los propietarios de las fábricas ya no eran españoles, eran multinacionales estadounidenses.
Hasta el decenio de los años 40 del siglo XX los lectores de tabaquería fueron fuertes pilares en las organizaciones, propagandas y acciones de los tabaqueros en contra de los gobiernos títeres de turno. Tuvieron que librar su propia lucha contra la radio, lucha que se inició cuando los primeros aparatos llegaron a La Habana (el primero de ellos fue instalado en la fábrica de Cabañas y Carvajal para trasmitir la Liga Nacional de Béisbol de 1923). Pero lector y radio lograron convivir, la lectura prosiguió con la novedad que, con el transcurrir de los años, se le adicionó el micrófono y el amplificador. Los tabaqueros escuchaban noticias y música que llegaban a ellos por la radio, pero cuando surgían acontecimientos de importancia y era imprescindible reclamar de ellos su calor y su esfuerzo, ocupaba la tribuna un trabajador.
Llegada la década de los años 50 los lectores mantenían su condición de trabajadores de los tabaqueros. Según el prestigio de la fábrica, representado por su marca, lo que a su vez incidía en los salarios de los trabajadores, estos donaban desde 5 hasta 25 centavos de su salario semanal para pagarle al lector. Para entonces se utilizaba el micrófono para ayudar al lector, aunque la lectura sólo llegaba a la galera y el despalillo y no incluía el resto de los departamentos que conforman una tabaquería.
La lectura era sugerida por los propios tabaqueros quienes, al entrar el lector para comenzar la lectura, ponían encima de la tribuna lo que deseaban que se leyera ese día. Siguiendo la tradición de sus inicios, el Presidente de Lectura hacía sonar una campanita llamando a la disciplina y el silencio. La actividad, con una duración de 180 minutos diarios, se dividía en cuatro turnos de 45 minutos cada uno, dos en la mañana y dos en la tarde. En los turnos matutinos se leía la prensa, revistas y los materiales de propaganda política. En los turnos vespertinos se leían novelas, clásicos de la literatura y, sobre todo, libros con fuerte contenido referente a las luchas sociales y los movimientos obreros.
El triunfo de la Revolución fue abrazado por los tabaqueros que salieron de sus fábricas a celebrar su conquista. Los lectores de tabaquería, como parte de la revolución que triunfó, pudieron extender su radio de acción a las escogidas y despalillos. Dejaron de ser pagados por los tabaqueros para cobrar como un operario más de la fábrica.
Un cambio significativo que se produjo fue la irrupción de la mujer como lectora. Tradicionalmente, la lectura en las tabaquerías fue una labor reservada a los hombres; en la historia, la presencia de la mujer se registraba en aislados casos. Pero con la creciente incorporación de ésta al trabajo y su integración a todas las tareas, se inició la lectura con voces femeninas, cambio que fue bien recibido por los tabaqueros. Por otro lado, el bajo salario inicial de la profesión hizo que los lectores ocuparan plazas de más remuneración; así se adentraron las mujeres en la lectura de las tabaquerías (lo de siempre, con revoluciones o sin ellas, la mujer entra ocupando los puestos peor remunerados) y hoy representan la mayoría en el oficio.
Si en períodos anteriores eran los propios tabaqueros los que elegían sus lecturas y a su lector, tras el triunfo de la Revolución, en cada tabaquería, despalillo o escogida existe o debe existir una comisión de lectura integrada por un presidente, un vicepresidente, un representante sindical, un administrativo, el lector y dos vocales. De acuerdo con su reglamento, esta estructura es la encargada de seleccionar y aprobar al lector del centro, facilitarle la documentación y valorar los géneros que se abordan en las lecturas. El objetivo principal de la lectura será “enseñar y cultivar intelectualmente a los trabajadores, dignificar su condición de clase obrera, continuar y fomentar los valores revolucionarios, motivar al trabajo y a las tareas de la Revolución”.
La lectura consiguió que los trabajadores pensaran por sí mismos y se convirtieran en revolucionarios. Pero a la Revolución (a las revoluciones en general) no le gusta que el individuo piense por sí mismo, el trabajador ya no sabe lo que quiere y necesita que una comisión valore lo que puede escuchar y lo que no. Una actividad que surgió con el fin de hacer llegar la cultura a quien no tenía acceso a ella y con ello desarrollar un pensamiento más libre, ha dado paso al adoctrinamiento.
Enorme poder el de la lectura.

Bibliografía
“La lectura en las tabaquerías en Cuba” , Rivera Z.; Roig Albet, Kim Men Fong Delgado.
“Lectores y lectoras de tabaquería, una tradición centenaria”, Sergio R. San Pedro.
“El bello Habano (Biografía íntima del tabaco)”, Reynaldo González.
“El lector de tabaquería: historia de una tradición cubana “, Araceli Tinajero.

