Pablo Palacio - "Novela guillotinada"

Posted by La mujer Quijote in ,

Surrealismo, antinovela, nouveau roman, son muchas las etiquetas que se le han puesto a la obra de Pablo Palacio.
Este cuento tiene una historia extraña. Está incluido en la edición de Obras Completas de Palacio de 2006, pero no lo está en ninguna de las ediciones que se hicieron con anterioridad. Además el relato cuenta con varias versiones. Ésta, que figura en las Obras Completas de 2006, fue publicada inicialmente en Revista de Avance (La Habana, 1927); en la revista Savia (Guayaquil, 1927) y como texto "inédito" en el periódico El Espectador (Guayaquil, 1930). Sin embargo existe otra versión que fue encontrada en forma de recorte de prensa (se cree que de un periódico ecuatoriano no identificado) dentro de un volumen de una novela de Palacio que el editor Fernando Albán estaba consultando, y fue publicada en el número 4 de la revista Anaconda con el título de "Guillotina".



Ir tras el
tará tu es-
tu, con-
labras, pa-
reacciones
hombre que proyec-
pectro en mi espíri-
mutador de las pa-
ra arrancarle sus
interiores

Ya está el hombre, ya está acechado.
Simple, que toma café con tostadas.
Sigue la fuga del tranvía:
“¡Pare! ¡Pare!”
Escribe números, tiene mujer e hijos, se entera de que en invierno sube el precio del carbón y en las sequías el de las patatas.
Engaña a la de él con la de otro, o sencillamente con la de todos. ¿Qué tiene en la médula al engañarla con la de todos? Es tan hombre que no entiende del exquisito sabor de la mujer conocida, y el camino andado tantas veces le tira del saco hacia afuera.
Con éste haré mi novela, novela larga hasta exprimirme los sesos; estirando, estirando el hilo de la facundia para tener un buen volumen. Se venderá a 7 pesetas. Se pasmarán ante el psicólogo erudito, conocedor profundo del corazón humano.
Pondré:
“Tocado con elegante sombrero de felpa”.
y
“Hundido en la lectura matinal de su periódico, nuestro héroe dobló hacia la larga Avenida que, bordada de copudos árboles, desemboca en la parte alta de la plaza Mayor”.
Burilaré un manual de literatura cuerda, haciendo buen uso de mis aptitudes de narrativas;
“Un cabriolé tirado por dos elegantes caballos”.
“La señora de Mendizábal estaba en la edad en que la mujer vuelve a Dios”.
“Hacía sonar caprichosamente sobre el pavimento los tacones de sus zapatitos Luis XV”.
“El jardinero, hombre receloso, pegó el ojo a la cerradura”.
“Tenía un perro y una perra”.
“Se sirvieron apetitosas truchas”.
“No faltó el caviar ruso”.
“Vino el espumoso champagne”.
“Cerró los ojos...”
Se venderá a 7 pesetas.
Hombre devorado por el día sincrónico, amamantado por el gregarismo, te sacaré de los pelos una novela larga, sobre la que cenarán los editores.
Calvo y viejo, sabe el precio de la percalina, y evita a todo trance que se zurren los niños en la sala de “las visitas”.
“Ay, Dios mío, ya no hay vida con las cocineras. Se han puesto en un estado que no se sabe quiénes son los amos”.
“¡Con este tiempo que llevamos, lo que tendremos que comer el otro año!”
“La semana del lunes, si Dios nos da vida me voy donde el Ministro para ver qué ha sido de lo del empleo”.
Ya está encontrado el hombre y lo acecho como un fantasma, para robarle sus reacciones interiores.
Pero, para, que un tendero limpia su escopeta tras la puerta de la esquina.
Mi hombre pasa y
¡tan!,
un tiro le raja la cabeza.
He aquí la novela guillotinada. Un curioso profundizará su ojo con el microscopio para buscar en los muñones que deja el cortafrío –las cristalizaciones romboidales.
Oiga, joven, no se haga soldado.........................................................

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