J.G. Ballard - "Días maravillosos"

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El pasado 19 de abril falleció J.G.Ballard, uno de los más importantes autores de ciencia ficción especializado, con una enorme producción basada en distopías. Este cuento pertenece a la recopilación "Mitos del futuro próximo".

3 DE JULIO, 1985, HOTEL IMPERIAL, PLAYA INGLATERRA, LAS PALMAS
Llegamos hace una hora, después de un vuelo asombroso. Por alguna razón misteriosa el ordenador de Gatwick nos otorgó asientos de primera clase, a nosotros y a una asustada dentista de Bristol, a su marido y a sus tres niños. Richard, siempre temeroso de volar, se aprovechó ampliamente del champagne gratuito, y antes que las ruedas dejasen la pista ya estaba a diez kilómetros de altura. He señalado con una cruz nuestro balcón en el piso veintisiete. Este es un sitio extraordinario, a unos treinta kilómetros al sur de Las Palmas y sobre la costa, un complejo turístico flamante con todos los entretenimientos imaginables, que se pueden concertar con sólo apretar el botón que está al lado de la cama. ¡Ahora mismo voy a pedir una hora de esquí acuático, seguida de masajes suecos y peluquero!
Diana.

10 DE JULIO, HOTEL IMPERIAL
¡Una semana increíble! Nunca había vivido tanta excitación en tan pocos días: tenis, buceo, esquí acuático, fiestas y fiestas. Todas las noches salimos en grupo a las boites y a los cabarets de la playa, y terminamos en uno de los cinco clubes nocturnos del hotel. Casi no he visto a Richard. El apuesto caballero de la foto es lo que llaman el "animador de la playa", un hombre extremadamente inteligente que ha sido experto en relaciones públicas y abandonó todo eso hace dos años y desde entonces está aquí. Esta tarde me enseñará a practicar aladeltismo. ¡Deséame un feliz aterrizaje!
Diana

17 DE JULIO 17, HOTEL IMPERIAL
Los tiempos de arena se acaban. Sentada aquí en el balcón, mirando cómo Richard esquía con paracaídas en la bahía, me cuesta pensar que mañana estaremos en Exeter. Richard jura que de lo primero que se ocupará será de hacer la reserva para las próximas vacaciones. Verdaderamente, esto ha sido un acierto asombroso: quién sabe cómo se las arreglan con lo que cobran; se habla de una subvención del gobierno español. En cierto modo todo se debe a la organización, tan discreta y sofisticada: nada de Butlins, aunque está en manos de ingleses y todos nosotros, curiosamente, venimos del sureste de Londres. ¿Te das cuenta de que Richard y yo hemos estado tan ocupados que en ningún momento nos hemos molestado en visitar Las Palmas? (Noticia de último momento: ¡Mark Hastings, el animador de la playa, acaba de mandar orquídeas a la habitación!) Mañana te hablaré de él, y te contaré todo.
Diana

18 DE JULIO, HOTEL IMPERIAL
¡Sorpresa! Otra vez ese ordenador. Aparentemente ha habido un lío en la terminal de Gatwick, y nuestro avión, con suerte, no estará aquí antes de mañana. Richard anda bastante preocupado por no haber podido llegar hoy a la oficina. Se nos han acabado los últimos cheques de viajero pero por fortuna la gente del hotel se ha portado maravillosamente, gracias en gran medida a los buenos oficios de Mark. No sólo no nos cobrarán recargo sino que el conserje nos ha dicho que nos podrán adelantar encantados todo el dinero que necesitemos. Qué te parece… Igual es una pequeña desilusión. Esta tarde, por primera vez, caminamos juntos por la playa. No me había dado cuenta del tamaño de este complejo turístico: se extiende kilómetros y kilómetros por la costa, y la mitad está todavía en construcción. Por todas partes llegaba del aeropuerto, en autobuses, gente de Sheffield y Manchester y Birmingham; a la media hora nadaban y esquiaban, descansando en el borde de cientos de piscinas con sus Camparis comprados en el avión. Verlos desde afuera, como quien dice, es bastante extraño.
Diana