David Attenborough

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Los Premios Príncipe de Asturias son unos premios que suelen dar muchísimas de arena entre la cal, que también hay. Entre sus galardonados están figuras tan impresentables como el dictador Hussein de Jordania (recuérdese el trístemente famoso "septiembre negro"), el jefe de un grupo terrorista como Yasser Arafat, otro acusado de terrorismo, en este caso de Estado, como Isaac Rabin, políticos de la estupidez como Al Gore, cosas incomprensibles como Bill Gates o los creadores de Google, por no hablar del desprestigidísimo premio de los deportes. En esta ocasión toca una de cal.


Ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2009 el naturalista David Attenborough. Posiblemente, con Carl Sagan, el más importante divulgador científico.
Sin duda, una buena noticia.

Beatrice Arthur

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Cuando leí que había fallecido Bea Arthur me quedé como estaba, no tenía ni idea de quién se trataba. Cuando leí que era la Dorothy Zbornak de "Las chicas de oro" ya fue otro cantar. Hace unos meses fallecía Estelle Getty, la actriz que encarnaba a Sophia, la madre de Dorothy en la serie. Yo no veo mucha televisión (he dicho no mucho, no que no la vea) pero he pasado momentos fantásticos sentada delante de la "caja tonta". "Las chicas de oro" fueron las culpables de muchísimos de esos fantásticos momentos.

Retoques

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Creo que hoy, por fin, he encontrado los ajustes de plantilla adecuados para mostrar el blog en cualquier resolución de pantalla sin que aparezcan huecos. Quienes tenemos ordenadores viejos con resoluciones de pantalla 4:3 no notábamos esos defectos en demasía. Pero quienes tuviéseis ordenadores modernos y pantallas anchas sí que veíais huecos y algunas cosas fuera de sitio y mal alineadas. Creo que por fin está solucionado. Ahora el problema está en muy baja resolución, en 760, por culpa de la barra de navegación de blogger que no es configurable (o yo no sé hacerlo), pero resolución 760 creo que ya nadie usa.
Ha habido algún cambio más en la plantilla pero que no es visible y sólo afecta a la forma de edición.

Quedan cambios pendientes, pero dada mi habilidad con el HTML tendré que tener paciencia, mucha mucha paciencia.

Las Linces somos tod@s

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Hay una organización que considera sabio y padre a un energúmeno que dijo cosas como:

"Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer... No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños."
"Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones."
San Agustín de Hipona

que considera santo a quien dijo:
"El cristiano se gloría en la muerte de un pagano, porque por ella Cristo mismo es glorificado."
San Bernardo de Claraval

que considera su guía espiritual a un libro en el que se recogen (dictadas por su dios) cosas como:
"Mas quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo hombre, como el hombre es cabeza de la mujer, y Dios lo es de Cristo. Por donde si una mujer no se cubre con un velo la cabeza, que se la rape. Y si es cosa fea a una mujer el cortarse el pelo o raparse, cubra su cabeza. Lo cierto es que no debe el varón cubrir su cabeza, pues el es la imagen y gloria de Dios; mas la mujer es la gloria del varón. Que no fue el hombre formado de la mujer; si no la mujer del hombre; como ni tampoco fue el hombre criado para hembra, sino la hembra para el hombre."
1 Corintios 11: 3-9, atribuido por los cristianos a San Pablo.
"Hagan como se hace en todas las Iglesias de los santos: que las mujeres estén calladas en las asambleas. No les corresponde tomar la palabra. Que estén sometidas como lo dice la Ley, y si desean saber más, que se lo pregunten en casa a su marido. Es feo que la mujer hable en la asamblea."
Corintios 14: 34-35, atribuido por los cristianos a San Pablo.
"... El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador. Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia se somete a Cristo."
Efesios 5: 22-24, atribuido por los cristianos a San Pablo.

que considera santa a una pobre ignorante fanática que dijo:
"Creo que es muy hermoso que los pobres acepten su carga, que la compartan con la pasión de Cristo. Creo que el mundo está siendo ayudado mucho por el sufrimiento de la gente pobre."
Madre Teresa de Calcuta

que considera sabio entre sabios al que dijo la majadería:
"En lo que se refiere a la naturaleza del individuo, la mujer es defectuosa y mal nacida, porque el poder activo de la semilla masculina tiende a la producción de un perfecto parecido en el sexo masculino, mientras que la producción de una mujer proviene de una falta del poder activo."
Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica

una organización que protege a las niñas manteniendo como profesor de religión a un tipejo que había sido condenado por abusar sexualmente de una joven deficiente, una organización que en EE.UU. sólo en 2008, pagó 300 millones de euros en indeminzaciones a víctimas de curas pederastas, curas que gracias a ese dinero, no han ido a pudrirse a la cárcel.
Bueno, pues esa organización quiere dar clases de ética y moral e imponer sus ideas por encima de nuestros derechos. ¡Ya está bien!

Las Linces somos tod@s!

