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Sandra Cisneros - "Mi tocaya"

Posted by La mujer Quijote in ,

La versión de este cuento en español tejanomexicano es la de Liliana Valenzuela.

¿Han visto a esta huerca? Deben haberla visto en los periódicos. O si no cuando trabajaba en el Father & Son's Taco Palace No. 2, en Nogalitos. Patricia Bernadette Benavídez, mi tocaya, cinco pies, 115 libras, trece años de edad.
No que fuera mi amiga ni nada de eso. Bueno, sí hablábamos. Pero eso era antes de que se muriera y luego regresara de entre los muertos. Te apuesto que lo leyeron o la miraron en la tele. Salió en los noticieros de todos los canales. Entrevistaron a cualquiera que la conociera. Hasta a la maestra de educación física que tuvo que decir cosas buenas —Estaba llena de vida, una buena chica, muy dulce. Tan dulce, considerando que era una zafada. Bueno ¿y por qué nadie me preguntó a mí?
Patricia Benavídez. Ella era la parte "son" del Father & Sons Taco Palace No. 2, aun antes de que el hijo (el son) quiteara. Así fue como esta Trish heredó el gorrito de papel y el mandil blanco para después de la escuela y todos los fines de semana, aburrida, un poco triste, detrás de los mostradores altos donde los clientes masticaban parados como caballos.
Fíjate nomás, que ni eso me servía pa'que me diera lástima, sabes, aunque su padre sí era un bruto con ella. Pero ¿qué culpa tenía él? Una huerca que usaba aretes de fantasía y tacones con diamantes para ir a la escuela estaba condenada a tener broncas que nadie —ni Dios ni los reformatorios—podían componer.
Creo que la subieron dos grados y así es como llegó al high school sin que tuviera nada que ver con nosotras. Sabes, ese tipo de escuinclas siempre caen pesadas. Por ejemplo esta tocaya —se llama igual que yo, ¿verdá? Pero ¿tú crees que ella misma se nombraría la Pati o Patty o algo normal? No, tiene que ser diferente. Dice que se llama "Tri-ish". También se inventó un acentito inglés muy muy, todo sexy y resbaloso como si fuera una Marilyn Monroe de allá de Inglaterra. Bien payasa. Te digo, ¿quién ha oído de una mexicana con un pinche acento de esos? ¿Me entiendes? Me caía sura la girl.
Pero si la agarrabas a solas y le decías, Pa-tri-cia —siempre me fijaba de decirlo en español— Pa-tri-cia, ya párale con todo este pedo. Si la agarrabas así sin público, bueno, pues entonces era más o menos o.k.
Miren, así es como la aguanté cuando la conocí, justo antes de que se largara. Se escapó de condenarse de por vida en esa taquería. Se cansó de llegar a casa con ese hedor a crispy tacos. Pues con razón se largó. A mí tampoco me gustaría apestar a crispy tacos.
Quién sabe qué tanto tuvo que aguantarse la huerca. Tal vez su papá le echaba de golpes. Le daba sus buenas palizas al hermano, eso sí lo sé. O por lo menos era cosa de los dos y seguido se agarraban a chingazos. Fue uno de esos pleitos a trancazos que finalmente hizo que el muchacho se largara para siempre, aunque lo más seguro es que él también estaba fastidiado de apestar a crispy tacos. Eso es lo que creo yo.
Luego, unas semanas después de que el hermano se largara, esta tocaya mía tiene su foto en todos los periódicos, como las de los niños perdidos en los cartones de leche:
¿HA VISTO A ESTA NIÑA?
Patricia Bernadette Benavídez, 13 años de edad, desapareció desde el martes 11 de noviembre y su familia está muy preocupada por ella. Se cree que la niña, que es una alumna de la Our Lady of Sorrows High School, se escapó de su casa y la última vez que la vieron caminaba a la escuela en el área de Dolorosa y Soledad. Patricia mide 5 pies, pesa 115 libras y vestía una chamarra de mezclilla, falda de uniforme azul a cuadros, blusa blanca y tacones altos [probablemente con diamantes] cuando desapareció. Su madre, Delfina Benavídez, le envía este mensaje: "Honey, llama a mami y te quiero mucho".