25 DE JULIO, HOTEL IMPERIAL
Todavía seguimos aquí. El cielo está repleto de aviones que vienen de Gatwick y de Heathrow, pero aparentemente ninguno es el nuestro. Hemos esperado todas las mañanas en la recepción con las maletas preparadas, pero el autobús del aeropuerto no llega nunca. Después de aproximadamente una hora el conserje nos anuncia que el vuelo ha sido postergado y nos resignamos a otro día de piscina, tragos y esquí acuático a cargo del hotel. Los primeros días fue bastante divertido, aunque Richard andaba enojado y deprimido. La compañía para la que trabaja es una de las principales abastecedoras de la Leyland, y si cae el hacha los gerentes intermedios son los primeros en sentirla. Pero el hotel nos ha dado un crédito ilimitado, y Mark dice que mientras no nos excedamos lo más probable es que nunca se molesten en cobrarnos lo prestado.
Buenas noticias: la empresa acaba de telegrafiarle a Richard para decirle que no se preocupe. Aparentemente han quedado hordas de personas atrapadas de la misma manera. Un alivio inmenso: he querido llamarte por teléfono, pero hace días que todas las líneas telefónicas están bloqueadas.
Diana

15 DE AGOSTO, HOTEL IMPERIAL
¡Tres semanas más! Risas histéricas en el paraíso… de eso están llenos los diarios ingleses que llegan aquí en avión, sin duda te habrás enterado de que se realizará una investigación oficial. Aparentemente, en vez de llevarse de vuelta a la gente desde las Canarias, las líneas aéreas han estado mandando los aviones al Caribe para recoger el tráfico norteamericano que vuelve de las vacaciones. Los pobres británicos nos vemos entonces detenidos indefinidamente en este lugar. Hay literalmente cientos de compatriotas en el mismo bote. Lo más asombroso de todo es que una se acostumbra. La gente del hotel es un verdadero encanto, nos ha solucionado todos los problemas, ingeniándose para organizar entretenimientos de todo tipo. Hay un cabaret muy correcto, y un equipo arqueológico submarino va a rescatar una carabela española del fondo del mar. Para pasar el tiempo me he metido en un grupo de teatro amateur que piensa representar "La importancia de llamarse Ernesto". Richard toma todo con una tranquilidad sorprendente. Quise despachar esto desde Las Palmas, pero no viaja hacia allí ningún autobús, y cuando Richard y yo salimos a pie nos perdimos en un laberinto de construcciones nuevas.
Diana

5 DE SEPTIEMBRE, HOTEL IMPERIAL
Todavía sin novedades. El tiempo transcurre como un sueño. La gente, perpleja, se apiña todas las mañanas en la recepción del hotel, tratando de conseguir noticias sobre el vuelo de regreso. En general todo el mundo está tomando esto con una calma sorprendente, mostrando ese auténtico espíritu británico. La mayoría, como Richard, es personal de dirección de industrias, pero las firmas, gracias al cielo, se han portado maravillosamente, y nos han cablegrafiado a todos para que regresemos cuando podamos. Richard comenta cínicamente que con los presentes niveles de estancamiento industrial, y con el gobierno haciéndose cargo de las consecuencias, tal vez se alegren de tenernos aquí.
Francamente, yo estoy demasiado ocupada con cien y una actividades para preocuparme: hay una especie de minirenacimiento de las artes. Saunas mixtas, clases de cordon bleu, grupos de encuentro, el teatro, naturalmente, y biología marina. Entre paréntesis, nunca conseguimos llegar a Las Palmas. Richard alquiló ayer un bote de pedal y salió costa arriba. Aparentemente están dividiendo toda la isla en una serie de inmensos complejos turísticos autónomos: reservas humanas, los llamó Richard. Él calcula que ya hay aquí un millón de personas, en su mayoría trabajadores ingleses del norte y del centro. Algunos aparentemente están aquí desde hace un año, viviendo bastante contentos, aunque sin disfrutar ni siquiera remotamente de nuestras comodidades. Ensayo general esta noche. Imagíname en el papel de Lady Bracknell: resulta humillante que no exista otra persona suficientemente madura para representar el papel, todos andan por los veinte y los treinta, pero Tony Johnson, el director, un exespecialista en estadísticas de la ICI, me trata con extraordinaria dulzura.
Diana.