Valentina Tereshkova

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8 de marzo, "Día de la mujer trabajadora". Que a estas alturas haya que recordar al mundo que la mujer trabaja, estamos listas.
Al grano.
Estaba pensando en ilustrar una entrada conmemorativa con una mujer trabajadora que fuera reseñable por algo más que trabajar dieciséis horas diarias para mantener en pie este mundo. ¿Os imagináis, por ejemplo, una huelga de amas de casa? El caos.
Me disperso.
Pensando y pensando la encontré. Es ésta.
Se me vino a la cabeza al acordarme que este es el "Año Internacional de la Astronomía". ¿Y quién es esta guapa abuelita? Nada más y nada menos que la primera mujer en viajar al espacio, la primera mujer cosmonauta.
El trabajo de esta mujer la llevó a despegar el 16 de junio de 1963 desde Baikonur y a estar casi tres días en órbita a bordo del Vostok 6.
Aunque el trabajo de la inmensa mayoría de las mujeres es muchísimo menos llamativo, sirva éste como ejemplo de lo que podemos hacer cuando queremos y nos dejan.

Cosas inexplicables

Posted by Arabella in

¿Qué algoritmo de análisis utliza google para que cuando una busca "ideas para confeccionar bandones de cortina", este blog aparezca en segundo lugar?
No es broma, haced la prueba. Una persona ha llegado a este blog, en concreto a la entrada de Alberto Majoral, "Se es lo que se come", un ensayo sobre lecturas usando analogías con la comida, a partir de esa búsqueda en google. Sólo falta que google etiquete este blog como blog de bricolage.

Émile Zola - "Yo acuso"

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El "Yo acuso" de Émile Zola es un alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, en forma de carta abierta al presidente de Francia M. Félix Faure y publicado por el diario L'Aurore el 13 de enero de 1898 en su primera plana.
El caso Dreyfus, una historia sobre lo que no es la justicia.

París, 13 de enero de 1898

Carta a M. Félix Faure
Presidente de la República Francesa

Señor: Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha?

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. ¡Pero qué mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino- puede imprimir este abominable proceso Dreyfus! Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Esterhazy, bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad.

Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.

Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre. ¿Y a quién denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al primer magistrado del país?

Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Dreyfus.

Un hombre nefasto ha conducido la trama; el coronel Paty de Clam, entonces comandante. Él representa por sí solo el asunto Dreyfus; no se le conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades. Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciéndose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas. Él imaginó lo de dictarle a Dreyfus la nota sospechosa, él concibió la idea de observarlo en una habitación revestida de espejos, es a él a quien nos presenta el comandante Forzineti, armado de una linterna sorda, pretendiendo hacerse conducir junto al acusado, que dormía, para proyectar sobre su rostro un brusco chorro de luz para sorprender su crimen en su angustioso despertar. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro sencillamente que el comandante Paty de Clam, encargado de instruir el proceso Dreyfus y considerado en su misión judicial, es en el orden de fechas y responsabilidades el primer culpable del espantoso error judicial que se ha cometido.

La nota sospechosa estaba ya, desde hace algún tiempo, entre las manos del coronel Sandherr, jefe del Negociado de Informaciones, que murió poco después, de una parálisis general. Hubo fugas, desaparecieron papeles (como siguen desapareciendo aún), y el autor de la nota sospechosa era buscado cuando se afirmó a priori que no podía ser más que un oficial del Estado mayor, y precisamente del cuerpo de artillería; doble error manifiesto que prueba el espíritu superficial con que se estudió la nota sospechosa, puesto que un detenido examen demuestra que no podía tratarse más que de un oficial de infantería.

Se procedió a un minucioso registro; examinándose las escrituras; aquello era como un asunto de familia y se buscaba al traidor en las mismas oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. Desde que una sospecha ligera recayó sobre Dreyfus, aparece el comandante Paty de Clam, que se esfuerza en confundirlo y en hacerle declarar a su antojo.

Aparecen también el ministro de la Guerra, el general Mercier, cuya inteligencia debe ser muy mediana, el jefe de Estado Mayor, general Boisdeffre, que habrá cedido a su pasión clerical, y el general Gonse, cuya conciencia elástica pudo acomodarse a muchas cosas.

Pero en el fondo de todo esto no hay más que el comandante Paty de Clam, que a todos los maneja y hasta los hipnotiza, porque se ocupa también de ciencias ocultas, y conversa con los espíritus.

Parecen inverosímiles las pruebas a que se ha sometido al desdichado Dreyfus, los lazos en que se ha querido hacerle caer, las investigaciones desatinadas, las combinaciones monstruosas... ¡qué denuncia tan cruel!

¡Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien esta al corriente de sus detalles verdaderos.

El comandante Paty de Clam prende a Dreyfus y lo incomunica. Corre después en busca de la señora de Dreyfus y le infunde terror, previniéndola de que, si habla, su esposo está perdido. Entre tanto, el desdichado se arranca la carne y proclama con alaridos su inocencia, mientras la instrucción del proceso se hace como una crónica del siglo XV, en el misterio, con una terrible complicación de expedientes, todo basado en una sospecha infantil, en la nota sospechosa, imbécil, que no era solamente una traición vulgar, era también un estúpido engaño, porque los famosos secretos vendidos eran tan inútiles que apenas tenían valor. Si yo insisto, es porque veo en este germen, de donde saldrá más adelante el verdadero crimen, la espantosa denegación de justicia, que afecta profundamente a nuestra Francia. Quisiera hacer palpable cómo pudo ser posible el error judicial, cómo nació de las maquinaciones del comandante Paty de Clam y como los generales Mercier, Boisdeffre y Gonse, sorprendidos al principio, han ido comprometiendo poco a poco su responsabilidad en este error, que más tarde impusieron como una verdad santa, una verdad indiscutible, desde luego, solo hubo de su parte incuria y torpeza; cuando más, cedieran a las pasiones religiosas del medio y a prejuicios de sus investiduras. ¡Y vayan siguiendo las torpezas!