Qué gentes.
¿Y a mí qué diablos me importaba que la Benavídez se hubiera largado? No me hubiera agüitado. Si no fuera por Max Lucas Luna Luna, un estudiante que estaba por graduarse de la Holy Cross para varones, la escuela hermana de la nuestra. A veces hacían intercambios con nosotras. Provocaciones es lo que eran. Pinches Pláticas de Sexo es lo que nosotros las llamábamos, pero las hermanas las llamaban diferente —Youth Exchanges— Intercambios Juveniles. Como cuando invitaban a algunos de los muchachos de Holy Cross para que vinieran a Teología y algunas de nosotras de la Sorrows íbamos a su escuela. Y hacíamos como que estábamos bien interesadas en el tema "La Santísima Virgen: Modelo a seguir para la mujer joven de hoy", "El besuqueo: Demasiado lejos, demasiado aprisa, demasiado tarde", "El rocanrol Heavy Metal y el diablo". Mierdas de ésas.
No todos los días. Sólo de vez en cuando como una especie de experimento. La escuela católica tenía miedo de mezclarnos demasiado, por aquello de las hormonas alborotadas. Eso dijo la hermana Virginella. Si no se pueden comportar como señoritas decentes cuando lleguen nuestros invitados, tendremos que suspender indefinidamente los Intercambios Juveniles. Se prohíbe chiflar, manosear o patear de aquí en adelante, ¡¡¡¿está claro?!!!
Miren, lo único que sé es que él tiene estas caderitas del mismo tamaño desde que tenía como doce años yo creo. Cinturita y nalguitas bien exquisitas y dulces como unas barritas de chocolate Hershey. ¡Chinelas! Eso es lo que me acuerdo.
Siempre sale que Max Lucas Luna Luna vive al lado de la mocosa. Te digo, antes ni siquiera me había tomado la molestia de hablar con Patricia Benavídez, aunque estábamos en la misma sección de Introducción al Comercio. Pero un día llega a la cafetería cuando estaba esperando mis papas fritas y me dice:
Hey, tocaya, ¿sabes qué? Conozco a alguien que cree que eres sexy.
Ay tú, le digo, tratando de no hacerle caso. No quiero que nadie me vea hablando con la mosca.
¿Conoces a un chamaco de la Holy Cross que se llama Luna, el que vino al intercambio de Teología? ¿El chulo de cola de caballo?
¿Y qué?
Bueno, pues él y mi hermano Ralphie son camaradas, y él le dijo a Ralphie que no le dijera a nadie pero que cree que Patricia Chávez está bruta.
Mentirosa.
De verdá, por Diosito Santo. Si no me crees, nomás pregúntale a mi hermano Ralphie.
¡N'hombre! Esa chingadera bastó para que me volviera la mejor amiga de Trish Benavídez pa'toda la vida, te lo juro. Después de eso, siempre me fijaba de llegar temprano a la clase de Comercio. Casi siempre tenía algo que decirme y, si no, me fijaba de darle algo para que se lo diera a Max Lucas Luna Luna. Pero todo iba tan despacito despacito porque la pobre niña trabajaba de sol a sol y no tenía tampoco gran vida social que digamos.
Así fue como esta Patricia Bernadette llegó a ser nuestra mensajera de ammmor por un rato, aunque yo y Max Lucas Luna Luna no habíamos pasado de la etapa de me gustas/¿te gusto? En realidad, ni siquiera nos habíamos visto desde la última Pinche Plática de Sexo, pero yo ya mero me iba a aventar.
Sabía que vivían ahí por el barrio de Montevista. Así que andaba en mi bicicleta pa arriba y pa abajo por las calles —Magnolia, Mulberry, Huisache, Mistietoe— preguntándome si iba caliente o fría. Sólo saber que Max Lucas Luna Luna podría aparecerse, bastaba para que la sangre me burbujeara de contenta.
La semana en que empiezo a dar vueltas por el Father & Sons Taco Palace No. 2, es cuando ella decide largarse. Primero escuchamos un anuncio de la Hermana Virginella por los altavoces: Siento tener que anunciarles que una de nuestras alumnas más jóvenes y queridas se ha extraviado de su casa. Mantengámosla en nuestro corazón y en nuestras oraciones hasta que regrese sana y salva. Aquélla fue la primera vez que salió su foto en el periódico con el recado llorón de su 'ama.
A mí qué, verdá, me daba igual que se hubiera escapado. Pero la mera es que me quedó debiendo. Ya me había amolado antes pero 'ora sí que me jodió. Por lo menos antes tenía yo la esperanza de que me hiciera buena la promesa de arreglarme el ligue con Max Lucas Luna Luna. Pero justo cuando yo ya podía volver a pronunciar su nombre sin escupir, se le mete en la cabeza morirse. Unos niños estaban jugando en la cuneta del desagüe y encuentran un cuerpo y sí, es ella. Cuando las cámaras de televisión llegan a nuestra escuela, allá van todas las dramáticas que se creen la gran caca chillando lágrimas de verdad, hasta las que ni la conocían. Pa'qué te cuento.
Bueno, después de todo este borlote me dio lástima la cabrona ya que estaba muerta, ¿verdá? Digo, ya que se me había pasado el berrinche, sabes. Hasta que se levantó de entre los muertos tres días después.
Ya que habían enseñado a su 'ama en la tele llorando con un pañuelo arrugado y a su 'apa diciendo: "Era mi princesita", y después de que las alumnas nos tuvimos que gastar el dinero que juntamos pa'l viaje a Padre Island pa'que se comprara un ramo de gladiolas blancas con un banderín que decía VIRGENCITA, CUÍDALA y que toda la pinche escuela se tuvo que recetar una misa solemne en su honor, mi tocaya se avienta. Aparece en la delegación de policía del centro y dice: Que no estoy difunta.
¿Tú crees? Y eso que sus papas habían identificado el cuerpo en la morgue y todo. "Creo que estábamos demasiado afligidos para examinar el cuerpo como es debido". ¡Ja!
A fin de cuentas nunca llegué a conocer a Max Lucas Luna Luna y qué, ¿verdá? Lo único que estoy diciendo es que ni siquiera podía morirse bien la hocicona. Pero ¿de quién es la carota famosa que está en la primera plana del San Antonio Light, del San Antonio Express News y del Southside Reporter? Ni te cuento, girl.

