Nellie Campobello - "El ahorcado"

Posted by La mujer Quijote in ,

Cuentista, poeta y bailarina mexicana. Está considerada la cronista de la Revolución mexicana en el periodo 1916-1920. Se dice que su obra como escritora fue marginada por villista y por mujer. Como bailarina y coreógrafa también publicó estudios sobre el folclore mexicano. Estudiosos como Sergio López Mena han revindicado su obra. En palabras de Mena: "Cien años de soledad no hubiera sido posible sin Pedro Páramo y Pedro Páramo no hubiera sido posible sin Cartucho de Nellie Campobello".
Este cuento/crónica pertenece a Cartucho, publicado en 1931, una colección de relatos sobre la Revolución en el norte de México.

El hombre que tenía la mano salida de la ventanilla, amoratada y con las uñas negras -parecía estrangulada-, hablaba tan fuerte que el cigarro de macuchi detrás de la oreja se le movía mucho, parecía que iba a caérsele hasta el suelo; yo tenía ganas de que se le cayera. "Máquinas, la tierra, arados, nada más que maquinarias y más maquinarias", decía abierto de brazos, meciendo sus ideas en el ir del tren. "El Gobierno no sabe, el Gobierno no ve." Nadie le había contestado. Al llegar el hombre de las sodas, todos pidieron una botella, le ofrecieron. "No, yo nunca bebo agua, en toda mi vida, café, sólo café, el agua me sabe mal -dijo sonando la boca-, cuando lleguemos a Camargo tomaré café."
Habló en diez tonos distintos, para pedirle a un fantasma la misma cosa: maquinarias.
Santa Rosalía de Camargo Sandías, todos comían sandías; mi nariz pecosa la hundí en una rebanada que me dio Mamá; cuando de pronto, vimos un montón de hombres a caballo junto a un poste de telégrafo, tratando de encaramar una reata; cuando ya la pasaron, le dieron la punta a uno de ellos, picó ijares, el caballo pegó el arranque, en la otra punta estaba el que colgaban. El del caballo estaba a cierta distancia, con la reata tirante, y miraba al poste haciendo un gesto como de uno que lee un anuncio de lejos; fue acercándose poco a poco, hasta dejar al colgado a una altura razonable. Le cortaron el pedazo de reata. Se fueron llevándose la polvareda en las pezuñas de sus caballos. Mamá no dijo nada, pero ya no comió la sandía. El asiento de adelante quedó vacío; el hombre de la mano en la ventanilla estaba ahorcado enfrente del tren, a diez metros de distancia, ya se le había caído el cigarro de macuchi, el colgado parecía buscarlo con la lengua. El tren fue arrancando muy despacito. Dejó balanceándose en un poste al hombre que tomó café toda su vida.

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