Cuando aparece Dreyfus ante el Consejo de Guerra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor hubiese abierto las fronteras al enemigo para conducir al emperador de Alemania hasta Nuestra Señora de París, no se hubieran tomado mayores precauciones de silencio y misterio.

Se murmuran hechos terribles, traiciones monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos...

¿Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto? ¡No! Detrás de tanto misterio solo se hallan las imaginaciones románticas y dementes del comandante Paty de Clam. Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la más inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el acta de acusación leída ante el Consejo de guerra.

¡Ah! ¡Cuánta vaciedad! Parece mentira que con semejante acta pudiese ser condenado un hombre. Dudo que las gentes honradas pudiesen leerlas sin que su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufre la víctima en la Isla del Diablo.

Dreyfus conoce varias lenguas: crimen. En su casa no hallan papeles comprometedores; crimen. Algunas veces visita su país natal; crimen. Es laborioso, tiene ansia de saber; crimen. Si no se turba; crimen. Todo crimen, siempre crimen... Y las ingenuidades de redacción, ¡las formales aserciones en el vacío! Nos habían hablado de catorce acusaciones y no aparece más que una: la nota sospechosa. Es más: averiguamos que los peritos no están de acuerdo y que uno de ellos, M. Gobert, fue atropellado militarmente porque se permitía opinar contra lo que se deseaba. Háblase también de veintitrés oficiales, cuyos testimonios pasarían contra Dreyfus. Desconocemos aún sus interrogatorios, pero lo cierto es que no todos lo acusaron, habiendo que añadir, además, que los veintitrés oficiales pertenecían a las oficinas del Ministerio de la Guerra. Se las arreglan entre ellos como si fuese un proceso de familia, fijaos bien en ello: el Estado Mayor lo hizo, lo juzgó y acaba de juzgarlo por segunda vez.

Así, pues, solo quedaba la nota sospechosa acerca de la cual los peritos no estuvieron de acuerdo. Se dice que, en el Consejo, los jueces iban ya, naturalmente a absolver al reo, y desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se afirma la existencia de un documento secreto, abrumador; el documento que no se puede publicar, que lo justifica todo y ante el cual todos debemos inclinarnos: ¡el Dios invisible e incognoscible! Ese documento no existe, lo niego con todas mis fuerzas. Un documento ridículo, sí, tal vez el documento en que se habla de mujercillas y de un señor D... que se hace muy exigente, algún marido, sin duda, ¡que juzgaba poco retribuidas las complacencias de su mujer! Pero un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público sin que se declare la guerra inmediatamente, ¡no! ¡No! Es una mentira, tanto mas odiosa y cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla. Los que la fabricaron, conmueven el espíritu francés y se ocultan detrás de una legítima emoción; hacen enmudecer las bocas, angustiando los corazones y pervirtiendo las almas. ¡No conozco en la historia un crimen cívico de tal magnitud!

He aquí, señor Presidente, los hechos que demuestran cómo pudo cometerse un error judicial. Y las pruebas morales, como la posición social de Dreyfus, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones del medio clerical en que se movía, y del odio a los puercos judíos que deshonran nuestra época.

Y llegamos al asunto Esterhazy. Han pasado tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de la inocencia de Dreyfus.

No historiaré las primeras dudas y la final convicción de M. Scheurer-Kestner. Pero mientras él rebuscaba por su parte, acontecían hechos de importancia en el Estado Mayor. Murió el coronel Sandherr y sucedióle como jefe del Negociado de informaciones, el teniente coronel Picquart, quien por esta causa, en ejercicio de sus funciones, tuvo un día ocasión de ver una carta telegrama dirigida al comandante Esterhazy por un agente de una potencia extranjera. Era su deber abrir una información y no lo hizo sin consultar con sus jefes, el general Gonse y el general Boisdeffre y luego con el general Billot, que había sucedido al de la Guerra. El famoso expediente Picquart, de que tanto se ha hablado, no fue más que el expediente Billot, es decir, el expediente instruido por un subordinado cumpliendo las órdenes del ministro, expediente que debe existir aún en el ministerio de la Guerra. Las investigaciones duraron de mayo a septiembre de 1896, y es preciso decir bien alto que el general Gonse estaba convencido de la culpabilidad de Esterhazy y que los generales Boisdeffre y Billot no ponían en duda que la célebre nota sospechosa fuera de Esterhazy. El informe del teniente coronel Picquart había conducido a esta prueba cierta. Pero el sobresalto de todos era grande, porque la condena de Esterhazy obligaba inevitablemente a la revisión del proceso Dreyfus; y el Estado Mayor a ningún precio quería desautorizarse.