Sandra Cisneros - "Once"

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Novelista, poeta y cuentista estadounidense. Es considerada una autora clave dentro de lo que se ha denominado como "literatura chicana". Escribe en inglés, pero puede ser calificada como autora de literatura de frontera, esa literatura escrita en lenguas a caballo entre dos idiomas. Escritoras como las puertorriqueñas Mayra Santos Febres y Ana Lydia Vega (español con fuerte influencia del inglés) o Edwidge Danticat (inglés con influencia del criollo haitiano), encajan a la perfección en ese grupo.
Este cuento pertenece al volumen "El arrollo de la Llorona y otros cuentos" ("Woman Hollering Creek") y la traducción al español tejanomexicano es la de Liliana Valenzuela. Hay una edición en castellano, creo que castellano estándar, que se tituló "Érase un hombre, érase una mujer".

Lo que no entienden de los cumpleaños y lo que nunca te dicen, es que cuando tienes once también tienes diez y nueve y ocho y siete y seis y cinco y cuatro y tres y dos y uno. Y cuando te despiertas el día que cumples once años, esperas sentirte de once, pero no te sientes. Abres los ojos y todo está igualito que ayer, sólo que es hoy y no te sientes como si tuvieras once para nada. Todavía te sientes como si tuvieras diez. Y sí los tienes, por debajo del año que te vuelve once.
Como algunos días puede que digas algo estúpido y ésa es la parte de ti que todavía tiene diez. Y otros días puede que necesites sentarte en el regazo de tu mamá porque tienes miedo y ésa es la parte de ti que tiene cinco. Y tal vez un día cuando ya seas grande necesites llorar como si tuvieras tres y está bien. Eso es lo que le digo a mamá cuando está triste y necesita llorar. Tal vez se siente como si tuviera tres.
Porque el modo como uno se hace viejo es un poco como una cebolla o los anillos dentro de un tronco de árbol o como mis muñequitas de madera que embonan una dentro de la otra, cada año dentro del siguiente. Así es como es tener once años.
No te sientes de once años. No luego luego. Tarda varios días, hasta semanas, a veces hasta meses antes de que digas once cuando te preguntan. Y no te sientes como una niña inteligente de once años, no hasta que ya casi tienes doce. Así es.
Sólo que hoy quisiera no tener tan sólo once años repiqueteando dentro de mí como centavitos en una caja de Curitas. Hoy quisiera tener ciento dos años en lugar de once porque si tuviera ciento dos hubiera sabido qué decir cuando la Miss Price puso el suéter rojo sobre mi escritorio. Hubiera sabido cómo decirle que no era mío en lugar de quedarme sentada ahí con esa carota y sin poder decir ni pío.
¿De quién es esto? dice la Miss Price y levanta el suéter para que toda la clase lo vea.
¿De quién? Ha estado metido en el ropero durante un mes.
No es mío, dice todo mundo. No, no, mío no.
Tiene que ser de alguien, la Miss Price sigue diciendo, pero nadie se puede acordar. Es un suéter bien feo con botones de plástico rojos y un cuello y unas mangas tan tan estiradas que lo podrías usar como cuerda de saltar. Tal vez tiene mil años y aunque fuera mío nunca de los nuncas lo diría.
Tal vez porque soy flaquita, tal vez porque no le caigo bien, esa estúpida de Sylvia Saldívar dice, Creo que es de Raquel. Un suéter tan feo como ése, todo raído y viejo, pero la Miss Price se lo cree. Miss Price agarra el suéter y lo pone justo en mi escritorio, pero cuando abro la boca no sale nada.
Ese no es, yo no, usted no está.... No es mío, digo por fin con una vocecita que tal vez era yo cuando tenía cuatro.
Claro que es tuyo, dice la Miss Price. Me acuerdo que lo usaste una vez. Porque ella es más grande y la maestra, tiene la razón y yo no.