6 DE OCTUBRE, HOTEL IMPERIAL
Sólo una breve tarjeta. Se produjo una crisis esta mañana cuando Richard, que había andado de muy mal humor en los últimos tiempos, chocó finalmente con la gerencia del hotel.
Cuando llegué a la recepción después de la clase de conversación en francés, encontré allí una enorme cantidad de gente que se había reunido para oír cómo le gritaba al personal del hotel. Estaba muy excitado, pero era de una lógica inflexible dentro de su locura, exigiendo un taxi (aquí no hay ninguno, nadie va a ninguna parte) que lo llevase a Las Palmas. Al ver que eso era imposible, insistió en que le dejasen llamar al gobernador de las islas, o al cónsul suizo. Mark y Tony Johnson legaron entonces con un médico. Se produjo un momento de forcejeo desagradable, y finalmente lo llevaron a nuestra habitación. Pensé que había quedado completamente extenuado, pero media hora más tarde, cuando salí de la ducha, había desaparecido. Ojalá se esté refrescando en algún sito. La administración del hotel se ha portado maravillosamente, pero me sorprendió que nadie tratase de intervenir. Todos observaron la escena con ojos vidriosos, y volvieron a la piscina. A veces pienso que no tienen prisa por irse a casa.
Diana.

12 DE NOVIEMBRE, HOTEL IMPERIAL
Hoy ha ocurrido un hecho extraordinario: he visto a Richard por primera vez desde que se fue. Yo iba por la playa, practicando mis ejercicios matutinos y allí estaba él, sentado debajo de una sombrilla. Se le veía muy bronceado y saludable, pero mucho más delgado. Con voz tranquila me contó una historia absurda sobre la construcción en todo el territorio de las Canarias, por los gobiernos de Europa occidental en combinación con las autoridades españolas, de una especie de campo permanente de vacaciones para sus desocupados, no solamente los obreros de las fábricas sino la mayoría del personal de dirección. Según Richard están construyendo una playa para los franceses del otro lado de la isla, y otra para los alemanes. Y las Canarias son sólo uno de los muchos lugares alrededor del Mediterráneo y del Caribe. Una vez instalados allí, a los turistas no se les permitirá regresar, por miedo a que inicien revoluciones. Traté de discutir con él, pero se levantó con naturalidad y dijo que iba a formar un grupo de resistencia, y luego se alejó caminando por la playa. El problema es que no ha encontrado nada en que ocupar la mente: ojalá hubiera entrado en nuestro grupo de teatro. Ahora ensayamos "La fiesta de cumpleaños" de Pinter.
Diana

10 DE ENERO, 1986, HOTEL IMPERIAL
Un día triste. Tuve la intención de mandarte un telegrama, pero he estado demasiado ocupada. Richard fue enterrado esta mañana, en el nuevo cementerio internacional que hay en las colinas sobre la bahía. Señalé el sitio con una X. Lo vi por última vez hace dos meses, pero supongo que se habrá estado moviendo por la isla, viviendo en los hoteles en construcción y tratando sin éxito de organizar su grupo de resistencia.
Hace unos pocos días aparentemente robó una lancha de motor que no estaba en condiciones de navegar y salió hacia las costas de África. Su cuerpo fue depositado ayer por las aguas en una de las playas francesas. Desgraciadamente habíamos dejado de vernos del todo, aunque siento que la experiencia me ha dado un grado de perspicacia y madurez que aprovecho muy bien cada vez que interpreto a Clitemnestra en "Electra", la nueva producción de Tony. Él y Mark Hastings han sido un gran apoyo para mi.
Diana

3 DE JULIO, 1986, HOTEL IMPERIAL
¿De veras hace un año que estoy aquí? Hasta tal punto he perdido el contacto con Inglaterra que me cuesta recordar cuándo te mandé la última postal. Ha sido un año del más maravilloso teatro, de papeles que en otras épocas jamás habría soñado representar, y de públicos tan leales que no sé si soporto la idea de abandonarlos. Los hoteles están colmados ahora, y todas las noches hacemos funciones de teatro lleno. Hay tanto que hacer aquí, y todo el mundo está tan satisfecho que rara vez encuentro tiempo para pensar en Richard. Mucho me gustaría que estuvieses aquí, con Charles y los chicos… aunque probablemente estén, en uno de los miles de hoteles de la playa. Los correos son tan poco confiables, a veces pienso que ninguna de las postales que te he escrito te ha sido entregada, sino que están todas mezcladas con otro millón de postales en los sótanos de la sucia oficina de correos detrás del hotel. Cariños a todos.
Diana.

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