Debió haber un momento psicológico de angustia suprema entre todos los que intervinieron en el asunto; pero es preciso notar que, habiendo llegado al ministerio el general Billot, después de la sentencia dictada contra Dreyfus, no estaba comprometido en el error y podía esclarecer la verdad sin desmentirse. Pero no se atrevió, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la responsabilidad en que habían incurrido los generales Boisdeffre y Gonse y todo el Estado Mayor. Fue un combate librado entre su conciencia de hombre y todo lo que suponía el buen nombre militar. Pero luego acabó por comprometerse, y desde entonces, echando sobre sí los crímenes de los otros, se hace tan culpable como ellos; es más culpable aún, porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. ¡Comprended esto! Hace un año que los generales Billot, Boisdeffre y Gonse, conociendo la inocencia de Dreyfus, guardan para sí esta espantosa verdad. ¡Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!

El coronel Picquart había cumplido sus deberes de hombre honrado. Insistió cerca de sus jefes, en nombre de la justicia, suplicándoles, diciéndoles que sus tardanzas eran evidentes ante la terrible tormenta que se les venía encima, para estallar, en cuanto la verdad se descubriera. Moinsieur Scheurer-Kestner rogó también al general Billot que por el patriotismo activara el asunto antes de que se convirtiera en desastre nacional. ¡No! El crimen estaba cometido y el Estado Mayor no podía ser culpable de ello. Por eso, el teniente coronel Picquart fue nombrado para una comisión que lo apartaba del ministerio, y poco a poco fueron alejándose hasta el ejército expedicionario de África, donde quisieron honrar un día su bravura, encargándole una misión que le hubiera la vida en los mismos parajes donde el marqués de Mopres encontró la muerte. Pero no había caído aún en desgracia; el general Gonse mantenía con él una correspondencia muy amistosa. Su desdicha era conocer un secreto de los que no debieran conocerse jamás.

En París la verdad se abría camino, y sabemos ya de que modo la tormenta estalló. M. Mathieu Dreyfus denunció al comandante Esterhazy como verdadero autor de la nota sospechosa; mientras M.Scheurer-Kestner depositaba entre las manos del guardasellos una solicitud pidiendo la revisión del proceso. Desde ese punto el comandante Esterhazy entra en juego. Testimonios autorizados lo muestran como loco, dispuesto al suicidio, a la fuga. Luego, todo cambia, y sorprende con la violencia de su audaz actitud. Había recibido refuerzos: un anónimo advirtiéndole los manejos de sus enemigos; una dama misteriosa que se molesta en salir de noche para devolver un documento que había sido robado de las oficinas militares y que le interesaba conservar para su salvación. Comienzan de nuevo las novelerías folletinescas, en la que reconozco los medios ya usados por la fértil imaginación del teniente coronel Paty de Clam. Su obra, la condenación de Dreyfus, peligraba, y sin duda quiso defenderla. La revisión del proceso era el desquiciamiento de su novela folletinesca, tan extravagante como trágica, cuyo espantoso desenlace se realiza en la Isla del Diablo. Y esto no podía consentirlo. Así comienza el duelo entre el teniente coronel Picquart, a cara descubierta, y el teniente coronel Paty de Clam, enmascarado. Pronto se hallarán los dos ante la justicia civil. En el fondo no hay más que una cosa: el Estado Mayor defendiéndose y evitando confesar su crimen, cuya abominación aumenta de hora en hora.

Se ha preguntado con estupor cuáles eran los protectores del comandante Esterhazy. Desde luego, en la sombra, el teniente coronel Paty de Clam, que ha imaginado y conducido todas las maquinaciones, descubriendo su presencia en los procedimientos descabellados. Después los generales Boisdeffre, Gonse y Boillot, obligados a defender al comandante, puesto que no pueden consentir que se pruebe la inocencia de Dreyfus, cuando este acto habría de lanzar contra las oficinas de la Guerra el desprecio del público. Y el resultado de esta situación prodigiosa es que un hombre intachable, Picquart, el único entre todos que ha cumplido con su deber, será la víctima escarnecida y castigada. ¡Oh justicia! ¡Que triste desconsuelo embarga el corazón! Picquart es la víctima, se lo acusa de falsario y se dice que fabricó la carta telegrama para perder a Esterhazy. Pero, ¡Dios mío!, ¿por qué motivo? ¿Con qué objeto? Que indiquen una causa, una sola. ¿Estar pagado por los judíos? Precisamente Picquart es un apasionado antisemita. Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan un hombre de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, esta próximo a corromperse y aniquilarse.

A esto se reduce, señor Presidente de la república, el asunto Esterhazy, un culpable a quien se trata de salvar haciéndole parecer inocente, hace dos meses que no perdemos de vista esa interesante labor. Y abrevio porque solo quise hacer el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto al general Pellieux, primero, y al comandante Ravary, mas tarde, hacer una información infame, de la cual han de salir transfigurados los bribones y perdidas las gentes honradas. Después se ha convocado al Consejo de Guerra. ¿Cómo se pudo suponer que un Consejo de Guerra deshiciese lo que había hecho un Consejo de Guerra?