No es mío, no es mío, no es mío, pero Miss Price ya está pasando a la página treinta y dos y al problema de matemáticas número cuatro. No sé por qué pero de repente me siento enferma adentro, como si la parte de mí que tiene tres quisiera salirme por los ojos, sólo que los cierro con todas mis ganas y aprieto bien duro los dientes y me trato de acordar que hoy tengo once años, once. Mamá me está haciendo un pastel para hoy en la noche y cuando papá venga a casa todos van a cantar Happy birthday, happy birthday to you.
Pero cuando se me pasan las ganas de vomitar y abro los ojos, el suéter rojo todavía está ahí parado como una montañota roja. Muevo el suéter rojo a la esquina de mi escritorio con la regla. Muevo mi lápiz y libros y goma tan lejos de él como sea posible. Hasta muevo mi silla un poquito pa'la derecha. No es mío, no es mío, no es mío.
Estoy pensando por dentro cuánto falta para el recreo, cuánto falta para que pueda agarrar el suéter rojo y tirarlo por encima de la barda de la escuela o dejarlo ahí colgado sobre un parquímetro o hacerlo bolita y aventarlo al callejón. Excepto que cuando acaba la clase de matemáticas, la Miss Price dice fuerte y enfrente de todos, Vamos, Raquel, ya basta, porque ve que empujé el suéter rojo hasta la orillita de mi escritorio donde cuelga como una cascada, pero no me importa.
Raquel, dice la Miss Price. Lo dice como si se estuviera enojando. Ponte ese suéter inmediatamente y déjate de tonterías.
Pero si no es...
¡Ahora mismo! dice Miss Price.
Es cuando quisiera no tener once, porque todos los años dentro de mí—diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos y uno— están queriéndose salir desde adentro de mis ojos mientras meto un brazo por una manga del suéter que huele a queso añejo y luego el otro brazo por la otra y me paro con los brazos abiertos como si el suéter me hiciera daño y sí me hace, todo sarnoso y lleno de microbios que ni siquiera son míos.
Y de repente todo lo que he estado guardando dentro desde esta mañana, desde cuando la Miss Price puso el suéter en mi escritorio, por fin sale y de pronto estoy llorando enfrente de todo mundo. Quisiera ser invisible pero no lo soy. Tengo once años y hoy es mi cumpleaños y estoy llorando enfrente de todos como si tuviera tres. Pongo la cabeza sobre el escritorio y entierro la cara en mi estúpido suéter de mangas de payaso. Mi cara toda caliente y la baba escurriéndome de la boca porque no puedo parar los ruiditos de animal que salen de mí hasta que ya no me quedan lágrimas en los ojos y mi cuerpo está temblando como cuando tienes hipo y me duele toda la cabeza como cuando bebes leche demasiado aprisa.
Pero lo peor sucede justo antes de que suene la campana para el recreo. Esa estúpida Phyllis López, que es todavía más tonta que Sylvia Saldívar, dice que se acuerda que el suéter rojo ¡es suyo! Me lo quito inmediatamente y se lo doy, pero la Miss Price hace de cuenta que no hubiera pasado nada.
Hoy cumplo once años. Mamá está haciendo un pastel para hoy y cuando papá llegue a casa del trabajo nos lo vamos a comer. Va a haber velitas y regalos y todos van a cantar Happy birthday, happy birthday to you, Raquel; sólo que ya pa'qué.
Hoy cumplo once años. Hoy tengo once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos y uno, pero quisiera tener ciento dos. Quisiera tener cualquier cosa menos once, porque quiero que el día de hoy esté ya muy lejos, tan lejos como un globo que se escapa, como una pequeña "o" en el cielo, tan chiquitita chiquitita que tienes que cerrar los ojos para verla.

Sandra Cisneros

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Mexicanos en Francia

Dice que le gusta México.
Sobre todo la historia.
Eso es lo que entiendo
aunque mi francés
no es tan bueno.

Y quiere hablar
del racismo de Estados Unidos.
No se encuentran todos los días
mexicanos en el sur de Francia.

Recuerda
un Marlon Brando mexicano
en la televisión francesa.