Aparte la fácil elección de los jueces, la elevada idea de disciplina que llevan esos militares en el espíritu, bastaría para debilitar su rectitud. Quien dice disciplina dice obediencia. Cuando el ministro de la guerra, jefe supremo, ha declarado públicamente y entre las aclamaciones de la representación nacional, la inviolabilidad absoluta de la cosa juzgada, ¿queréis que un Consejo de Guerra

se determine a desmentirlo formalmente? Jerárquicamente no es posible tal cosa. El general Billot, con sus declaraciones, ha sugestionado a los jueces que han juzgado como entrarían en fuego a una orden sencilla de su jefe: sin titubear. La opinión preconcebida que llevaron al tribunal fue sin duda esta: "Dreyfus ha sido condenado por crimen de traición ante un Consejo de Guerra; luego es culpable y nosotros, formando un Consejo de Guerra, no podemos declararlo inocente. Y como suponer culpable a Esterhazy, sería proclamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe ser inocente".

Y dieron el inocuo fallo que pesará siempre sobre nuestros Consejos de Guerra, que hará en adelante sospechosas todas sus deliberaciones. El primer Consejo de guerra pudo equivocarse; pero el segundo ha mentido. El jefe supremo había declarado la cosa juzgada inatacable, santa, superior a los hombres, y ninguno se atrevió a decir lo contrario. Se nos habla del honor del ejército; se nos induce a respetarlo y amarlo. Cierto que sí; el ejército que se alzará en cuanto se nos dirija la menor amenaza, que defenderá el territorio francés, lo forma todo el pueblo, y solo tenemos para el ternura y veneración. Pero ahora no se trata del ejército, cuya dignidad justamente mantenemos en el ansia de justicia que nos devora; se trata del sable, del señor que nos darán acaso mañana. Y besar devotamente la empuñadura del sable del ídolo. ¡No, eso no!

Por lo demás queda demostrado que el proceso Dreyfus no era mas que un asunto particular de las oficinas de guerra; un individuo del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del mismo cuerpo, y condenado, bajo la presión de sus jefes.

Por lo tanto, lo repito, no puede aparecer inocente sin que todo el Estado mayor aparezca culpable. Por esto las oficinas militares, usando todos los medios que les ha sugerido su imaginación y que les permiten sus influencias, defienden a Esterhazy para hundir de nuevo a Dreyfus. ¡Ah!, que gran barrido debe hacer el Gobierno republicano en esa cueva jesuítica (frase del mismo general Billot). ¿Cuándo vendrá el ministerio verdaderamente fuerte y patriota, que se atreva de una vez a refundirlo, y renovarlo todo? Conozco a muchas gentes que, suponiendo posible una guerra, tiemblan de angustia, ¡porque saben en qué manos esta la defensa nacional! ¡En qué albergue de intrigas, chismes y dilapidaciones se ha convertido el sagrado asilo donde se decide la suerte de la patria! Espanta la terrible claridad que arroja sobre aquel antro el asunto Dreyfus; el sacrificio humano de un infeliz, de un puerco judío. ¡Ah! se han agitado allí la demencia y la estupidez, maquinaciones locas, prácticas de baja policía, costumbres inquisitoriales; el placer de algunos tiranos que pisotean la nación, ahogando en su garganta el grito de verdad y de justicia bajo el pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.

Y es un crimen más apoyarse con la persona inmunda, dejarse defender por todos los bribones de París, de manera que los bribones triunfen insolentemente, derrotando el derecho y la probidad. Es un crimen haber acusado como perturbadores de Francia a cuantos quieren verla generosa y noble a la cabeza de las naciones libres y justas, mientras los canallas urden impunemente el error que tratan de imponer al mundo entero. Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el antisemitismo, de cuyo mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer del sable un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus trabajos en una obra de verdad y de justicia.

¡Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humilladas y desconocidas! Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de M. Scheurer-Kestner, y lo creo atormentado por los remordimientos de no haber procedido revolucionariamente el día de la interpelación en el Senado, desembarazándose de su carga, para derribarlo todo de una vez. Creyó que la verdad brilla por si sola, que se lo tendría por honrado y leal, y esta confianza lo ha castigado cruelmente. Lo mismo le ocurre al teniente coronel Picquart que, por un sentimiento de dignidad elevada, no ha querido publicar las cartas del general Gonse; escrúpulos que lo honran de tal modo que, mientras permanecía respetuoso y disciplinado, sus jefes lo hicieron cubrir de lodo instruyéndole un proceso de la manera mas desusada y ultrajante. Hay, pues, dos víctimas; dos hombres honrados y leales, dos corazones nobles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras el diablo hacia de las suyas. Y hasta hemos visto contra el teniente coronel Picquart este acto innoble: un tribunal francés consentir que se acusara públicamente a un testigo y cerrar los ojos cuando el testigo se presentaba para explicar y defenderse. Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales militares tienen una idea muy extraña de la justicia.

Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.

Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante -quiero suponer inconsciente- del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas y culpables.

Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa, inatacable.

Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de ceguera de los ojos y del juicio.

Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en L'Éclair y en L'Echo de París. una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

Y por último: acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.
Émile Zola
París, 13 de enero de 1898

Seguimos en obras

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Después de un montón de horas para elegir una nueva plantilla para el blog entre los cientos de posibilidades, resulta que la elegida da problemas. Eso significa más horas de investigación para la corrección del código. El problema es que como no sé nada de esas cosas, me lleva muchísimo más tiempo.
Como se alargue demasiado es posible que no haya cambios.
Sigo trabajando en ello.

Parada por mantenimiento

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El tamaño de este blog se me ha ido un poco de las manos. Además, en los últimos tiempos he detectado errores en algunas entradas: textos que no se leen o se leen mal, vídeos que no se ven y cosas similares.
Intentaré corregir, si es que sé y puedo, los errores detectados e intentaré también mejorar algunas cosas.
Espero que en muy pocos días esté todo terminado y todo funcione mejor.
Hasta pronto.

Tiempo de cambios

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Ha llegado la hora de cambiar un poco la cara de este sitio. Mis limitadísimos conocimientos informáticos me obligaban a utilizar una de las plantillas por defecto de blogger, una plantilla en la que las columnas eran muy estrechas y la mayoría de la pantalla estaba desaprovechada. Un interesante artículo en un blog de los que visito me ha enseñado cómo hacer cambios. La era de edición en HTML ha comenzado. Espero no destrozar mucho.
El primer cambio ha sido la modificación del ancho de las columnas (está optimizada para 1024 pixel, si vuestro ancho de pantalla tiene una resolución mayor, esto seguirá sin ocupar toda la pantalla, si es menor tendrá que aparecer una barra de desplazamiento horizontal). No es un gran cambio, ya, pero como decía Jack el destripador: vayamos por partes.

Nota. Los cambios van a ser probados con la configuración de mi ordenador, pueden plantear problemas en otras configuraciones. Agradecería me comunicaseis cualquier problema.

Taller de escritura

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Vivimos en una época extraña en lo referente a la literatura. Digan lo que digan las encuestas (los españoles mentimos en ellas como nadie) se lee poco, se lee mal y se lee malo. Estas deducciones han sido obtenidas de mis propias estadísticas, tan falsas como las demás. Mi estadística se basa en mi propia experiencia.
Se lee poco. Me considero una persona normal (tal vez esto sea también mentira) rodeada de personas normales. Cuando se pregunta a esas personas, café por medio, sobre sus hábitos lectores, la inmensa mayoría reconoce no leer, como dijo en un comentario probestseller, ni el prospecto del frenadol.
Se lee mal. Cuando una da con alguien que reconoce leer, en muchas ocasiones, ese hábito se reduce a uno o dos libros al año. Pero no es que se lea un libro esta semana y luego no se empiece otro hasta dentro de seis meses, no. Se empieza un libro esta semana y se termina con el libro dentro de seis meses. A una media de 200-400 páginas por libro y 180 días por semestre se obtiene la escalofriante media de 1 a 3 páginas diarias (los días de descanso intelectual no están cuantificados pero existen, por eso no se calculan las medias extrictamente). Es imposible enterarse de qué va la historia haciendo eso.
Se lee malo. Un pequeño vistazo a la lista de más vendidos (Rhonda Byrne, Jorge Bucay, Risto Mejide, César Vidal, John Boyne, ...) basta para darse cuenta de la ínfima calidad de mucho de lo que se lee.
Sin embargo, pese a todo lo anterior, todo el mundo quiere ser escritor, de ahí lo de "época extraña" que antes dije. Se da una patada a una piedra y surgen decenas de talleres de escritura. Academias, foros, bibliotecas públicas, asociaciones culturales, todo el mundo organiza sus talleres de escritura. Además están los concursos. En España deben de fallarse a diario decenas de concursos para autores noveles.
Mi modesta contribución al intento de que la gente lea va implícita en los textos que voy colocando de vez en cuando en el blog.
Hoy quiero contribuir con un minitaller de escritura. Espero que futuros escritores de éxito encuentren en los consejos que se enuncian más abajo una útil herramienta para la exposición de su talento. Los consejos no son míos, fueron obtenidos en distintas versiones, todas anónimas, en diferentes web. Mi labor sólo se ha limitado a juntarlos.

19 consejos para un aspirante a escritor
* Lo primero hes conozer vien la hortografia.
* Cuido la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores.
* Y nunca empiece por una conjunción.
* Evite las repeticiones, evitando así repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
* Use; correctamente. Los signos: de, puntuación.
* Trate de ser claro; no use hieráticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas transformándolas en melifluas yuxtaposiciones de aforismos errabundos.
* Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocándose, abusando de los gerundios.
* Correcto para ser en la construcción, caer evite en transposiciones.
* Tome el toro por las astas, láncese sin paracaídas en la profundidad de la noche y no caiga en lugares comunes.
* Si Vd. parla y escribe en castellano, O.K.
* ¡Voto al chápiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas.
* Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un párrafo lo es.
* ¡Por amor del cielo!, no abuse de las exclamaciones.
* Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribáis.
* No utilice nunca doble negación.
* Es importante usar los apóstrofo's correctamente.
* Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
* Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
* Con respecto a frases fragmentadas.