Que en las películas del oeste
los mexicanos son siempre
los malos. Y pregunta

¿Es verdad
que todos los mexicanos
llevan navaja?

Me río.
Tienes suerte.
Hoy
no llevo mi navaja.

También se ríe.
Yo pensaba
que la navaja que llevaban
era
abstracta.

Libros para estas vacaciones

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Por fin, horas y horas sin otra obligación que vigilar que el sol no me queme y leer, leer y leer.
Siempre he odiado términos como "lectura de verano" con la que se pretende que cualquier basura escrita por un juntaletras de tres al cuarto y que "se lee bien" (otra expresión que me produce un desagradable pitido en los oídos) es la más adecuada para estas fechas (cosa que es cierta si has sido lobotomizada y al cirujano se le ha ido la mano). Mis hábitos lectores no cambian entre verano e invierno, simplemente tengo más tiempo. Aún no he elegido qué libros me acompañarán, es una tarea complicada, pero puesto que una amiga me ha pedido una recomendación, voy a dejar ésta aquí, por si a alguien más pudiera interesarle. Yo creo que recomendar a Cervantes, Tolstoi o Faulkner es una tontería, no lo necesitan. Tampoco voy a recomendar a poetas chinos por muy de moda que estén (además, no tengo ni idea de eso). Mis recomendaciones se centran en autoras que escriben esa vulgaridad llamada novela y que, además, ni tienen pretensiones místicometafísicas ni en sus páginas aparecen conspiraciones cátaroiluminati. Tampoco son autoras de culto, sólo aptas para iniciados: algunas han sido superventas, alguna es lectura obligatoria en los institutos estadounidenses. Eso sí, en su mayoría, son autoras que pertenecen a un mundo mestizo en el que varias culturas luchan para salir a la luz:

Elena Poniatowska
: escritora mexicana nacida en Francia de padre polaco y madre mexicanofrancesa. Me encantó su "Querido Diego, te abraza Quiela y otros relatos".
Sandra Cisneros: escritora norteamericana de origen mexicano. "Caramelo" y "La casa en Mango Street". Esta última da nombre a este blog así que no diré más.
Monica Alí: escritora inglesa de origen bangladeshí (o como se diga). "Siete mares, trece ríos" es una visión del choque entre la cultura británica y la musulmana en los suburbios de Londres.
Zadie Smith: escritora inglesa de ascendencia jamaicana. "Dientes Blancos" o la forma de ver la vida de ingleses, jamaicanos, bengalíes, ...
Jamaica Kincaid: escritora norteamericana de origen caribeño (Antigua y Barbuda) pero educación británica. "Autobiografía de mi madre", "Mi hermano" o la que para mi es la mejor de sus obras, "Annie John".
Marie-Célie Agnant: autora francocanadiense de origen haitiano. Creo que "El libro de Emma" es lo único que hay en castellano.
Paulina Chiziane: autora mozambiqueña que escribe en portugués. "Balada de amor al viento", primera novela mozambiqueña escrita por una mujer y que ataca al machismo imperante en su sociedad.
Patricia Grace: escritora neozelandesa. "Potiki" o la lucha entre occidente y la cultura maorí.

Espero que alguien encuentre en esa lista algo que le interese, le llame la atención y, sobre todo, le guste.

A modo de presentación

Posted by Arabella in , ,

Inicio hoy una aventura con esta bitácora. Al final la vanidad ha podido más que la prudencia. ¿Cuanto durará esto? No lo sé. Este sitio no pretende ser nada especial, simplemente un lugar (no de La Mancha) en el que desahogar mis neuras. Si a alguien le gusta lo que encuentre aquí, muy bien. Si no es así, no me importa, esto lo hago para mi.
El nombre de la bitácora está sacado del título de una fantástica novela de la escritora chicana Sandra Cisneros, "La casa en Mango Street".
Queda recomendada a quien quiera disfrutar de una obra fresca, alegre, dura, triste, como la realidad que nos rodea (la traductora de esta edición, Elena Poniatowska, es una de las más grandes autoras mejicanas, también recomendable su obra).
Mi nombre también es literario "La mujer Quijote" una obra de Charlotte Lenox (considerada la primera novelista estadounidense).
Arabella, la heroína, es un personaje con eso que se suele llamar "la cabeza a pájaros". Tal vez me parezca a ella y por eso sus aventuras me divirtieron tanto.
La presentación queda hecha. Quien por casualidad, o desgracia, caiga en este blog podrá conocerme por las entradas que en él vayan apareciendo.
Un saludo y sed bienvenidos (lo siento por la ministra pero usaré el genérico masculino que posee la lengua castellana)