Ánimo, seguid estos consejos al pie de la letra y tendréis las mismas posibilidades de haceros escritores famosos que un homeópta de curar a un enfermo o que un obispo de ser admitido en el cielo.

¿Crisis?, ¿qué crisis?

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Tras la mala sangre que dejan esos ... vestidos de negro que viven de mis impuestos pero sirven a un jefe de estado extranjero (el Papa es un jefe de estado extranjero, ¿no sería traición a la patria, o como se llame ese delito, lo que hacen los curas?
Bueno, lo dicho, un poco de humor para enfrentarnos con la crisis.

Del diario "La nueva España" su "Tira y afloja" sobre la intervención de los gobiernos para salvar a los empresarios:


Como titulan en "Ethica more cybernetica"
Empresarios de la Construcción bloquean carreteras como protesta contra el gobierno, porque éste no les concede ayudas para sus empresas.


Al final, ya lo decía Supertramp hace 33 años: CRISIS?, WHAT CRISIS?


Supertramp - "Sister Moonshine" (del disco Crisis?, what crisis?)

Entre todos es más fácil (Computación voluntaria)

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¿Eres de los que tienen siempre conectado el ordenador a internet aunque te hayas ido al cine? ¿Tienes tarifa plana pero tu ordenador está siempre apagado sin que le saques ningún partido? ¿Siempre quisiste ser investigador científico pero las circunstancias no te lo permitieron? ¿Te gustaría colaborar en el estudio de enfermedades, el estudio del clima, el estudio del universo, etc.?
Si tu respuesta a las preguntas es sí, puedes hacerlo. El modo se llama “computación voluntaria”.
¿Qué es? La computación voluntaria es un acuerdo por el cual los voluntarios ponen los recursos de su ordenador a disposición de distintos proyectos que utilizan esos recursos para realizar cálculos y almacenaje.
Los voluntarios son desde gente normal y corriente que decide poner su grano de arena en el montón, hasta instituciones como colegios, institutos o universidades. Los proyectos, aunque no siempre, suelen ser proyectos académicos de investigación científica.
Hoy en día, algunos problemas requieren una potencia de computación tan grande que la mayoría de las entidades no puede permitírsela. Por otro lado, hay más de mil millones de ordenadores en el mundo y, la mayor parte del tiempo, esos ordenadores permanecen apagados. Pues qué mejor que un poco de computación distribuida.
¿Qué tipo de investigación y proyectos existen? Pues desde la determinación estructural de proteínas a partir de su secuencia, al estudio clínico de la malaria, la predicción del clima o el estudio de los datos obtenidos en el famoso LHC del CERN (que fue encendido ayer y aún no ha provocado el fin del mundo). Aquí tenéis una lista completa de los proyectos a los que os podéis apuntar.
Quien sabe, tu granito de arena puede representar mucho.

El álbum más "gay" de la historia

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La revista Out, una revista dirigida al público homosexual (la equivalente a la revista española Zero) ha elaborado, tras entrevistar a actores, músico, escritores, etc. una lista con los cien álbumes más gays de la historia de la música.
En el enlace podéis ver la lista completa. A continuación os pongo los cinco primeros clasificados:

1. David Bowie, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars, 1972
2. The Smiths, The Smiths, 1984
3. Tracy Chapman, Tracy Chapman, 1988
4. Indigo Girls, Indigo Girls, 1989
5. Judy Garland, Judy at Carnegie Hall, 1961

David Bowie - "Ziggy Stardust"

Magnatune

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En unos tiempos en los que escuchar o bajar música por internet es poco menos que un crimen contra la humanidad, todavía existe gente con iniciativa que ha sabido buscar otra forma de hacer negocio.
Magnatune es una casa de discos que te permite escuchar todo su catálogo, cuantas veces quieras, desde la web, antes de decidir si quieres comprarlo. Además, el precio lo fijas tú: pagas un mínimo destinado a cubrir gastos de producción y a partir de ahí, lo que en España se conoce como "la voluntad", dinero que va destinado al artista. Una novedad que han incluido es la posibilidad de insertar gratuitamente un disco en un blog para que los visitantes del mismo puedan escucharlo.
Mi propósito es ir modificando la música que oís en este blog cada cierto tiempo. Espero que por aquí vaya pasando música clásica, ópera, rock, pop, etc.
El reproductor que aparecerá en la columna izquierda os permitirá parar, elegir canción, repetir, vamos, lo mismo que todos los reproductores de música.
Espero que si las entradas que yo pongo no os hacen quedaros en el blog, la música al menos os haga perder en él un poco de vuestro tiempo.